El enfoque de la Unión Europea respecto de América Latina y El Caribe y lo que le hace falta al nearshoring
Claudia Schatan

De qué se trata

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El país requiere ver más allá del boom de inversiones del que se está beneficiando actualmente gracias a la búsqueda del nearshoring.

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Sin duda el sustancial flujo de IED que está llegando a México será de gran ayuda para el impulso a la actividad económica en el país y para fortalecer su base productiva.

La prensa mexicana está llena de noticias sobre el nearshoring y el interés de muchas empresas globales de instalarse en México, gran parte de ellas provenientes de lugares lejanos pero cuyos productos o servicios tienen como destino final Estados Unidos. Esta ola de capital busca evitar los graves problemas que se presentan en las cadenas de valor esparcidas por vastos territorios internacionales, o bien, motivo quizás más importante, por las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China que encarecen y dificultan la producción en el último país dirigidas al primero. México es un lugar privilegiado en términos de ubicación geográfica para aquellas empresas que quieren evitar los problemas mencionados. Eso abarca a las empresas de muchas partes del mundo, incluyendo las propias inversiones chinas que tenían poca presencia en México y que han estado ampliándose. Pero en este momento es fundamental que México no pierda de vista las otras fuentes de inversiones que pueden estar a su alcance y que pueden ayudar en forma más focalizada a salir de algunos problemas sociales, ambientales y digitales que son centrales, que le afectan y que se han venido agravando en el tiempo. Este es el caso de las inversiones que pueden canalizarse desde Europa con propósitos francos de ayudar a superar los obstáculos para alcanzar un desarrollo sostenible.

La Unión Europea tiene, sin duda, intereses estratégicos en su esfuerzo renovado por acercarse a ALC, después de permanecer bastante inactiva, entre los que están el depender lo menos posible de China. Es indudable que Europa ve en ALC un posible socio que en alguna medida podría compensar las carencias que le impondrían su distanciamiento de China (y más recientemente de Rusia). ALC es una fuente de abastecimiento alternativo de algunas materias primas (como minerales críticos) y otros productos que actualmente Europa importa de China. A la vez, la UE ansía una presencia mayor en la región latinoamericana en una serie de planos en que China se ha hecho fuerte, como en infraestructura crítica, generación de energía y telecomunicaciones. Sin embargo, el enfoque que adopta actualmente Europa no es el tradicional extractivismo, sino que busca una colaboración mutua que permita a ambas regiones resolver problemas centrales y disminuir la brecha económica, social y ambiental que existe entre ellas. La UE está comprometida con las metas socio-ambientales establecidas en las ODS, la Agenda 2030 y los Acuerdos de París y considera indispensable ayudar a llevar a cabo una triple transición: verde, digital y socialmente inclusiva.

El intento de acercamiento ha tomado especial fuerza con la presidencia de España de la Comisión de la Unión Europea durante la segunda mitad de 2023. Por primera vez se han reunido a mediados de septiembre (en Santiago de Compostela) los ministros de economía y finanzas de 60 países tanto de la UE como de América Latina y el Caribe (ALC). Ya se había anunciado en la Cumbre de UE-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en julio una Agenda de Inversiones de Global Gateway UE-ALC (AIGG) de 45,000 millones de euros para reforzar la asociación de Europa con América Latina y el Caribe hasta 2027. El Global Gateway tiene un alcance mundial (con 300,000 millones de dólares) y hace algún eco de la Ruta de Seda de China. Este Global Gateway involucra una participación muy amplia de actores, comenzando con los fondos de la propia UE, pero apoyándose fuertemente en la colaboración con los bancos de desarrollo (Banco Europeo de Inversiones, BEI, Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y Banco de Desarrollo de América Latina y El Caribe, CAF), junto con las agencias de cooperaciones nacionales, organizaciones internacionales (OCDE, SEGIB, UNESCO), y con un papel central, el sector privado.

Al mismo tiempo, la Comisión de la UE está urgiendo a la ratificación de los acuerdos pendientes con ALC: uno alcanzado con el Mercosur (que tardó 20 años en negociarse), y otros dos que se han revisado y su ratificación también se ha tardado, uno con Chile y otro con México.

