Violencia digital: un monstruo que ataca a mujeres en el anonimato

Alrededor de 9.4 millones de mujeres mexicanas sufrieron ciberacoso en el 2019, una de las tantas manifestaciones de la violencia digital.

Sandra García Martínez

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el 2019 alrededor de 9.4 millones de mujeres mexicanas sufrieron ciberacoso, una de las tantas manifestaciones de violencia que se pueden experimentar a través de internet. Por si eso no fuese lo suficientemente alarmante,  la mayor parte de los casos se encarnaron en jóvenes de entre 18 y 30 años y con agresores cercanos a ellas. 

Pero vayamos por partes, la ONU entiende por violencia digital a:

“todo acto que se comete y expande a través de medios digitales como redes sociales, correo electrónico o aplicaciones de mensajería móvil, y que causa daños a la dignidad, la integridad o la seguridad de las víctimas.”

Bajo esta definición, las niñas y mujeres del mundo se encuentran expuestas a una serie de acciones que podrían generar consecuencias emocionales, físicas, psicológicas y hasta la muerte. Entre las expresiones más recurrentes se encuentran el acoso, la extorsión, el desprecio, el monitoreo, el acecho, el robo de identidad y por supuesto, el abuso sexual.  

Sin embargo, no hay que perder de vista que detrás de cada número y situación, hay nombres de víctimas que desean gritar sus experiencias, pero por temor callan. Ingrid y Azul son dos grandes ejemplos de esas chicas que por mucho tiempo guardaron para sí mismas la sensación que deja el miedo  de ser perseguida o violentada. 

Ciberacoso en México. Fuente: ONU.

Ingrid: un caso que traspasó pantallas

Ingrid es una chica de 15 años de edad que cursa el tercer año de la secundaria. Antes de que la pandemia del virus SARS-CoV-2 atacara al país, la adolescente fue víctima de una experiencia “que no le desea a nadie” dado el miedo y angustia que le generó. Y es que aunque fue tras pantallas conectadas a internet, lo cierto es que la joven vivió en carne propia lo que muchos se imaginan solo en programas de televisión: el acoso digital

Un día como cualquier otro, Ingrid recibió una solicitud de mensaje en la plataforma Messenger. Desde una cuenta de Facebook totalmente falsa —dado el nombre de “jugo de manzana”, una fotografía difusa y París como lugar de residencia— la estudiante se percató de que un extraño sabía todos sus movimientos e, incluso, tenía conocimiento de la escuela a la que iba. 

Sin  que Ingrid cruzara palabra con el perfil de la red social, el sujeto  comenzó a visitar su institución educativa a bordo de un carro rojo.  ¡Pero, eso no fue lo peor! La joven tuvo acceso a imágenes de las partes íntimas del agresor, esas capturas que no le pidió a nadie y que sin embargo un desconocido decidió enviar. 

Por miedo al “no me creerán” o “pensarán que yo las pedí”, Ingrid no dijo nada a nadie. No obstante y tal como lo pintan en las telenovelas dramáticas, las cosas subieron de tono y el agresor cibernético rompió definitivamente la privacidad de la menor de edad. 

Resulta que una tarde, Ingrid recibió una fotografía de su vivienda con el mensaje “Te espero fuera de tu casa en 20 minutos”. El contenido le alarmó tanto que decidió contarle a su mamá, quien desde su trabajo y por vía telefónica, le recomendó marcar al 911.  

Mientras conseguía contactarse con la línea de emergencia, la adolescente recibió un texto que decía “Has pasado tu límite de tiempo” y más tarde uno protagonizado por una imagen de su balcón con la leyenda “¿Quieres que salte?”. Ese día llegó la policía y no hizo nada, como tampoco lo hicieron las autoridades cuando Ingrid y su mamá intentaron levantar una denuncia. 

Llegó el último día de clases para la joven y con ello también el fin de sus encuentros con el sujeto. Desde entonces, desapareció el perfil de la red social y es como si nadie hubiese violentado a Ingrid. Tal situación debido a que la agresión estuvo clara para la chica de 15 años, pero fue menospreciada por la justicia y quedó fuera del registro de Facebook, esa plataforma que permite el delito en anonimato. 

