Del Ogro negro al gigante verde, la paradoja noruega
Octaviano Couttolenc

Cambio y fuera

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¿Cómo es posible que un país como Noruega, que es altamente dependiente en todo sentido de su industria petrolera, pretenda pasar de ogro negro a gigante verde?

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Lectura: ( Palabras)

Noruega comenzó a explorar petróleo y gas a finales de los años 60 y se convirtió en unos pocos años en un gran referente a nivel mundial, siendo hoy en día el 15avo mayor productor de petróleo y el 8avo en gas a nivel global. Este pequeño país que tan solo cuenta con 5 millones de habitantes tiene una industria petrolera con ventas anuales en 2020 de 37 billones de USD y que representó el 15% de su producto interno bruto y el 40% de sus exportaciones. La empresa Equinor de propiedad estatal es la encargada de explotar estos recursos.

Es posible decir que el gran auge económico noruego ha estado íntimamente ligado al desarrollo de su sector energético, y las inversiones anuales en el mismo siguen siendo muy cuantiosas, inclusive el gobierno continúa otorgando licencias para la exploración de petróleo y gas en el ártico.

Noruega decidió en 1990 crear un Fondo Soberano (“Norges Bank Investment Management”) donde ha venido acumulando los recursos que le ha proporcionado su actividad petrolera, y le ha servido para reinvertirlo en inversión social y beneficio económico para sus habitantes. El fondo soberano noruego es el mayor del mundo en su tipo, con activos por 1.1 trillones de dólares en enero 2021 (equivalente al PIB de México). Noruega está en la lista de las naciones más ricas del mundo medida como PIB/habitante que alcanza los 75,000 USD, lo que la coloca en el lugar #11. Los noruegos tienen un altísimo nivel de vida, y acceso a servicios de calidad en educación y salud, entre otros.

Simultáneamente con esta alta dependencia del sector de energías fósiles, Noruega es hoy en día unos de los países que ha reafirmado su compromiso con la transición energética hacia una economía de menor uso de carbono, y es firmante de los acuerdos climáticos de París y COP 26, y ha comprometido una reducción del 40% de sus emisiones de gases de efecto invernadero “GEI” al 2030. Aunque la política del petróleo ha dominado la política climática de Noruega en el pasado, hoy esto ha comenzado a cambiar a pasos agigantados, y Noruega quiere establecerse en el futuro como un gigante verde.

noruega ogro negro a gigante verde

No es exagerado decir que Noruega es una de las naciones europeas que presenta mayores avances en la descarbonización, cuando se le compara contra otras, debido a:

  1. 60% de su generación eléctrica proviene de fuentes renovables (hidro y eólica offshore),
  2. cerca del 50% de su parque vehicular es eléctrico y 9 de cada 10 coches que hoy se venden son eléctricos o híbridos,
  3. Desde 1991 tiene un “impuesto al carbón”, que hoy alcanza al 80% de las emisiones de industrias contaminantes,
  4. Su fondo soberano tiene políticas de inversión que fomentan inversiones en empresas de energías renovables (solar y eólico) y buscando lograr neutralidad de carbono, entre muchas otras.

Y aquí es donde viene la gran paradoja, ¿Cómo es posible que un país como Noruega, que es altamente dependiente en todo sentido (económico, fiscal y laboral) de su industria petrolera, pretenda pasar de ogro negro a gigante verde?

Este debate se ha venido dando en Noruega ya por muchos años, y sin duda fue uno de los temas centrales en las recientes elecciones parlamentarias de septiembre del 2021, y que divide al país, entre aquellos que quieren mantener la dependencia en los combustibles fósiles y aquellos que están por la descarbonización y volverse verdes. El resultado de las elecciones le dio mayoría al partido laboralista quienes junto con otros partidos impulsarán una agenda sustentable, a diferencia de los conservadores, quienes gobernaron durante los últimos 8 años.

El partido en el poder reafirma su convicción sobre un plan Climático 2021. Noruega se enfrenta a la gran oportunidad de aprovechar sus capacidades industriales en ciertas industrias claves tales como (energías renovables “offshore”, transporte marítimo, ingeniería y procesos industriales) para que, junto con su fortaleza financiera, sustentada en su Fondo Soberano, redirija sus inversiones públicas y privadas del sector energético al sector sustentable o verde, y esto ya está sucediendo.

Noruega tiene gran liderazgo en energías renovables “offshore”, que junto con los grandes esfuerzos que están haciendo por invertir en tecnologías y sitios para captura de carbón “CCS” en el mar del norte, ofrecen elementos que les permitirán ser muy exitosos en fomentar negocios a base de hidrógeno verde. El hidrógeno verde es muy posiblemente el combustible del futuro que permita la transición de la flota noruega (7% de los barcos a nivel global). Hoy Noruega tiene ya en operación algunos ferries eléctricos y está invirtiendo junto con siemens y Rolls Royce en aviones eléctricos o híbridos de corto alcance.

Noruega está invirtiendo en tecnología de captura y almacenamiento de carbono proveniente de plantas de cemento y tiraderos de basura para capturar y almacenar carbón en el mar del norte; prevén construir sitios con capacidad para atender necesidades de otros países europeos.  Inversiones en plantas de baterías y de reciclaje de baterías eléctricas automotrices, son una realidad, en línea con la alta penetración de autos eléctricos, entre muchas otras inversiones.

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El gobierno está llevando a cabo esfuerzos importantes para fomentar esta transición a través de la modificación de procesos para descarbonizar la procura de bienes del estado, al mismo tiempo que reconduciendo sus inversiones; el impuesto al carbono, para inhibir la contaminación, se estima se eleve en forma progresiva para pasar de 57 euros/ton actualmente a 193 euros/ton en el futuro, y estos recursos apoyarán la transición.

Sin duda el camino escogido por Noruega parece hacer sentido, ya que no está apostando por un desmantelamiento inmediato de su industria petrolera, sino algo más progresivo, que le permita redirigir sus esfuerzos (inversión, tecnología e ingenieros) del sector energético hacia nuevas tecnologías más sustentables. Son conscientes que estos cambios no se hacen de un día a otro y traerán ciertos efectos negativos de corto plazo en la economía, al mismo tiempo que causarán desplazamiento del sector energético y su fuerza laboral, pero esta sociedad está apostando fuerte por este cambio y tienen muchos elementos que favorecen su implementación, incluyendo su alta educación, buenos niveles económicos, confianza en sus instituciones y alto sentido de pertenencia.

Noruega establece un camino para muchas otras naciones que han sido dependientes de la riqueza petrolera por décadas, y que deben iniciar el proceso de transición energética. Sin duda esta es una gran lección para todas aquellas naciones, incluido México que deben hacer consciencia que este cambio es irreversible y es imperante apostar decididamente por energías limpias y transición energética. Yo considero que el gobierno debe coordinar una política industrial que fomente las nuevas tecnologías, modifique los mandatos a sus empresas estatales para moverse hacia la sustentabilidad, y por qué no ampliar los mandatos para que aquellas que hoy explotan petróleo como Pemex para que se dediquen a explotar otras fuentes de energía incluyendo solar y eólica, aunque para esto habrá que esperar a contar con un jefe del estado con liderazgo innovador.

Esta discusión que comenzó en Noruega hace varios años, comienza a darse en muchos otros países, incluyendo Arabia Saudita, que empiezan a desarrollar modelos económicos de transición como el noruego y sin duda no se equivocarán.

Siendo así, pareciera que la paradoja no lo es tanto, ya que es posible hacer una transición ordenada fuera de combustibles fósiles, y financiarla con el producto que los mismos otorgan a las arcas gubernamentales.

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