Las Paredes Gritan: La venganza… De los… Eléctricos…
Héctor Castillo Berthier

Zona Submetropolitana

94 opiniones • veces leído

Cuenta la leyenda que fingió morir… Y reapareció en las siguientes elecciones… Y Morena las ganó.

Lectura: ( Palabras)


CATEGORÍA: Opinión | Política | Zona Submetropolitana


El nuevo mártir

El Mártir ganó devastadoramente las elecciones de 2018. Y a pesar de sus esfuerzos, la opinión pública lo traía en jaque.

Buscaba la Cuarta Transformación (4T). Creía batear más de 300 y lanzar bolas de 95 km por hora… Pero no era así.

La gente que lo apoyaba era: los Amlovers y los Pejezombies, quienes lo amaban… Pero tenía otros enemigos.

Sabía que su camino –enviado desde el más allá por Cárdenas y Juárez– no era sencillo.

Menos ahora que los ataques de la multitud de conservadores lo llamaban: ¡Populista! ¡Enemigo del desarrollo económico! ¡Falso!

Era un ataque de los derechistas, dedicados a proteger el poder económico que heredaron desde que nació Adam Smith. E incluía a muchos periodistas… Y hasta a algún Premio Nobel.

“¿Acaso eres tú el elegido?”, le preguntaban sus detractores, a lo que respondía: “Si tú lo dices lo soy”.

“¡Ha blasfemado!, ¡Ha blasfemado!”, decían los hombres y mujeres, identificados como los conservadores.

“¡Crucifíquenlo!” gritaban todos en coro.

Treinta periodistas comprados por los conservadores se habían unificado: “Nos quitó los chayotes”; “Es un populista que debe pagar por sus culpas”; “No hay nada como el neoliberalismo”… Se decían en secreto.

Afuera, el alboroto era grande.

Los dueños de muchas empresas no querían un gobernador como AMLO. Las Certificadoras Internacionales le bajaban la calificación a México. Y hasta el profeta Krauze, lo atacaba regularmente.

Querían acabar con él… Pero no sabían qué hacer.

“¡Dice que somos una mafia!”, “¡Nos quiere convertir en Venezuela!”, gritaban los conservadores.

En Twitter aparecía cotidianamente: “¡AMLO es un maligno”. “¡Nos matará de hambre!”. “¡Viva la Ley y muera AMLO!”… Nada era suficiente.

“¿Qué vamos a hacer con él?”, decían entre ellos.

Los conservadores, resignados (esperando una señal divina) resolvieron que el destino tomara su curso inevitable.

No querían a AMLO… Y decidieron pararlo de cualquier forma.

Por eso decretaron crucificarlo por la Reforma Eléctrica.

La detención

Con sus contratos realizados por asignación directa. Asegurando que su estrategia contra el huachicol había fallado y que el número de muertos había aumentado, los conservadores se abalanzaron sobre él, después de un partido de beisbol.

Querían una detención “limpia”. No querían alborotos. Fue tomado por sorpresa.

“¿De qué me culpan?”… Dijo:

“¿De preocuparme por los más pobres? ¿De acabar con la corrupción? ¿De que me gusta la historia? Bienaventurados los pobres, los humildes, los que lloran, los que padecen de persecución, los que tienen hambre y sed de justicia, y los de buen corazón”… decía el mártir.

Pese a sus palabras, entre todos lo tomaron por la fuerza.

Mirando a los conservadores sólo atinó a decir: “En verdad os digo que quien no se equivoca, no podrá construir nunca un reino del amor. No quiero pleitos con ustedes. Serán perdonados. Y, quien esté libre de pecado, que nos tire la primera piedra”.

En muchos medios, la sentencia había sido rápida y expedita: “¡AMLO es culpable!”.

Un osado editorialista conservador dijo: “Es costumbre que en estas fechas se libere de la muerte a algún malandrín: ¿A quién debemos liberar? ¿A AMLO, o a Rosario Robles?”.

“¡A Rosario Robles!”, gritaron todos los conservadores.

Ellos se miraban complacidos… La turba se había expresado.

“¡Que suelten a Chayito!”, gritaban a coro.

“Sí, ya déjenla en paz”. “Un juez ya la amparó”… “¡No es ratera, sólo que le gusta muchísimo la lana!”.

Así, con la prensa conservadora a su favor, se lavaron las manos y fueron determinantes: “Su muerte es necesaria… ¡Viva el Neoliberalismo!”.

Y lo mandaron a morir en la cruz.

El calvario

AMLO avanzó por el tortuoso camino. Sin sus libros. Sin sus cartas a España y el Vaticano. Sin sus viejitos. Sin sus programas sociales. Sin su estatua de Benito Juárez. Lo cual hacía más pesada su cruz en aquel viernes santo.

Detrás de él, no marchaban sus operadores políticos. Ni sus seguidores. Ni su séquito de apóstoles… Estaban de Puente.

Cuál sería su sorpresa que (antes de la primera caída) el pueblo bueno no huyó, ni se escondió. Pero algunos Senadores de Morena lo negaron tres veces… Antes que cantara el gallo.

A su paso, rumbo a la crucifixión política, muchos de sus millones de fieles seguidores, gritaban: “¡Estamos contigo!”. “¡No te dejes AMLO!”. “¡Es un honor, estar con Obrador!”. “¡Queremos el país de un solo hombre!”…

Pero… todo parecía inútil… Nadie podía liberarlo.

Él siguió su camino al calvario y en un momento de desfallecimiento y cuando estaba por caer, sintió un poco menos pesada la cruz y escuchó: “Hermano, soy Ken Salazar. Ya hablé con mis socios y necesitas garantizar que no terminarás con tu Reforma Eléctrica”.

El mártir lo miró y le dijo: “En verdad os digo que muy pronto se amplificará la Cuarta Transformación y las malas compañías eléctricas saldrán del país”.

Cerca de las quince horas, toda la raza llegó al Zócalo, para ver como terminaban con el mártir que quería terminar con la corrupción.

El mártir fue colgado en una cruz hecha de periodicazos falsos, mil caricaturas y las malditas redes sociales.

Lo levantaron lentamente y lo expusieron para que todos lo vieran en sus últimos momentos.

A su lado estaba un delincuente electoral, Carlos Salinas, quien le dijo: “Si tú eres en verdad quien dices que eres, bájate de la cruz, bájame a mí y recuerda que el PRI te apoyará siempre… para hacer un PRIMOR”.

Él sonrió y dijo: “¿Qué no sabes que la democracia ya cambió? ¡Por encima de la ley nada!… Por debajo de la ley… sólo ustedes”.

A las tres de la tarde y mirando al cielo exclamó con tristeza: “Padre mío: ¿Por qué me has abandonado?… Me canso ganso, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Y murió.

La Cueva Del Delfín

Cuenta la leyenda que fingió morir… Y reapareció en las siguientes elecciones… Y Morena las ganó… Pero cargó una fila de sátrapas de otros partidos… Los corruptos nunca pisaron la cárcel… Y el país vivió la 4T por los siglos de los siglos… Amén.

¡Vientos huracanados!, si no me piden resucitar mañana, nos veremos por acá la próxima.


Comentarios, quejas y lamentaciones:
Facebook Héctor Castillo Berthier
Email berthier@unam.mx

Más columnas del autor:
Todas las columnas Columnas de

Deja un comentario

Lo que opinan nuestros lectores a la fecha