Ferias de arte. ¿Inconsciencia ambiental?
Sara Baz

La deriva de los tiempos

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Pensar en la sustentabilidad, nos obliga a los profesionales del arte a pensar en la utilidad y ética de lo que estamos haciendo.

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Recientemente se celebró en la ciudad de México la edición de Zona Maco. Esta feria ha gozado de prestigio desde sus primeras emisiones, sin embargo, pone al tanto una realidad que debemos reflexionar críticamente, sobre todo, de cara a la situación del cambio climático y la Agenda 2030 de los objetivos del desarrollo sostenible de la ONU. Zona Maco, como muchas otras ferias de arte, nos enfrentan a la consideración de uno de los problemas, si no es que el mayor en estos tiempos que la humanidad debe combatir o, de lo contrario, se extinguirá: se trata de la huella de carbono o impacto ecológico que este tipo de acontecimientos, a nivel mundial, producen. Sí, una vez más, se trata del cambio climático. Como se afirma en varios artículos online, la cercanía de la “temporada de ferias de arte” pone a temblar a todo un sector, solamente al pensar si este tipo de salidas comerciales no nos irá a costar más de la cuenta a causa de todo lo que se produce, se moviliza y se recicla.

Un momento: ¿Qué no el reciclaje es una solución? Sí, pero hay que ver a qué costo. El 11 de octubre de 2022, Louisa Buck hablaba, en su artículo para The Art Newspaper, de las estrategias de sostenibilidad que ha desarrollado el sector de galerías a nivel internacional para reducir el impacto ecológico de la realización de ferias. Tanto Frieze como Arte Bassel, dos de las ferias más importantes en el mundo, son miembros de la Gallery Climate Coalition (GCC), organización que se ha propuesto reducir hasta en un 50% su huella de carbono para 2030. La gran pregunta es si eso es suficiente, como apunta Buck y mi gran pregunta es si ferias realizadas en México como Zona Maco se plantean ese objetivo también.

No voy a entrar en detalles respecto de los números, pero simplemente saber el costo de la venta de un stand en esta feria implicaría que sus organizadores tuvieran en cuenta el despojo y el manejo de los desechos que implica su realización. Esto implicaría que los organizadores tanto de esta feria como de otras a nivel mundial tienen una ligera conciencia, de lo que repercute en términos de huella de carbono un evento que sirve a propósitos meramente mercantilistas.

Hace ya varios años que los museos nacionales en México intentaron perseguir un objetivo: ser museos cero (cero residuos). Esto quiere decir cero emisiones o para hacer más claros reducir al mínimo la huella de carbono que implica la operatividad cotidiana de un museo, máxime cuando se realizan exposiciones temporales. Para quienes no están familiarizados, una exposición temporal, promedio, en un museo nacional, dura tres meses. Esto quiere decir que hay que contemplar el costo que implica no solamente la gestión de la obra, el pago a comisarios, nacionales e internacionales, el pago del impuesto por el préstamo de obra, el pago de seguros, el traslado y otras muchas cosas; sino que el montaje mismo implica una serie de gastos en materiales tales como tabla roca, MDF y/o triplay, pintura, producción de mobiliario en madera aluminio y acrílico, iluminación, y podría continuar…

No es que escatime el gasto que se necesita para producir una exposición conforme a estándares; sólo quiero llamar la atención respecto de los protocolos internacionales pero, sobre todo, respecto de la gravísima situación que enfrentamos como planeta y como humanidad de cara al cambio climático.

Cuando trabajé en museos nacionales y recibía con frecuencia a estudiantes de licenciatura que hacían sus investigaciones de tesis sobre el manejo de los desechos en los museos, me tuve que familiarizar con la forma en que disponíamos tanto de los desechos de oficina, como de los escombros producidos tanto por el desmontaje de una exposición temporal o permanente.

Cuál habrá sido mi sorpresa cuando me di cuenta de que eso no atañía ni a la subdirección técnica ni a la administrativa. La escasa conciencia respecto a la disposición de los desechos implica involucrarse en la historia y la gestión particular de cada recinto, así como de las dinámicas a las que responde cada comunidad.

Vuelvo al asunto de las ferias de arte. Se trata de hectáreas que se seccionan convenientemente para venderse, por sólo algunos días, aprecios millonarios. Es decir, que cada stand se tasa en millones para crear una atmósfera adecuada para la venta, sin importar la cantidad de desechos que se produzcan. Vamos más allá. Las obras que se venden en estas ferias, no están hechas con base en productos sustentables y no contaminantes. Y es que, para los galeristas, los promotores, o los organizadores de la feria no es prioritario tratar el asunto de la sustentabilidad. Refiero aquí a un artículo con gráficas y calculadora de huella de carbono que manifiesta que, en 2019, la sustentabilidad ocupaba el 2% de las preocupaciones de los art dealers. Entonces, ¿a quién beneficia este sistema? ¿Quién, desde el punto de vista de la crítica, ha elaborado un planteamiento a partir de la sustentabilidad del arte?

La carencia de recursos en México nos ha hecho ser creativos y resolver con lo mínimo. Quizá eso, nos convierta involuntariamente, en personas y equipos conscientes de lo que tenemos, más por cuidado presupuestal, que por conciencia ecológica. Sin embargo, pensar en la sustentabilidad, nos obliga a los profesionales del arte a pensar en la utilidad y ética de lo que estamos haciendo. Los millones de dólares que mueve Zona Maco no son equiparables al exceso de residuos y huella de carbono que produce. Ahora bien, este tipo de ferias, tampoco redonda en el bienestar de las comunidades. Las ferias de arte deberían plantearse, no como temática, sino como principio ético, elegir artistas que produzcan obras con materiales sustentables y ser sustentables ellas mismas. Uno de los más grandes problemas que enfrentamos tiene que ver con la falta de conciencia sobre el otro (y no me refiero sólo a los seres humanos), así como, con la falta de previsión de lo que implica una producción de esta naturaleza. Entiendo que los galeristas quieran ferias. Pero, ¿a qué costo?

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