Zemiología y criminología mediática (Parte I)
Roberto Ramos Erosa

La voz de un criminólogo

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Las corporaciones mediáticas están cometiendo un crimen transmitir o difundir contenido tendencioso y sesgado, no solamente están desinformando a la población, también la llenan de información falsa que…

Imagen: Shutterstock.
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Lectura: ( Palabras)

La realidad en la que vivimos está llena de significados, los significados no sólo emanan de la percepción física del fenómeno, también son elaborados a través de la racionalización del noúmeno. En este tenor la zemiología es un tentáculo que surge de la criminología crítica y que recurre al daño social para tratar de delimitarse epistemológicamente. Este axioma de la criminología crítica nos dice que el impacto negativo, el daño y las secuelas que provocan los crímenes de Estados y de Corporaciones es mucho mayor que el de aquellos crímenes que acontecen diariamente. La zemiología parte del punto de que, en nuestra concepción de crimen o delito, es definido por normas sociales y jurídicas que casi nunca alcanzan a contemplar las manifestaciones violentas que Estados y Corporaciones emprenden contra la sociedad y que generan daños económicos, físicos, emocionales, psicológicos, entre otros.

En este sentido me gustaría plantear tres interrogantes que fungirán de manera introductoria para esta breve columna y que iremos desmenuzando poco a poco: ¿cómo percibimos, cómo pensamos y cómo definimos la realidad mexicana?, ¿qué es el crimen en México? ¿qué es ser un criminólogo en México?

La percepción del lugar donde vivimos tiene que ver con el contacto directo que mantenemos con nuestro entorno: conocer sus calles, hablar con la gente, asistir a comercios, entre otras actividades que nos permiten conocer físicamente el lugar donde habitamos. La percepción también está guiada por criterios estéticos que culturalmente nos han inoculado y que buscan definir lo bello en nuestro ecosistema. Sin embargo, hoy en día, nuestra percepción se ve ampliada gracias a los sistemas de comunicación que han invadido nuestra vida diaria en su espectro más íntimo, pero conviene preguntarnos si lo que vemos a través de una pantalla es real. Aunque en este artículo nos hagamos la interrogante antes planteada, existe gente –lamentablemente un gran mayoría– que no cuestiona lo que ve en la televisión, en su computadora o en su celular, simplemente consume el contenido; éste se introduce en el individuo a través de sus sentidos y pasa a ser un producto más real en su catálogo de afirmaciones; afirmaciones que al día siguiente irá a pregonar a su escuela o trabajo y que por supuesto defenderá con valor porque lo vio en el noticiero, en Netflix o en el Facebook.

control en redes sociales
Imagen: Pinterest.

Lo anterior impide –a medias, claro– que exista un proceso de racionalización por el cual reflexionemos y analicemos el lugar donde trascurre nuestra existencia. Sí, existirá una definición que presentaremos y presumiremos como nuestra pero que en realidad no es más que la definición que los mass media construyeron en nosotros. Para pensar la realidad, hay que cuestionarse la realidad, pero no puede cuestionarse lo que se ve, porque lo que se percibe con nuestros sentidos, ¿cómo podría no ser real? Las construcciones sociales han sido desplazadas paulatinamente y son actualmente construcciones mediáticas que se insertan en la sociedad para su reproducción orgánica.

La concepción que tenemos de crimen está definida en gran medida por paradigmas socio-criminales clásicos o comunes: robo en sus diferentes modalidades, secuestro y homicidios, son los delitos que más abundan en el imaginario social. Estos fenómenos violentos han sido replicados con gran éxito por los medios de comunicación masiva a través de telenovelas y películas, su construcción no sólo grafica el modus operandi de un secuestro o de un robo, también define el tipo de individuo que comete este delito, creando estereotipos. Empero, hoy en el capitalismo de vigilancia, el crimen ya no necesita de la ficción mediática para poderse ver representado en las televisiones, la creciente medida de convertir ciudades completas en panópticos digitales ha facilitado la captura de crímenes en tiempo real. Estos videos después serán utilizados por agencias de noticias para repetirlos una y otra vez en sus noticieros. Este incesante bombardeo con la misma noticia abona en el efecto Goebbels. Los medios construyen el crimen, al criminal y la criminalidad y edifican una realidad hiperviolenta cuando es necesario; pero también esbozan el mito de la paz y la tranquilidad en un cierto momento y espacio determinado. Estas realidades tan falsas como ciertas son exigencias del poder político.

control y daño social
Imagen: As.com.

Las corporaciones mediáticas están cometiendo un crimen transmitir o difundir contenido tendencioso y sesgado, no solamente están desinformando a la población, también la llenan de información falsa que altera la percepción que el individuo y la sociedad tiene de la realidad. El problema es que también se alteran las emociones de los consumidores y generalmente las emociones que nacen de este maquiavélico juego mediático son negativas: tristeza, miedo, ansiedad y enojo, ansiedad. En este sentido debe la zemiología apuntar hacia los medios, debe salir de la concepción tradicional de crimen y señalar que las grandes corporaciones mediáticas están provocando un daño gravísimo en la psique de las personas.

Pero la zemiología se encontrará con una barrera difícil de librar: utopizando que es posible que exista una regulación que controle a los medios y a la información que difunden, estos apelarán a la libertad de expresión; el debate, entonces, será sobre la información, la desinformación, la información falsa, sus límites y aproximaciones éticas.    

Dejaremos para la segunda parte la última pregunta…

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