Que no se nos olvide ser humildes
José Elías Sahab

De todo y de nada

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En México hoy vemos cómo nuestros gobernantes creen tener la verdad absoluta, sin embargo, los opositores, los críticos del sistema, así como los aduladores, también creen que su verdad es la única que vale.

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Lectura: ( Palabras)

#Humildad

“… y que no te creas más que nadie, porque, sólo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.”  Esta frase, que forma parte de una oración judía que se ora en Rosh Hashaná (el año nuevo judío), es de una profundidad enorme. La debemos de entender y tener presente en todos los momentos de nuestras vidas para recordarnos sobre la humildad; esa palabra que representa tantas cosas y que ha sido tantas veces olvidada, pero sin la cual, el ser humano simplemente no puede transitar en armonía.

Hace unos días se conmemoró el 20 aniversario del ataque a las torres gemelas en Nueva York. En minutos, miles de vidas se perdieron y miles más sufrieron un cambio, jamás esperado, en sus vidas. Hay un documental circulando muy interesante donde se ven los testimonios de algunos sobrevivientes al ataque, sobre cómo lo vivieron y de cómo lo sufrieron. En todos los casos, el factor sorpresa, la incertidumbre y la impotencia se apoderaron de ellos. Algunos fueron héroes porque ayudaron a otros más a salir, otros más fueron rescatados y casi todos tuvieron al menos a alguna compañera o compañera de piso de quienes ya nunca más supieron nada. Alguien que desapareció en esos escombros de piedra y acero que, ante las brasas intensas del fuego, cedieron y cayeron destrozándolo todo.

Hace unos días, también, las fuertes lluvias en México inundaron un hospital en Hidalgo y por falla en el sistema eléctrico dejó sin luz y en absoluto estado de impotencia e incertidumbre tanto a pacientes como a médicos, derivando en consecuencias desastrosas que ya conocemos, más de 25 muertos. Otra vez el factor sorpresa, la incertidumbre y la impotencia, ante algo que no esperaban.

Hace unos días, para seguir ejemplificando, un temblor sacudió a la Ciudad de Acapulco y se sintió en la capital y en otros lugares. Todas las personas que lo sintieron, estoy seguro, se enfrentaron al factor sorpresa, incertidumbre e impotencia. Ese temblor nos recordó que no somos más que polvo y ceniza. Estos tres ejemplos nos recuerdan la fragilidad del ser humano y que no distingue raza, condición social o género. Si a eso le sumamos los casi dos años que cumplirá la pandemia, nos damos cuenta cómo estamos hoy y que, literalmente, mañana podemos no estar. Creo, con convicción, que estos ejemplos nos dan un claro mensaje: que es muy importante ser humildes. Dejar atrás orgullo, soberbia, rencor, prepotencia, violencia y mezquindad.

En su definición positiva, la Real Academia Española define la humildad como “la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con ese conocimiento”. Se dice fácil pero, precisamente, es la falta de esta virtud la que está llevando a nuestro país a la polarización, al encono, a la ejecución de programas desastrosos, a la falta de acuerdos y, al final, al poco desarrollo que hoy estamos viendo.

En México hoy vemos cómo nuestros gobernantes creen tener la verdad absoluta, sin embargo, los opositores, los críticos del sistema, así como los aduladores, también creen que su verdad es la única que vale. La soberbia, que es precisamente lo contrario a la humildad, es lo que rige.

Tantas cosas pasan todos los días en el planeta Tierra que nos debieran recordar lo frágiles que somos y, sin embargo, la ceguera del poder o del dinero o de la posición o incluso de la comodidad, nos nubla y nos hace actuar de maneras indebidas. Lo que sí les aseguro es que a todos en algún momento de nuestras vidas nos llega nuestra pastilla de ubicatex para recordarnos que ser humilde no debe ser una opción sino una obligación. Nada mejor que saber nuestras debilidades, así actuaremos de mejor manera y aprenderemos de ellas para ser mejores seres humanos. Así también, si sabemos nuestras limitaciones, nos dejaremos ayudar por los que saben lo que yo no sé, probablemente aprenderé y seré una mejor persona. Cuando creemos que ya lo sabemos todo y que no tenemos limitaciones y debilidades, estamos en el mundo de los ignorantes.

Recordemos que la ignorancia muchas veces se suple con prepotencia, soberbia, imposición, fuerza, violencia y hasta con ira. El rencor y el miedo mueve al ignorante y así se han destruido familias, comunidades y naciones.

Miremos hacía adentro y veamos nuestro grado de humildad. Si cada quien hace su parte, seguro construiremos un mejor país.

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