México y la Primera Cumbre del T-MEC
Arnulfo R. Gómez

Valor Agregado

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El objetivo original de llevar a cabo una integración comercial y productiva con Canadá y Estados Unidos, con la incorporación de creciente valor agregado en la región, se desvirtuó en aras de un libre comercio totalmente dogmático.

Imagen: Grupo Beristain.
Imagen: Grupo Beristain.

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En días recientes tuvo lugar la Primera Cumbre del T-MEC, el Acuerdo Comercial de América del Norte que integran Canadá, Estados Unidos y México, con resultados muy interesantes sobre los problemas que aquejan a sus relaciones.

Al respecto, hubo un mensaje explícito sobre las condiciones laborales a las que se aspira en el bloque: salarios justos y democracia sindical. Se hizo especial referencia a la queja de Estados Unidos contra las elecciones sindicales en una planta de General Motors en Silao, Guanajuato, y la denuncia de un poderoso sindicato estadounidense contra presuntas violaciones a los derechos de defensa laboral en la manufacturera Tridonex de Matamoros, Tamaulipas.

México también señaló las presuntas violaciones a los derechos laborales de trabajadores jornaleros en Estados Unidos, que sufren falta de pago de salarios y de horas extras o la prohibición para organizarse y negociar colectivamente.

Asimismo, se hizo referencia a diversos problemas generados por el gobierno mexicano que, inclusive, han restado atractivo a México como destino de la inversión extranjera directa empezando por el muy bajo crecimiento económico y el freno en la dinámica de la Reforma Energética.

Conviene señalar que otros de los problemas que inciden negativamente en las relaciones con nuestros socios del T-MEC y diversos países son: la iniciativa de reforma sobre materia de subcontratación “outsourcing” que limita la flexibilidad en el mercado laboral; la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y la priorización de inversiones poco productivas, de bajo impacto económico y social en el entorno actual, como la Refinería de Dos Bocas, el Aeropuerto de Santa Lucía y el Tren Maya; así como otras medidas del gobierno de México en el sector energético, mismas que se consideran como elementos que han impedido la captación de mayores flujos de IED al país.

Katherine Tai, representante comercial de Estados Unidos y anfitriona de la cumbre, fue muy precisa respecto a la generación de riqueza en la región, señalando que: durante demasiado tiempo, la atención se ha centrado en las cadenas de valor globales como un sustituto para maximizar la eficiencia. Esa eficiencia ha demostrado ser perjudicialmente cara.

Y en efecto, México, que había sido designado como socio estratégico del TLCAN, no supo asumir su papel, pues nunca hubo una estrategia que le permitiera integrarse comercial y productivamente con Canadá y Estados Unidos, ya que no aprovechó sus ventajas comparativas y su complementariedad; así como tampoco hubo una política de fomento ni de competitividad para lograr añadir valor en el país y contribuir al incremento del valor de contenido regional en la producción compartida transfronteriza.

Sin duda, el enorme desconocimiento que han mostrado los teóricos y altos funcionarios de la operación real del comercio internacional y del comercio exterior mexicano, se ha traducido en resultados muy negativos en la economía mexicana y en el proceso de integración regional.

Esta situación ha sido agravada por el deseo mostrado por dichos funcionarios en querer participar de una manera totalmente irresponsable en las cadenas de valor mundiales e integrarse con todos los países, lo que hizo que se descuidara nuestra relación con los socios del TLCAN, el mercado más grande del mundo constituido por Canadá y Estados Unidos.

Así, la participación de Canadá y Estados Unidos como proveedores de México cayó de 77.42% en 1996, a 45.97% en 2020 y, aunque el porcentaje de nuestra exportación al TLCAN se mantuvo en un nivel superior a 80% en el período 1993-2020, ha sido fundamentalmente por la enorme importación temporal de insumos que realizamos de otras regiones, principalmente de Asia, y de China en particular, para ser reexportados con reducido valor agregado en nuestro territorio.

Comentarios

El objetivo original de llevar a cabo una integración comercial y productiva con Canadá y Estados Unidos, con la incorporación de creciente valor agregado en la región, se desvirtuó en aras de un libre comercio totalmente dogmático.

Como consecuencia, se cayó en un proceso de simulación y, erróneamente, se buscó firmar TLC´s con otros 52 países, desvirtuando el objetivo original de integración regional por el concepto de cadenas de valor, mismo que se tradujo en una atomización de nuestras reducidas fortalezas. De tal manera que, del total de 54 países con los que hemos firmado TLC’s, el número con los que registramos un déficit ha sido creciente, mismo que pasó de 29 en 1993, con un déficit de -10,554 millones USD, a 35 en 2020, por un total de -52,188 millones USD.

Para el período 1993-2020, el déficit fue con 38 países con un monto de -948,385 millones USD (Anexo 1).

Peor resulta que, con ese espíritu quijotesco mal entendido y la simulación que caracteriza a nuestros funcionarios, también se continuó con una apertura comercial indiscriminada, basada en una desgravación unilateral totalmente incoherente. Por eso, el número de países con los que no tenemos TLC y con los que registramos un déficit, pasó de 80 en 1993, a 89 en 2020 y, para el período completo con 113 países.

Así, del 1993 al 2020, el total de países con los que registramos un déficit alcanzó a 151, con un monto total de -2,350,564 millones USD, equivalente al 226% de PIB Total de México en el año 2020.

Apuntes finales

La nueva Administración en Estados Unidos ha generado un cambio de actitud hacia México, y es una oportunidad que debemos aprovechar para impulsar un proceso lógico de integración que incida positivamente en la generación de riqueza regional.

Es importante trabajar en los elementos que se han presentado como escollos en la Primera Reunión Virtual sobre el T-MEC que tuvo lugar hace una semana.

El TLCAN es el bloque que más ha perdido participación en la generación de riqueza a nivel mundial y, por ello, es necesario que México defina una estrategia correcta de acercamiento con sus socios del ahora T-MEC, a fin de aprovechar la buena disposición que han mostrado sus socios en esta nueva etapa.

Desgraciadamente, México es el gran perdedor del grupo, ya que en el período 2001-2016, sus principales variables económicas registraron retrocesos, lo que se manifiesta de una manera muy cruda en su caída como economía mundial al pasar de la 8ª a la 15ª posición en el período 2001-2019; situación que ha culminado, en el año 2020, con la caída del PIB Total de México hasta el 16º lugar, debido a que en estos 19 años perdió 1.01% de participación en generación de riqueza mundial.

Por lo que toca al PIB Per Cápita, cayó hasta el 76º lugar, con el nivel más bajo desde el 2009, con sólo 8,069 USD, mismo que se situó -26% por debajo del PIB Per Cápita Promedio Mundial que fue de 10,920 USD. Sin duda, una situación nada agradable, pues eso quiere decir que la pobreza en nuestro país cada día abarca a mayores núcleos de la población.

Pareciera que las “cadenas de valor” han sido comprendidas en su dimensión correcta por el gobierno de Estados Unidos, por lo que es vital que México diseñe una estrategia realista que permita añadir valor en nuestro país para aprovechar esta nueva etapa, en lugar de andar firmando TLC’s de manera irresponsable como lo hicieron en el pasado. Sin embargo, probablemente esa actitud seguirá en este sexenio, pues ya hablan de firmar un TLC con Corea y cualquier otro país que se les ocurra a nuestros funcionarios.

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