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El flujo de inversiones que la UE está tratando de impulsar con mayor fuerza ahora son aspectos indispensables para el desarrollo de la región latinoamericana y la superación de problemas en el mundo entero, a diferencia de la inversión que viene a México atraída por el nearshoring (por supuesto, éste último incluye también empresas europeas como la alemana BMW). La UE se concentrará en apoyar a sectores cruciales como “energías limpias, infraestructuras ecológicas y sanidad” con inversiones directas a través del Global Gateway así como a través de nuevas estrategias de financiamiento como el otorgar garantías para el financiamiento, pues los países de la región suelen tener problemas para obtener créditos especialmente para algunos sectores riesgosos (Ríos y Rodríguez, 2023).

En contraste, las inversiones que llegan a México atraídas principalmente por el nearshoring, expresamente usufructúan de la ventajosa localización, de la infraestructura que puede ofrecer el lugar donde se ubican y de la mano de obra calificada que puede haber en esos lugares. Eso significa que la mayor parte de las nuevas inversiones se sitúan en espacios que ya son polos de desarrollo muy específicos, como los estados fronterizos del norte del país, además de algunos otros estados como Jalisco, Ciudad de México o Querétaro. Si bien parte de estas inversiones pueden contribuir a promover ciertas políticas ambientales como la generación de energía renovable, porque así lo requieren los mercados a los que están destinados los productos que allí se fabricarán –testimonio de ello son los conflictos que existen entre México y sus socios del T-MEC que le reclaman el obstaculizar inversiones en energía renovable–  no existe una preocupación por contribuir a transformar al país en todos los sentidos en que necesita hacerlo (hay algunas fuentes de apoyo, por ejemplo, la Comisión de Cooperación ambiental del T-MEC, pero son de alcance limitado). El boom de inversiones focalizadas en las áreas más desarrolladas del país podría generar mayores desigualdades y sobreexplotar recursos naturales, o acaparar recursos que son necesarios en áreas más desfavorecidas (como agua, por ejemplo).

El propósito de la UE es promover las inversiones que puedan ayudar a superar las desigualdades sociales, regionales, tecnológicas, reducir emisiones, lo que contrasta con el descuido social y ambiental con el que lo hace China, y a lo que tampoco contribuye mayormente Estados Unidos, el mayor inversionista en el país. En el ámbito medioambiental, por ejemplo, la UE tiene intenciones de apoyar a una “reindustrialización, con un enfoque en productos verdes”. La dimensión climática de los acuerdos con la UE es particularmente importante para México, dada su fuerte vulnerabilidad a este fenómeno (situación similar a la de varios otros países de ALC). Esta vulnerabilidad, como bien muestra uno de los tres estudios de la CAF (sobre transición verde, transformación digital y desarrollo humano) recién presentados ante la cumbre UE-CELAC pone en una situación de desventaja a los países de ALC para conseguir financiamiento internacional debido a los riesgos que significa su exposición al Cambio Climático.

México, al igual que los países de ALC que suscribieron el Acuerdo de París, se han comprometido a hacer una transición hacia una actividad económica baja en la emisión de carbono lo que requerirá una inversión promedio del 7 al 11% del PIB de estos países anualmente entre 2021 y 2050, frente al 6% del PIB anual para la Unión Europea y Estados Unidos durante ese periodo, de acuerdo al mismo estudio. Ello implica que los países de la región, y México no es una excepción, necesitarán de financiamiento de los países desarrollados, junto con un apoyo considerable de la banca de desarrollo, a la vez que las inversiones de la UE en este sector les podrían ser redituables a los inversionistas europeos, quienes estarían contribuyendo a dar impulso con un nuevo enfoque al desarrollo de la región.

Aún más, las condiciones con las que se ha comprometido la UE para llegar a la neutralidad de emisiones de carbono en 2050 necesitan de acciones más allá de sus fronteras. El mecanismo de ajuste en frontera por carbono (MAFC), aprobado en mayo de 2023 por el Parlamento y la Comisión de la Unión Europea y que entrará plenamente en vigor en 2026 tiene por objeto garantizar que los productos que se importan desde la UE no emitan más GEI durante su fabricación que los que hubieran producido si se hubieran generado dentro de esta región. Si se excede lo establecido para la UE los importadores tendrán que pagar los derechos de emisiones correspondientes. Este es un punto de tensión entre UE y ALC porque el precio de los bonos de emisión de carbono ha tendido a subir marcadamente en Europa, mientras el precio del carbono en ALC es mucho más bajo (de todas formas, por ahora, este mecanismo afectaría a una porción muy pequeña de exportaciones latinoamericanas).