Para Melissa García Meraz, Doctora en Psicología Social por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el tema de la violencia virtual es extremadamente amplio. Esto, sobre todo porque depende en gran medida de quién es el agresor y de qué forma comete actos violentos.

De acuerdo con la Doctora, según estudios realizados a nivel internacional los principales victimarios son los hombres, mientras que el papel de víctimas recae más en las mujeres. La especialista agregó que el nivel de vulnerabilidad incrementa en México debido a toda una serie de sesgos culturales. 

“Hay mucho sesgo hacia mujeres que son de un tono de piel más oscuro, que son adultas, que tienen alguna enfermedad. Sesgamos la información, puestos laborales, oportunidades, becas y demás”, dijo García a El Semanario.

Frente al ya de por sí complicado panorama para el sexo femeninoGarcía Meraz resaltó la importancia que tiene el estudiar las formas de agresión por medio de internet. Advirtió que si bien se sabe que las mujeres sufren más acoso callejero que los hombres, es necesario descubrir de qué forma estos mecanismos se pasaron al terreno en línea. 

Sobre ello, la psicóloga de la máxima casa de estudios explicó que las niñas y mujeres pueden sufrir violencia digital por medio de gente extraña que acosa y hostiga. Pero también advirtió que la coacción puede quedar en manos de personas cercanas tales como el novio, el papá, el amigo, etc. Ese es el caso de Azul.

 

Doctora Melissa García Meraz. Fuente: Facultad de Psicología de la UNAM

Azul: de la agresión a la independencia

¿Qué significa ser mujer, joven e hija de padres divorciados? Pareciera que en México es un sinónimo de vulnerabilidad a la violencia. Ejemplo de ello es Azul, una chica que con solo 16 años de edad ha sido víctima de agresión física y digital, no solo por desconocidos, sino por miembros de hasta su propia familia. 

La joven que habita en el Estado de México compartió a este medio, su experiencia con personas que violentaron su intimidad y que incentivaron su búsqueda a la independencia aún siendo menor de edad. Actualmente, Azul vive con una amiga, trabaja con un tío y dejó inconclusa su carrera técnica como laboratorista química, pero para ello pasó varios obstáculos que representan parte de la realidad mexicana. 

Y es que los padres de la adolescente se separaron cuando tenía 12 años de edad, por lo que ella y sus hermanos se quedaron a vivir con su mamá. Luego de un tiempo, la señora decidió emprender una vida amorosa y  se mudaron a la casa de su nueva pareja. 

Para no hacer la historia larga, el padrastro de Azul la acosó e intentó abusar sexualmente de ella el pasado mes de abril. Aunque la chica se lo contó a su madre, la señora decidió seguir en la casa del agresor, situación que fue intolerable para la víctima.  Fue así, como dejó su hogar materno y buscó a su papá sin comentarle el escenario que enfrentó. 

Después de vivir un periodo con su padre, la menor de edad volvió a ser protagonista de agresión. Resulta que por falta de dinero, su propio progenitor ofreció a Azul con un señor ya mayor de los 40 años, con el que salió en un par de ocasiones sin gota de consentimiento.  

¡Las cosas no pararon en eso! Por si fuera poco, la menor de edad comenzó a sufrir amenazas a través de redes sociales. Con la sospecha de que se tratara de uno de los hijos de su padrastro, la joven recibió fotografías de ella misma saliendo de su casa o de lugares que frecuentaba. 

Bajo la anterior situación y llena de pavor, Azul jamás inició un proceso jurídico en contra de la pareja de su madre. “No quise porque las amenazas eran muy horribles hacia mí  y hacia mi familia, entonces no hice nada”. 

Con el paso de los días el papá de Azul se enteró de que la muchacha fue víctima de violencia sexual y las cosas cambiaron definitivamente. Entre amenazas de su progenitor a su expareja, la joven decidió huir con su novio, pero ni así se escapó de los escenarios pintados en escalas grises. 

Resulta que su papá dirigió sus amenazas a la joven de 16 años y a su pareja juvenil. Sin un rumbo fijo y con temor hasta de caminar por las calles, Azul lleva un mes viviendo con una adolescente de su misma edad, pero con las cadenas que la atan al acoso digital. 

