Pasión por las Letras
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Ése es el título con el que la película “Genius” llegó a la cartelera del cine mexicano.

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Lectura: ( Palabras)


CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#EscribeMas y #LeeMas.

Ése es el título con el que la película “Genius” llegó a la cartelera del cine mexicano.

A quienes nos gusta escribir, sabemos que en la escritura sacamos un pedacito de nosotros mismos. Contamos historias, reales o ficticias, que nos alimentan el alma de alguna manera; y, sin duda, lo hacemos con pasión, porque nos gusta expresar, escribiendo lo que sentimos, observamos, opinamos o imaginamos.

El viernes tuve el privilegio de ir al cine a ver una película que me gustó muchísimo. Se llama “Genius” y en México se le puso el título de “Pasión por las letras”.

La historia de “Genius” está basada en la relación que tuvo el escritor Thomas Wolfe –espléndidamente caracterizado por el actor inglés, Jude Law– con el editor Max Perkins –interpretado por Colin Firth– quien en las primeras décadas del siglo XX fuera el editor de grandes escritores como Ernest Hemingway y Scott Fitzgerald.

La película está ambientada en los años treinta de una manera excepcional e incluso la filmación se hizo en los tonos sepia que caracterizó al cine y los documentales de aquella época. Pero lo más importante que resaltó el director de la misma, Michael Grandage, fue el carácter de los personajes; desde un apasionado –pero equilibrado– editor, pasando por un Wolfe egocéntrico e inmaduro –pero de una creatividad y pasión desbordante–, hasta la amante de éste, Aline Bernstein (muy bien protagonizada por Nicole Kidman) quien reflejaba, a la perfección, el melodrama y la falta de amor propio.

Sin contarles la trama –ya que le echaría a perder la película a quien no la haya visto– sí quisiera platicarles lo que movió en mí y me llevo para mi reflexión.

Para mí, la escritura es una de las manifestaciones del ser humano que más deben apreciarse. No importa si es real o ficticia, ésta siempre deja algo en la persona que lo lee. Por más malo que sea el texto, algo nos deja; aunque sea identificar o reafirmar lo que no nos gusta.

Las letras, cuando son ficción, nos transportan a mundos lejanos, como el de Aldous Huxley en “Un mundo feliz”; escenarios fantásticos en “Las Crónicas de Narnia” o los libros Vernianos de “La Isla Misteriosa”; conspiraciones inimaginables en “1984” de George Orwell y personajes entrañables como El Quijote o Sherlock Holmes.

Las letras, cuando son de la realidad, nos regalan ensayos memorables como los de Octavio Paz en su “Laberinto de la Soledad”; biografías de personajes, tal es el caso de Gandhi de Stanley Wolpert o el Fouché o María Antonieta de Stefan Zweig; reflexiones para el alma como las de Osho, Bucay o Dispenza; o bien, narrativas apasionantes de la historia que van desde Plutarco y Bernal Díaz del Castillo hasta los historiadores de nuestros días como Miguel León-Portilla.

Lo importante de la escritura está en que comunica, invita a reflexionar, nos da conocimiento y nos mueve sentimientos. El lector nunca pierde cuando lee. Siempre se obtiene algo positivo y, gracias a la escritura, se han transformado personas, comunidades y naciones.

En mi caso, cuanto más leo descubro que hay muchísimo más que leer. No hay límite a lo que se puede aprender y, además, se tiene la ventaja de que cuando uno vuelve a leer algo que había leído en otros tiempos, lo aprecia de otra manera; incluso, podríamos darnos cuenta que nuestras reflexiones podrían ser muy diferentes entre sí. Si no, recuerden todos esos maravillosos libros que nos “dejaban leer” en secundaria y prepa y que lo hacíamos por obligación y no lo disfrutábamos. Si ahora cogemos algunos de esos libros, les aseguro que lo gozaríamos.

También digo que un buen libro es mejor que cualquier terapeuta. Acaba con la soledad, la depresión, la pereza, etc.

En este mundo que nos tocó vivir, la escritura se hace accesible a todos y tenemos las tecnologías para contar con una colección de libros maravillosos en nuestros celulares, sin pagar un centavo por ellos, por lo que las opciones son infinitas.

Mientras haya apasionados escritores, habrá apasionados lectores. Es una necesidad humana y yo, por mi parte, contribuiré en lo que escriba, siempre de una forma honesta, apasionada y comprometida.

“Genius” me animó a escribir más y, sobre todo, a leer más. Yo les recomiendo que la vean, pero si no lo hacen, espero que este artículo los motive a leer más; y por qué no, a que se atrevan a escribir. No saben lo bien que se siente.

Que tengan una gran semana.

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