La mente del inventor
Antonio Tenorio

Innovación, Tecnología y Sociedad

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Si Edison no representa exactamente la némesis de Tesla, sí encarna una forma distinta de concebir la relación entre la genialidad inventiva y el sentido de la vida.

Imagen: WallHere.
Imagen: WallHere.

Lectura: ( Palabras)

Todo ocurría en su interior. En el teatro interior de la mente, de esa mente prodigiosa que acompañó la vida de Nikola Tesla, sucedía aquella danza de destellos y figuraciones. Un ritual creativo alojado en los misterios de su imaginación.

“Desde muy joven, Tesla desarrolló una espectacular cualidad que le resultaba muy útil para sus investigaciones, y es que realizaba todo el trabajo en su mente”, cuenta Miguel A. Delgado, en los ensayos que sirven de presentación a los escritos que el inventor legó.

No necesitaba lápiz ni papel para dar forma a sus diseños, agrega Delgado, “sino que imaginaba sus componentes, los ensamblaba en su cabeza y allí los probaba, de manera que, cuando llegaba el momento de traerlos al mundo real, gran parte del trabajo ya estaba hecho”.

Las piezas que se piensan, se revisan, con las que se discute y discierne, todo sin salir de esa espacialidad que es la propia psique. La mente como un lugar interior del sujeto.

Nikola Tesla
Imagen: El País.

En esta dirección, es sabido que para no pocos Descartes es considerado una suerte de “inventor de la mente”. No porque la haya inventado como tal, sino justamente porque traza la idea de que el pensar sucede en un espacio interno.

Del inventor de la mente, Descartes, a la mente del inventor, Tesla, media la historia misma de la Edad Moderna, sus promesas, fracasos, hallazgos y turbulentos entresijos.

Situado en el vórtice del salto del siglo XIX y el XX, las aportaciones de Tesla son de una magnitud sólo equivalente al infortunio que su propia época le deparó.   

Aunque sus aportaciones fueron ya desde su propia época fundamentales, lo cierto es que no sería sino hasta décadas recientes cuando el nombre de Tesla tomaría el giro de leyenda.

inventos Nikola Tesla
Imagen: Muy Interesante.

“Un moderno Prometeo”, lo ha llamado Margaret Cheney en la biografía que ha escrito sobre Tesla, y a cuyo título ha agregado la asertiva frase: “El genio al que le robaron la luz”.

La definición proviene, un tanto, de la aportación más conocida de Tesla, el descubrimiento de la corriente alterna y todo el impacto que ello tuvo en el dominio efectivo de la electricidad a principios del siglo XX.

Pero otra parte del aserto de Cheney se deriva del sino de incomprensión, cuando la estafa por parte de grandes personajes de la época, que las ideas de Tesla recibieron en su momento.

Ello, a pesar de que, como bien apunta Cheney, “aunque la mayor parte de los inventos de Tesla están relacionados con la ingeniería eléctrica y el electromagnetismo, su trabajo abarcó múltiples disciplinas, entre otras la robótica, la balística, la mecánica, la ciencia computacional y la física nuclear y teórica”.

Thomas Edison y Nikola Tesla
Thomas Edison y Nikola Tesla (Imagen: Europa Digital).

En sentido contrario de la imagen venerada de Edison, con quien llegó a trabajar muy joven, y con quien se enfrascó en la “guerra de las corrientes”, Tesla murió solo, sin dinero y casi olvidado.

De hecho, en muchos sentidos, si Edison no representa exactamente la némesis de Tesla, sí encarna una forma distinta de concebir la relación entre la genialidad inventiva y el sentido de la vida.

Un caso similar, en buena medida, es el contraste que puede establecerse entre otros dos representantes del genio inventor: Steve Jobs, por un lado; y, por el otro, Clive Sinclair.

Recientemente fallecido, al británico Clive Sinclair se debe el primer modelo concebido y producido en Europa de una computadora personal que alcanzó la categoría de masiva: la legendaria ZX Spectrum.

Clive Sinclair y Steve Jobs
Clive Sinclair y Steve Jobs (Imagen: Pinterest).

Más allá, sin embargo, del objeto mismo, es como siempre en el campo de las ideas, de la forma de concebir el mundo que vendrá, en el que el inventor destaca su visión como un adelantado.

En el caso de Sinclair, dos ideas, dos intuiciones llevadas al máximo de sus posibilidades de acuerdo con las propias condiciones de su época, distinguirán su genio creador.

De una parte, Sinclair mira con claridad que el espíritu de sus invenciones debe apuntar hacia la “pequeñización” de los dispositivos. Por otra, ve con nitidez asomar la micro movilidad individualizada como un asunto ineludible.

En medio de estas dos ideas Sinclair coloca, a modo de gozne, la certeza de que en ambos casos la apuesta debe ser por llevar los dispositivos creados al consumo masivo, por la asequibilidad de la tecnología de punta para las grandes masas.

La pequeñización le lleva al éxito económico, su computadora se vende por miles. La apuesta por el transporte individual sustentable, con su famoso vehículo eléctrico C5, lo coloca al borde la bancarrota.

Clive Sinclair
Sir Clive Sinclair (Imagen: Computer-Hoy.com).

Mas, en última instancia, y quizá en ello reside la diferencia más radical entre Sinclair y Jobs, como antes la hubo entre Tesla y Edison, es que el británico jamás pensó en ser un businessman, tal como subraya el obituario que The Economist le dedicó hace un par de semanas.

Por su lado, The Guardian recogió la siguiente declaración de Belinda Sinclair, que retrata con meridiana claridad el ethos de su padre:

“Fueron las ideas, los desafíos, lo que encontró emocionantes. Se le ocurría algo y decía que no tenía sentido preguntar si alguien iba a quererlo, porque de todos modos no pueden imaginarlo”.

Al igual que Tesla, Sinclair asumió que ese lugar llamado futuro estaba más ya, dentro de él, en su mente, sucediendo.

Se dirá que ése fue su error. Asumámoslo, más bien, como su acierto.

El mayor.

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Paulina

Qué excelente texto con contrastes geniales… hablando de genios.

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