Peso digital mexicano: ¿Realidad o leyenda urbana?
Roberto Arriola García
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En el ambiente mundial flota la idea de las divisas digitales. Algunas naciones ya han dado los primeros pasos. ¿Y México para cuándo?

Imagen: Revista TNE.

Lectura: ( Palabras)

México lleva tiempo soñando con la idea de independizarse del dólar americano como divisa de respaldo a su moneda nacional. El sustituto probable son sus reservas en recursos naturales valiosos, tales como el petróleo, la plata, el oro y más recientemente, el litio. Sin embargo, el Banco de México ha presentado serios argumentos para no admitir alternativas al sistema actual, particularmente en referencia “al patrón plata”. El Banco de México sostiene que “(…) estas iniciativas serían perjudiciales para el bienestar público, debido a las distorsiones económicas que introducirían”.

Esta era contemporánea, cuyos rasgos aún no alcanzamos a definir, y por lo cual la llamamos “posmodernidad”, parece que ha empezado a mostrar un elemento característico, único nunca antes visto: las monedas digitales.

Lo que empezó como una iniciativa de algunos particulares como el Bitcoin, Ethereum o Degecoin; está siendo retomado por los bancos centrales de algunas de las principales economías del mundo.

Una peculiaridad de las monedas digitales emitidas por los bancos centrales es que el ciudadano común podrá invertir sus recursos en estas instituciones gubernamentales directamente. Esto sin que medie la intervención de la banca comercial o Casas de Bolsa entre otros jugadores del mercado de las inversiones.

criptomoneda
Imagen: Wild Entrepreneur.

A la fecha, hay al menos 50 bancos centrales del mundo que están estudiando la manera de lanzar su moneda digital. Ya lo han hecho el Banco Central de Bahamas y el Banco Central de China, a nivel de prueba piloto. Por supuesto, los Estados Unidos de América también están trabajando en su dólar digital a través del Sistema de la Reserva Federal; así como lo hacen el Banco Central Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra.

Actualmente las criptomonedas son más una clase de activo financiero que un medio de pago. Están respaldadas esencialmente por su emisión limitada y por la confianza del público, lo que le da su valor. Y en consecuencia, pueden potencialmente constituirse en un sistema financiero anónimo, independiente del control de los gobiernos.

Sin embargo, Venezuela, cuyo estilo de gestión es el paradigma a seguir de la presente administración de Andrés Manuel López Obrador, ha tomado también la idea de las monedas digitales como medio de financiamiento a su quebrantada economía. Vea usted en este video las aterradoras similitudes: PDVSA, el PETRO y la quiebra de VENEZUELA – VisualPolitik.

Para Venezuela el “PETRO” promete ser la solución financiera a todos sus males. Y aunque la naturaleza de las monedas digitales es estar basadas en la confianza del público. En el caso particular de Venezuela, en quien no confían ya ni los chinos ni los cubanos, ha sido necesario respaldar cada “PETRO” con un barril de petróleo, así como también con sus activos en oro y diamantes.

En otras palabras, como lo describe Francisco Monaldi, profesor del Instituto Baker de la Universidad de Rice en Houston, Texas:

“El petro es una criptomoneda que no es cripto, respaldada por reservas que no lo son, que sólo se puede monetizar con producción que está colapsando y expedida por un gobierno en “default” y sin dólares.”

petro, Venezuela
Imagen: Ciudad Valencia.

EN PERSPECTIVA, con las notables similitudes entre la Venezuela chavista y el México lopezobradorista no sería nada extraño, que por necesidad financiera o como un distractor más de orden político, el gobierno mexicano lance en un arranque nacionalista su peso digital. Claro, siempre y cuando, la Presidencia de la República logré someter al Banco de México como un organismo autónomo.

¿O usted qué piensa estimado lector? ¿Es el peso digital sucesor de la saga iniciada con la vacuna “Patria”? ¿Cómo se llamaría? ¿Le suena probable “El Juárez Digital”? Veamos, porque a esta tragicomedia aún le falta al menos su capítulo dos.

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