Las MIPYMES, un proceso, no un fin
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Después de un par de meses de dejar la pluma por diversas razones, como las vacaciones de Semana Santa y Pascua, un viaje a China del que ya escribiré más adelante y algunas otras vicisitudes, regreso para escribir con el gusto…

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CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#MIPYMEs

Después de un par de meses de dejar la pluma por diversas razones, como las vacaciones de Semana Santa y Pascua, un viaje a China del que ya escribiré más adelante y algunas otras vicisitudes, regreso para escribir con el gusto que me da y con el agradecimiento a El Semanario por este espacio que tan generosamente me otorga para expresar mis opiniones y escribir “de todo y de nada”.

Esta semana me quiero enfocar en un tema con el que convivo todos los días en mi vida laboral: las micro, pequeñas y medianas empresas del país, las famosas MIPYMES. Con el paso de los años se ha arraigado tanto el concepto de MIPYMES o PYMES, que la mayoría de la gente las ve como destino y no como un proceso. A veces, hasta siento que el concepto estorba un poco porque parecería que predestinamos a las empresas a quedarse de ese tamaño.

Veo tristemente cómo micro y pequeñas empresas, al pasar los años, siguen siendo micro y pequeñas empresas. ¡No crecen! Y en muchas ocasiones ese sello o etiqueta de ser MIPYME se convierte en el mayor freno para que el micro y pequeño empresario haga crecer su empresa: el psicológico.

Los dueños de las MIPYMES muchas veces se quedan en esa posición cómoda de mantener a su empresa de un tamaño suficiente para que viva “bien” y reciba algunos recursos de programas gubernamentales. Parecería que crecer les quitaría los privilegios de los programas financieros destinados para ellas, como son los del INADEM (Instituto Nacional del Emprendedor) o los propios de Nafin (Nacional Financiera), que obtienen a través de los bancos.

Qué decir de lo que sucede en el sector agropecuario, en el que el incentivo de crecer es poco menos que nulo, como resultado de los subsidios que se dan sin distinguir entre quienes realmente lo necesitan por ser campesinos con microempresas –casi de autoabastecimiento para su consumo y si acaso un poco más– o grandes productores que venden millones y millones de pesos; o en el sector pesquero que, en muchos casos, el objetivo del negocio es que les den dinero por (o subsidien) el diésel que necesitan los barcos. La realidad es que, como gobierno, tenemos que ser críticos de nuestras propias políticas que, en muchas ocasiones, en lugar de privilegiar el crecimiento de las empresas han propiciado que se mantengan chicas y mal acostumbradas a los subsidios y recursos “a fondo perdido” sin distinción.

¡México tiene que crecer! Y la única forma en que puede hacerlo es si las empresas crecen, no sólo en número sino también en tamaño, y logran aumentar su permanencia en el tiempo. Toda empresa, por más pequeña que sea, puede convertirse en una gran empresa.

Por mi parte, cuando tengo la oportunidad de participar en un foro con jóvenes o platicar con empresarios, es un tema del que hablo. Hace unos meses estuve en la Universidad La Salle de Oaxaca (por cierto, con unas instalaciones magníficas, producto del apoyo de don Alfredo Harp, oaxaqueño prominente) con un grupo de estudiantes universitarios relacionados con temas de emprendimiento. Esos jóvenes estudiantes traen todo el ánimo de emprender su nuevo negocio y, lo que yo les decía es que, desde la concepción del mismo, vieran dos cosas que son fundamentales:

  • La primera, es que sea global. En estos momentos ya no podemos pensar que los negocios se limitarán únicamente al ámbito local. No importa si en principio se trata de abrir una rosticería en Juchitán, debes pensar global. “El Pollo Feliz” no empezó con 500 sucursales, en dos países, desde el día uno.
  • La segunda, debe ser escalable. Es decir, debe tener un plan de crecimiento que no tenga límites. Recuerdo que les puse el ejemplo de don Lorenzo Servitje –quien por esos días acababa de fallecer– hijo de unos emigrantes de España y quien fundara una MIPYME que hoy es una de las empresas globales más importantes de México y de las más grandes del mundo en su sector. Grupo Bimbo: global y escalable. Les dije que ahí, en la Universidad La Salle de Oaxaca, podría estar el próximo Lorenzo Servitje; que no limitaran sus sueños ni sus esfuerzos.

Otro ejemplo claro es Fibra Uno. El año pasado tuvimos la oportunidad de contar con André Elman como conferencista invitado en la Reunión Nacional de Consejeros de Nafin. Durante su intervención, nos narró la historia de lo que hoy es la empresa más grande del país en materia de desarrollo y operación inmobiliaria. El tema central de su plática fue: cómo una empresa que nació como una tienda de pinturas en la colonia Roma, se convirtió en ese monstruo inmobiliario que es hoy. Otra vez, una MIPYME, que se convirtió en una gran empresa. “El Pollo Feliz”, “Bimbo” y “Fibra Uno” son claros ejemplos y como estos hay muchos, muchos más que nos dejan ver que prácticamente todas las empresas que hoy son grandes, nacieron pequeñas.

El esfuerzo, la tenacidad, el trabajo y, sobre todo, la mentalidad de los empresarios, es lo que hace que las empresas crezcan.

Por su parte, los gobiernos deben ser facilitadores para que eso se dé. Deben crear las condiciones físicas, jurídicas y financieras adecuadas para que los negocios crezcan y se reproduzcan. Deben dejar de ver a las empresas por el tamaño que tienen hoy y más bien, empezar a verlas por el potencial de lo que pueden llegar a ser y en esa forma apoyarlas.

Que tengan una buena semana llena de creatividad para hacer que sus empresas, actuales o futuras, crezcan y se globalicen.

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Pablo Galván

Sin duda la labor del gobierno a través de sus diferentes instituciones (NAFIN) es fundamental en el desarrollo y transición de PYMES a empresas. Pero la clave del éxito depende del empresario y sus colaboradores. De PYMES a la victoria !!!

Roberto Flores

Muy buen artículo y muy realista. Para cerrar la pinza habria que formular mecanismos de como hacer conscientes de esto a los empresarios.

Alfonso García

Bienvenido de regreso.
Se te extrañó.
Me atrevo a hablarte de tú porque creo que a mis 73 “primaveras”, (cada año tiene una estación de primavera) puedo tomarme esa libertad que espero que no te ofenda.
Estaré en espera de tus próximos artículos que siempre me resultan muy interesantes.
Recibe un cordial saludo.

Adriana Villanueva

Excelentes puntos de vista vertidos en este artículo. Saludos a los emprendedores.

José Acevedo Arjona (pepelatas)

Me gusta tu punto,de vista y los ejemplos que pones
Ya que un emprendedor siempre piensa,que es difícil lograrlo,por razones económicas o
Por qué no tiene contactos,pero el principal reto es romper paradigmas
Por qué generalmente el miedo,no los deja actuar.
Ese ánimo que les imprimes es un gran detonante
En Hora buena y cuenta conmigo para ser uno más de tus brazos de impulso.
Saludos afectuosos

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