Percepción es realidad. Caso Nicaragua
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Acabo de estar en Nicaragua y regresé gratamente sorprendido de este pequeño país centroamericano cuyo PIB es menor al del Estado de México. Un país que, desde hace más de 10 años, lleva creciendo de forma sostenida…

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#Percepcion

Acabo de estar en Nicaragua y regresé gratamente sorprendido de este pequeño país centroamericano cuyo PIB es menor al del Estado de México. Un país que, desde hace más de 10 años, lleva creciendo de forma sostenida en alrededor del 4.5 por ciento. Me encontré gente trabajadora y dispuesta, porque se sienten cómodos con las reglas que el Gobierno de Daniel Ortega ha puesto sobre la mesa para mejorar su economía. Con alrededor de 5 millones de habitantes, Nicaragua es percibido por sus habitantes como el país más seguro de Latinoamérica y el segundo del hemisferio después de Canadá. Ojo, es su percepción, porque según datos del Wispindex del año pasado (World Internal Security and Police Index), por lo menos hay una docena de países latinoamericanos que se encuentran por arriba de Nicaragua en sus índices de seguridad. Sin embargo, el ciudadano de a pie se siente seguro, presume de ello y está convencido de que por eso la inversión –de nacionales y extranjeros– ha crecido en los últimos años. Pero además de la seguridad física que el nicaragüense percibe, esos ciudadanos sienten que la corrupción gubernamental es casi nula y que mucho de eso se ha logrado porque no hay impunidad. “El que la hace, la paga”, me dijo un Nica mientras saboreábamos un ceviche extraordinario.

Los incentivos fiscales en ese país centroamericano también lo han vuelto atractivo para traer inversión; y la certeza jurídica en temas como los derechos de propiedad, la promoción de competencia y la libre concurrencia, así como una legislación cada vez más esbelta en materia económica, lo hace el nuevo pequeño gigante de Centroamérica. Este país, que viene atrás de los demás en materia económica producto de una revolución muy reciente (de finales de los años 70), está haciendo lo que le toca para salir adelante.

En Nicaragua, el poder político nació de izquierda, pero en ese país aplica la frase del gran David Konzevik donde compara al poder con un violín, “se toma con la izquierda y se toca con la derecha”. Eso puede describir perfectamente lo que está pasando en Nicaragua. Un movimiento revolucionario de izquierda que terminó con un régimen autoritario de derecha –como fue el de Anastasio Somoza–, que llevó a la Presidencia a Daniel Ortega y se convirtió en un régimen socialista con tintes radicales en sus inicios pero que, con los años, se ha moderado; y ahora que ese mismo Daniel Ortega ha regresado al poder, después de unos años de ausencia, lo ha hecho con un movimiento social-cristiano, más moderado y más abierto. Con una economía que crece y que está abierta y agradece las inversiones que llegan a ese país.

En los últimos años, Nicaragua ha crecido por encima del promedio de Latinoamérica y el Caribe. Esto ha hecho que, aunque su índice de pobreza sigue siendo alto, casi ha descendido a la mitad del 2009 para acá. Lo interesante es que ha sido la percepción de que el país ya es seguro lo que ha logrado que, poco a poco, se convierta en realidad. Sus ciudadanos, empresarios, políticos, gobernantes y la clase trabajadora están hablando bien de su país y hasta lo contagian (aquí me tienen a mi dedicándole un artículo a este pequeño país de Centroamérica).

“Percepción es realidad”; ¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Los países donde sus ciudadanos todo el día se quejan de la violencia, de la inseguridad, de la corrupción, de la impunidad y otros males, son a los que coincidentemente los aquejan más esos mismos problemas. En México seguimos sin entender que, si no hablamos bien del país, no vamos a poder sacarlo adelante. Ya he dicho yo que para vender al camello hay que hablar bien de él. Entiendo que habrá escépticos que crean que lo que estoy diciendo es muy cándido y que, por más que hablemos bien de México, eso no resuelve la situación del país. No lo sé. Lo que sí tengo claro es que valdría la pena hacer el esfuerzo. Seguro no nos quitaría nada y probablemente nos la empezaríamos a creer; y en un consciente colectivo habría mejores vibras y energía. Eso mueve a todos positivamente y creo que nos sorprenderíamos de los buenos cambios que veríamos en nuestra actitud, en nuestro empeño, en nuestra atención y en nuestra creatividad. México tiene un gran valor que es su capital humano. Necesitamos animarnos para ver al país como un ganador, como un líder en el contexto mundial, como un referente de conductas y políticas públicas. Yo, sólo de imaginármelo, ya hasta me emocioné y me dan ganas de trabajar más, de ser más propositivo y de poner todo de mi parte para ver a mi país próspero y lleno de energía.

Persigamos los mejores valores que nuestro país nos ha dado, todo lo bueno que hemos recibido de él, veamos todo lo bueno que hay a nuestro alrededor en vez de destacar lo malo. Se vienen meses en los que los partidos políticos, los distintos suspirantes a la Presidencia, los sesudos analistas y los expertos de café, tratarán de llenar de grilla nuestro cerebro, destacando lo peor del contrincante, lo mal que le ha ido al país y el lúgubre futuro que se nos viene encima si no votamos por ellos. Es momento de prepararnos para percibir al país grande y hacer que esa percepción se haga realidad. No importa lo que pase, lo que nos digan para enrarecer el ambiente o lo que oigamos en las calles, los medios y los discursos. Lo que importa es en lo que uno cree. Si uno cree que está en un gran país, ése será el país que construya. Nicaragua lo está haciendo. México con su grandeza no puede quedarse atrás.

Si ustedes nunca venden pan frío… ¿por qué al país que les ha dado todo, no lo venderían como si fuera la última coca en el desierto? Exageremos en nuestro optimismo para compensar el bombardeo de cosas negativas que vamos a estar recibiendo en los meses por venir.

Feliz semana.

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Alfonso García

Excelente artículo y acertados comentarios y recomendaciones.
Ya no hablaré mal de mi País ni de todos los males que lo aquejan. Exaltaré lo mucho bueno que tiene y ofrece.
Ojalá muchos hagan lo mismo.
Saludos.

Gertie Agraz

Aplica el concepto de la “superestructura”: el conjunto de ideas, creencias, percepciones… “los cuentos que nos contamos” tantas veces que hasta los creemos… y funciona tanto si lo que contamos es malo como si lo que contamos es bueno.

Jorge Rosas

Me motiva mucho leer este tipo de artículos, pero sobre todo me compromete a luchar por que tengamos un mejor país y lo primero que haré, es no habler mal de él, lejos de eso, exaltaré todos los positivos que tenemos como mexicanos !!!
México es grande y poderoso, difundámoslo !!!!!
Saludois

José G Gambia S

Estimado Pepe, alabó tu permanente optimismo, sin embargo como lo mencionas en tu artículo en Nicaragua existe la percepción de que allá ni hay corrupción y cuando se da se castiga a rajatabla, cuando en nuestro país tengamos esa opinión de nuestros políticos y funcionarios, tendremos un México diferente y como allá reduciremos el número de pobres, y no como sucede ahora que aumentan cada día.. un abrazo a mi amigo.

Diana Ocon

Asi es, enfocarnos en todas las riquezas y oportunidades que tenemos como pais, como mexicanos…. hay mucho por hacer, pero tambien hay mucho de que hechar mano!!! De eso trata el gran reto… disfrutar el camino hacia un pais prospero y de calidad de vida para los qeu lo habitamos.

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