Para el estoico, la desgracia no es un mal en sí mismo, sino que forma parte del plan establecido por la súper razón.
Reconocer la gratuidad de la vida y de los encuentros permite enfrentar la existencia como un regalo diario.
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Para el estoico, la desgracia no es un mal en sí mismo, sino que forma parte del plan establecido por la súper razón.
Reconocer la gratuidad de la vida y de los encuentros permite enfrentar la existencia como un regalo diario.
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