Viaje alucinante, queda mucho aún por descubrir en lo pequeño
Antonio Tenorio

Innovación, Tecnología y Sociedad

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No se trata de submarinos empequeñecidos a nivel molecular, sino de nanorrobots que, manipulados a través de ondas de sonido de alta frecuencia son capaces de dirigirse, dentro del cuerpo…

Imagen: Quo.
Imagen: Quo.

Lectura: ( Palabras)

Suele suceder. Entre una lengua y otra los títulos varían. No es algo que sólo ocurra en el cine. La literatura también lo registra.

El resorte, se dirá, es lo comercial. Puede ser cierto. Mas, detrás de ello, asoma también la sonoridad de las lenguas.

Y cuando se dice sonoridad, esto remite al ritmo, sí, pero de igual manera a las imágenes que el sonido de unas u otras palabras desata en quien las lee o las escucha.

Es el caso. La misma cinta se llamó, en español y en inglés, de dos modos distintos. No lejanos, empero sí diferentes. Lo que en inglés fue Fantastic Voyage, en español pasó a nombrarse, Viaje alucinante.

Viaje, al fin, cumple, en su travesía del tiempo, este 2021, 55 años de haber sido estrenada en el cada vez lejano 1966.

Dirigida por Richard Fleischer la premisa de la historia pudiera parecer, a ojos de nuestro tiempo, algo simple. En sus días no lo era tanto.

Richard Fleischer
Richard Fleischer (Foto: Cine Forever).

Dos elementos hacían aparecer la base de la cinta como inusitado.

Por un lado, la idea de que la entonces Unión Soviética y los Estados Unidos trabajaran juntos en un experimento.

Por otro, el resultado mismo del experimento, cuyo producto, según la cita, abría el camino para descubrimientos extraordinarios.

La historia que la cinta de Fleischer cuenta establece como punto de partida la decisión de soviéticos y norteamericanos de trabajar en un experimento científico que conseguirá que todo objeto, y aun las personas, puedan tomar el tamaño de una miniatura.

Este hecho sin precedentes da rápidamente paso a otro aun mayor, quizá. Un submarino, en el que viajan pilotos y médicos, adquiere las dimensiones minúsculas y navega a través del torrente sanguíneo de un cuerpo humano, vivo.

Fantastic Voyage, película
Escena de la película “Fantastic Voyage” de Richard Fleischer (Fotograma: Britannica).
Fantastic Voyage
Fotograma: PensoLibero.it.

Como bien hace recordar Salvador Miret Artés, en su Biología cuántica, en buena medida la cinta sobre el viaje fabuloso al interior de un cuerpo humano, es una respuesta afirmativa al impulso que la biología molecular tendría desde, al menos, los años 50 del siglo pasado.

Miret trae a cuento una legendaria conferencia impartida por el gran físico norteamericano, Richard Feynman, en 1959, para subrayar el mundo de posibilidades que comenzó a asomar por esos años.

“There´s plenty of room at the bottom”, fue el título de la charla de Feynman. Expresión que luego sería traducida como: “Queda aún mucho por descubrir en lo pequeño”.

De acuerdo con Miret, “esta frase suministró los fundamentos intelectuales del campo de la nanotecnología o la ingeniería a la escala de átomos y moléculas”.

El también profesor e investigador de física cuántica, no duda en afirmar en ese camino que “al entender mejor los mecanismos involucrados en los procesos vitales, podemos aprovecharnos de ellos y diseñar, por ejemplo, computadores cuánticos a imagen y semejanza de los seres vivos”.

Biología cuántica, libro

Podemos, continúa Miret, “influir externamente en la vida a través de la prevención y curación de enfermedades mediante nuevas terapias cada vez más sofisticadas, y, en general, mejorar nuestra calidad de vida a nivel energético, tecnológico, social e individual”.

De ello da cuenta, más de medio siglo después de Viaje alucinante, el anuncio de los investigadores a cargo del proyecto Sonobots, en la Universidad Politécnica de Zúrich, en Suiza.

No se trata de submarinos empequeñecidos a nivel molecular, sino de nanorrobots que, manipulados a través de ondas de sonido de alta frecuencia son capaces de dirigirse, dentro del cuerpo, hasta el sitio exacto donde se aloja un tumor.

El proyecto se encuentra en una fase muy preliminar. Han comenzado a experimentar en peces y consideran pasar a ratones pronto. Para llegar a humanos el camino es tan largo aún como prometedor.

Llamados también “nanonadadoras”, las partículas que el equipo de la Politécnica de Zúrich, son una burbuja de aire encapsulada dentro de una capa de polímero y una sustancia química susceptible de producir imágenes, lo que permite verla –y guiarla– utilizando ultrasonido.

Salvador Miret Artés
Salvador Miret Artés (Foto: fama-iff-csic.es).

El dilema al que se enfrentan estos científicos es que la fuerza que debe guiar a estos vehículos nanonadadores debe ser lo suficientemente fuerte para llevarlos a través del torrente sanguíneo, mas, al mismo tiempo, no tan fuerte como para afectar a los glóbulos rojos del paciente.

El profesor Ahmed ha declarado que se inspiró en cómo viajan los espermatozoides, “se adhieren a las paredes estacionarias de la vagina y las usan para guiar su movimiento hacia adelante. Movemos (los nano nadadores) a la pared y los manipulamos.”

En otros ámbitos de investigación, como la Universidad de Barcelona, por ejemplo, también se avanza sobre las posibilidades de los nanorrobots en el tratamiento de ciertas enfermedades.

En concreto, un equipo catalán ha venido trabajando sobre pacientes que han sufrido accidentes cardiovasculares. La intención es que estos nanorrobots pueden administrar medicamentos de manera directa sobre los coágulos que se han alojado en el cerebro.

De la ficción a la ciencia, se sabe hace tiempo, no hay un camino en una sola dirección. La ruta, así ha sido desde siempre, es de doble vía; ida y vuelta de conocimiento e imaginación.

Experiencia.

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