Con la ausencia de atención psicológica y una lenta asesoría jurídica, la adolescente que quedó marcada por personas que supuestamente la aman, sigue siendo víctima de agresores virtuales. Tanto familiares como extraños no pierden la oportunidad de hacerle propuestas sexuales tras una pantalla o incluso llenar sus fotografías de comentarios sobre su cuerpo, esas intervenciones que no dejan de ser atentados que llegan al alma.

Agresores y consecuencias

La experiencia de Azul es una representación que deja claro que la violencia digital puede tener más de una fuente. Por ello, la doctora García Meraz hizo hincapié en que si bien se puede recibir agresiones por parte de perfiles desconocidos, también están presentes en las relaciones afectivas cercanas. 

Según el testimonio de la Doctora, una de las manifestaciones más frecuentes de la violencia en internet se materializa en el noviazgo. La profesora de la UNAM explicó que la línea entre un acto afectivo y uno de control es muy delgada. Por ende, advirtió que  las parejas suelen tener confusión. 

La psicóloga social expuso que existen conductas de control que ya se normalizaron en las relaciones amorosas juveniles. Entre las más frecuentes señaló la realización de llamadas y mensajes constantes con el fin de conocer la ubicación de la pareja o el envío de capturas de pantalla sobre otras conversaciones.  

“Los agresores pueden ser personas conocidas como el novio, el amigo, el familiar, pero también, gente desconocida… Puede ser que un día te levantes y encuentres el mensaje de alguien haciéndote una propuesta tremenda o que te levantes y veas un mensaje de tu pareja diciendo ‘ayer te vi conectada en la noche y no me estabas hablando a mí’”, advirtió la psicóloga.  

Sobre las consecuencias en ambos casos, García Meraz apuntó que hay grandes similitudes. En las situaciones donde los victimarios son seres queridos, señaló que las afectaciones van desde la sensación de “no saber qué hacer” hasta episodios de risa, llanto, preocupación, tristeza, enojo,   y vergüenza. 

Por su parte, cuando se trata de agresores desconocidos, la profesora de la Facultad de Psicología advirtió que abunda el sentimiento de culpa. Señaló entonces, que las víctimas se hacen preguntas como “¿por qué a mí?, ¿qué tengo en mi muro?, ¿fue la fotografía que subí?  y una larga fila de etcéteras. 

Sin embargo, en ambos casos —tanto en inmediatos como ajenos— las niñas y mujeres que sufren violencia digital podrían desarrollar toda una serie de afectaciones emocionales a largo plazo. Entre las más sobresalientes, la Doctora destacó la desconfianza, la ansiedad, la depresión y los pensamientos suicidas. 

De acuerdo con la Doctora en Psicología Social, México carece tanto de sistemas de justicia que brinden seguridad al género femenino, como de esquemas médicos que garanticen salud mental en la población. 

Precisamente por ello,  Melissa García Meraz afirmó que la responsabilidad de erradicar las agresiones en internet debe compartirse entre el Estado y los individuos. En este sentido, comentó que por parte de la Federación se requiere de un combate real a los sesgos poblacionales, mientras que en las familias se necesuta de un reconocimiento más estricto de lo que podría ocurrir en el mundo digital. 

Sin embargo, la investigadora y docente resaltó sobre todo la necesidad de que cada individuo realice una introspección personal de sus comportamientos en la red. Es decir, hizo un llamado a que todos los días cada persona se cuestione qué actividades sí haría o no haría fuera del anonimato que otorgan las plataformas digitales. 

“Una parte importante es señalar que existe este problema y que se necesitan muchas acciones de tipo gubernamental que ayuden a frenar y prevenir las situaciones de violencia. Pero, otra parte es la forma en que los individuos podemos ir sembrando poco a poco”, apuntó la Doctora. 

Con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), tan sólo en el año 2019, 36.4 por ciento de las mujeres mexicanas que usaron internet, fue víctima de ciberacoso. Ingrid, esa joven atemorizada por un total desconocido fue una de ellas en el 2020 y Azul sobrepasó los niveles de afectaciones virtuales. ¿Hasta cuándo se tomará importancia a los derechos digitales? Esos que según la Doctora García Meraz ayudarán a navegar en la red de manera sana,  sin temor a ver o descargar cosas que hagan sufrir a las mujeres. 

¿Cómo denunciar violencia digital? Fuente: Instituto Nacional de las Mujeres.
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