A más de un mes del desplome de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro, aún no hay responsables, los dictámenes están pendientes, la directora general de Metro, Florencia Serranía, lleva el mismo tiempo sin aparecer públicamente, y ahora Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum intentan tapar su fracaso electoral en la capital del país con la versión de un supuesto uso político de la tragedia.
En su conferencia de este miércoles en Palacio Nacional, el presidente reiteró por tercer día consecutivo de que la tragedia de la Línea 12 del Metro la utilizaron sus adversarios con fines político-electorales. Y ahora hasta calificó como adversarios de la 4T a los que no utilizan el Metro.
Tal vez la marca Morena-AMLO se está desgastando mucho más rápido de lo que ellos esperaban. Este desgaste se juntó con la Línea 12 del Metro, pero no es el único tema, ahí está el pésimo manejo de la pandemia, el uso de la campaña de vacunación con fines políticos, el estancamiento económico, la pelea contra empresarios, las violaciones a la Constitución, la inseguridad fuera de control, entre otros.
Ya se le olvidó al presidente su expresión ¡al carajo!, cuando se le interrogó sobre por qué no había hecho acto presencia en la zona del desplome y de que tampoco había hecho contacto con familiares de las víctimas mortales ni con los hospitalizados.
Su ¡al carajo!, caló en la población. Irritó a miles, hasta a los que simpatizan con él. Pero esta tragedia que nunca debería haber ocurrido, –pues se trata de obras que deben cumplir con los estándares más altos de seguridad–, el presidente la envuelve en su narrativa del complot, el desprestigio, la guerra sucia, del pueblo pobre pero que es inteligente y estoico ante la tragedia.
Este lunes, un día después de la elección, López Obrador dijo que los habitantes de Iztapalapa y Tláhuac estaban conscientes de que este tipo de hechos ¡siempre ocurren! (que se desplome el Metro). Entonces siguiendo con ese razonamiento, debemos estar preparados porque tal vez en algún momento se pueda desplomar el segundo piso, porque eso “siempre ocurre”.
Y su razonamiento lanzó el dardo contra la población que no usa el Metro, pues según él son sus enemigos, que van contra la 4T, y los que lo usan –haciendo referencia a Iztapalapa y Tláhuac–, están con Morena. Vaya parábola del bueno y el malo.
Más allá de sus comentarios de campañas de desprestigio, ambos gobiernos, federal y de la Ciudad de México, tienen toda la facultad y capacidad para ir a fondo de los hechos, y no para estar lanzando sus campañas propagandísticas desde Palacio Nacional o la Jefatura de Gobierno para confundir a la población con sus políticas erráticas.
El fracaso electoral de Morena en la capital del país debe analizarse en sus propias filas, sin justificaciones ni repartiendo culpas. Este partido sabe dónde fallaron y por qué. Tal vez sea el inicio del declive político no solo del partido, sino también del presidente. La propaganda sin hechos concretos fastidia.
La población mexicana lo que desea en el caso de la tragedia de la Línea 12 del Metro es un acto de justicia, de evitar la impunidad y castigar a los responsables.
El fracaso electoral debe verse en otra ventanilla. No mezclar, no mentir…
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