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En el más largo plazo, ALC puede aumentar notoriamente su capacidad de energía solar y eólica en más de un 460% para 2030 los nuevos proyectos enfocados a ellos se llevan a cabo (México es uno de los países de la región con gran capacidad de generación de este tipo de energía). Esto permitiría a México (y los demás países de ALC que amplíen la producción de energía limpia), producir bienes con los estándares ambientales que exige la UE (CAF).

En el tema digital, la UE tiene una agenda importante con ALC cuyo propósito es ayudar a cerrar las brechas de conectividad (especialmente entre sectores urbanos y rurales, pero también de género y otros), contribuir a mejorar el conocimiento digital de la fuerza laboral (menos del 50% de la población tiene habilidades digitales), apoyar a los países de la región para que cuenten con una regulación adecuada para el sector (como en protección de datos personales). De hecho, según diversas estimaciones, la región no podrá por sí sola financiar las inversiones en “infraestructura física, subsidios a la demanda y competencias digitales” para responder a los retos actuales, a los que hay que sumar la necesidad de invertir en ciberseguridad, sin lo cual ninguno de los demás esfuerzos de digitalización es sostenible.

Una “agenda digital ampliada” según el análisis de la CAF con vistas a la colaboración de la UE con CELAC puede tener repercusiones muy positivas en la inclusión financiera, la sostenibilidad urbana, la economía circular, y una utilización de las tecnologías propias de la Cuarta Revolución Industrial. A través del Global Gateway, la UE podría ayudar a canalizar fondos hacia el área digital con efectos en múltiples planos. Además de apoyo financiero puede haber una colaboración técnica, empresarial y regulatoria para ALC.

Un ejemplo emblemático de colaboración entre la UE y ALC es el proyecto BELLA (Building the EuropeLink to Latin America), financiado por la Comisión Europea y un conjunto de entidades dedicadas a la investigación y la educación de ALC y Europa, para construir un cable submarino de fibra óptica que conecte las dos regiones. El proyecto también contempla el desarrollo de redes de alta capacidad en América Latina que mejoraría la conectividad dentro de los países y a nivel regional.

El tercer aspecto de preocupación manifestada en la cumbre de la Europa y la CELAC es la social: la alta desigualdad y la baja movilidad social de la región. En ello influyen no sólo las brechas sociales ancestrales sino también la mala calidad de la educación para la gran mayoría de los jóvenes (por lo que a pesar de que ha aumentado la cobertura educativa, ello no ha ido acompañado de mejores habilidades para que ocupen empleos de buena calidad), y la persistente huella intergeneracional en desempeño educativo y ocupacional. De acuerdo a la CAF, de 70 proyectos incluidos en la nueva agenda de inversiones identificados por ellos, alrededor de 15 están enfocados a reducir las desigualdades. Además, lo que se haga en inversiones en digitalización y la economía verde repercutiría positivamente también en este ámbito social, tan urgido de atención.

El éxito que se alcance con los nuevos esfuerzos conjuntos de la UE y ALC, que incluyen una mirada renovada para que esta última región logre un desarrollo sostenible en las circunstancias mundiales actuales, dependerá de múltiples factores. México necesita aprovechar esta importante oportunidad. El país requiere ver más allá del boom de inversiones del que se está beneficiando actualmente gracias a la búsqueda del nearshoring por parte de empresas y países ante la serie de fenómenos estratégicos ya descritos. Por eso, México no puede perder de vista que un real salto hacia otro estadio de desarrollo necesita una preocupación por acompasar estas nuevas inversiones con otras que le permita superar las desigualdades profundas del país en materia social y digital, así como su gran rezago en el ámbito de la economía verde y los pasos a seguir para combatir el cambio climático. O sea, sin una estrategia propia y bien pensada se desperdiciará la oportunidad que ofrecen las circunstancias actuales.

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muy bueno

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