Amigos en tiempos de guerra
Juan Patricio Lombera

El viento del Este

94 opiniones • veces leído

La venganza nazi por el atentado no se hizo esperar. El pueblo de Lídice, que no tenía nada que ver con el atentado, fue destruido. Los hombres mayores de 15 años fueron fusilados y las mujeres…

Monumento a los héroes de la Operación Antropoide, Praga (TV Barrandov).
Monumento a los héroes de la Operación Antropoide, Praga (TV Barrandov).

Lectura: ( Palabras)

A las afueras de Praga, en la confluencia de las calles Gabčikova y Kubiškova y de la carretera a Teplice, se encuentra un monumento en bronce de unos 9 metros de altura. Se trata de una columna triangular. Su parte superior está coronada con las estatuas de tres soldados, uno en cada lado. Estos abren sus brazos desarmados como si estuvieran celebrando una victoria. La estatua se encuentra en el punto exacto donde Kubiš, Gabčik y Valčik asesinaron a Reinhard Heydrich. El punto elegido era ideal. Una curva muy cerrada obligaba al chofer del Reichsprotektor a aminorar la velocidad. Ese 27 de mayo de 1942, tras recibir la señal de Valčík, Gabčik se cruzó al pasó del automóvil que llevaba al “carnicero de Praga”; hombre también famoso por ser el arquitecto de la solución final. Cuando el coche se detuvo, Gabčik tiró la gabardina que llevaba bajo el brazo y sacó su subfusil Sten con el que apuntó a Heydrich. Al jalar del gatillo ninguna bala salió; el arma se había encasquillado. Incomprensiblemente, en lugar de acelerar y arrollarlo con el coche, el chofer salió en persecución del resistente checo dejando a Heydrich a la merced de Kubiš. Éste echó al interior del automóvil una granada cuya metralla acabó siete días después con la vida del genocida entre inmensos dolores. Después de tres años y medio de derrotas en el continente europeo y de huir temerosos de los alemanes, Kubiš y Gabčik obtuvieron una victoria sobre sus enemigos. Pero, como veremos más abajo, el precio que pagó el pueblo checo por ese éxito fue muy elevado. Los dos amigos, Kubiš y Gabčik, se conocieron en Polonia, en el exilio, una vez que su país había caído en las garras de Hitler. Al ser uno de ellos eslovaco y el otro checo, y teniendo en cuenta que un político ambicioso eslovaco se había aliado a los nazis y declarado la independencia de Eslovaquia, ese primer encuentro casi termina a golpes. Concretamente, fue Kubiš quien reprochó a su paisano el apoyo de los eslovacos a los nazis. Por su parte, Gabčik, acalorado, se defendía diciendo que él no sólo nada había tenido que ver con esa traición, sino que había luchado por Checoslovaquia. Finalmente, al ver tan disgustado al eslovaco, Kubiš le regaló su último cigarro para que se tranquilizase.

Jozef Gabčík y Jan Kubiš
Jozef Gabčík y Jan Kubiš (Foto: La Segunda Guerra Mundial).
Catedral de San Cirilio y San Metodio
Catedral de San Cirilio y San Metodio, a lado izquierdo los bustos de Jozef Gabčík y Jan Kubiš.

Los solados checoslovacos en el exilio intentaron incorporarse en el ejército polaco. Sin embargo, el gobierno de dicho país no se los permitió temeroso de que los alemanes lo utilizasen como pretexto para declararles la guerra. Finalmente, ambos consiguieron enrolarse en la legión extranjera francesa y combatieron contra los alemanes. Cuando Francia fue a su vez invadida por los nazis, tuvieron que huir nuevamente a Inglaterra vía Gibraltar. En efecto, en esos momentos, a los ojos de los alemanes, Kubiš y Gabčik ya no eran dos soldados checoslovacos, sino dos ciudadanos alemanes a los que se debía considerar como traidores y fusilar. En Inglaterra, formaron parte de un batallón checoslovaco a las órdenes del presidente en el exilio Edvard Beneš. Jan Kubiš y Jozef Gabčik residieron durante más de un año en Inglaterra. En su tiempo libre vivían la vida con intensidad e incluso llegaron a tener un idilio con dos hermanas inglesas de las que no dudaron en separarse cuando se les ofreció la posibilidad de participar en una misión de alto riesgo en territorio checo. Con el fin de avivar la esperanza y demostrar a Churchill que la resistencia checa estaba viva, el presidente Beneš aceptó el plan del primer ministro británico que pasaría a la historia con el nombre de Operación Antropoide.

Reinhard Heydrich
Reinhard Heydrich (Foto: El Español).
Reinhard Heydrich y Hitler
Adolfo Hitler, y detrás, a la derecha, Reinhard Heydrich, en una visita al castillo de Praga (Foto: El Español).

La venganza nazi por el atentado no se hizo esperar. El pueblo de Lídice, que no tenía nada que ver con el atentado, fue destruido. Los hombres mayores de 15 años fueron fusilados y las mujeres y niños fueron llevados a un campo de concentración. Además, la represión se generalizó en todo el país. En total, más de 4,000 personas fueron represaliadas por los nazis. En cuanto a Kubiš, Gabčik, Opálka, Hrubý, Svarč, Bublík y Valčík, todos miembros del comando ejecutor, se refugiaron en la iglesia de San Cirilo y San Metodio, en espera de ser evacuados. Desafortunadamente Carel Čurda, uno de los miembros de la resistencia, temeroso de que su familia fuese represaliada, traicionó a sus compañeros. El 18 de julio de 1942, 750 soldados rodearon la iglesia. Después de siete horas de encarnizado combate en el que murieron decenas de alemanes, los últimos sobrevivientes checos se encontraban en la cripta. Los nazis empezaron a llenarla de agua para obligarlos a salir. Los checos prefirieron ahorrarse las torturas y se pegaron un tiro. De hecho, el único que no se suicidó fue Kubiš, quien murió por la metralla de una granada. Todos los años, el gobierno checo les rinde homenaje portando ofrendas florales a la cripta que es, hoy en día, un pequeño museo que cuenta esta historia.

Carel Čurda
Carel Čurda (Foto: Aktuálne.cz).

Se han hecho varias películas sobre este hecho. Sin embargo, la que a mí más me gusta es la de 1975, Siete hombres al amanecer con Timothy Bottoms y Anthony Andrews en los papeles protagónicos. Especialmente me gusta el final donde los guionistas se tomaron una licencia poética. A diferencia de lo ocurrido en la vida real, en este largometraje, al final los dos amigos se quedan solos en la cripta. Sin casi decirse una palabra y con una mirada cómplice, ambos se abrazan con pistola en mano y se matan entre ellos. Después de todos los sufrimientos por los que habían pasado, los dos amigos merecían morir juntos.

Más columnas del autor:
Todas las columnas Columnas de
5 1 voto
Calificación del artículo
Subscribir
Notificar a
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Lo que opinan nuestros lectores a la fecha