De la imaginación, el miedo y la realidad
José Elías Sahab

De todo y de nada

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#Miedo Creo que el ser humano viene cargado con un cúmulo de miedos que se heredan de generación en generación de forma consciente pero, sobre todo, de forma inconsciente. Esto […]

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CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#Miedo

Creo que el ser humano viene cargado con un cúmulo de miedos que se heredan de generación en generación de forma consciente pero, sobre todo, de forma inconsciente. Esto muchas veces nos limita, pero en ocasiones, pasa exactamente lo contrario, es decir, nos ayuda a sacar temas adelante. En cualquiera de los dos casos, nos modela nuestro destino.

 

En mi opinión, el miedo es una de las dos fuerzas que mueven al ser humano a actuar de cierta manera. Toda conducta se deviene en su origen, ya sea por miedo o por amor. Hoy quiero hablar del miedo no como algo negativo, sino simplemente opuesto al amor. Ya me dedicaré en un artículo completo a hablar de la otra fuerza, el amor. Hoy sólo me limitaré a decir que el amor da y el miedo recibe y que no existe persona alguna que se abstenga de llevar su vida con estas dos fuerzas en constante convivencia. Así que, hoy reflexiono sobre el miedo.

 

Cuando pensamos en el miedo como concepto, en principio pensamos que es algo malo. Pero debemos reconocer que esa fuerza, muchas veces, nos hace actuar de forma adecuada. Desde temas cotidianos como subirnos a un puente peatonal porque nos da miedo ser arrollados por un coche si nos cruzamos por la calle; pasando por comer sano porque nos da miedo enfermarnos; hasta ahorrar de una manera ordenada porque nos da miedo que en nuestra vejez estemos desamparados. Algunos me dirán: –Nada de eso lo hacemos por miedo ¡Somos precavidos!– Qué bueno que seamos precavidos y previsores pero, si analizan las conductas antes descritas, podríamos decir que son positivas; así que si no nos engañamos, verán que lo que nos mueve –muy en el fondo– es el miedo.

 

En una sociedad como la nuestra estamos influenciados por nuestras tradiciones, creencias, medios, miedos, estereotipos y costumbres. Antes podíamos decir que, básicamente, por nuestro entorno, región donde habitamos y país donde nos tocó nacer; pero ahora está claro que nos influye todo lo que pasa en el planeta tierra ya que, en segundos, por medio de la tecnología nos enteramos de lo que está sucediendo en cualquiera otra parte del mundo. Esa información que vamos recogiendo de forma consciente, y muchas veces inconsciente, pero que se aloja en nuestro subconsciente para luego salir, nos va llenando de miedos que ahí están y se reflejan en nuestras acciones. Para que nuestra conducta haya sido impulsada por el miedo debe haberse imaginado una situación específica, independientemente de nuestra realidad. Por eso, imaginación, miedo y realidad son tres componentes que siempre van juntos en nuestro actuar en la vida cotidiana.

 

En cualquier circunstancia siempre imaginamos escenarios antes de actuar. Aunque sea una fracción de segundo antes. Todas nuestras decisiones, por más impulsivas, reactivas o instintivas que parezcan, se imaginaron antes, y al ejecutarlas crearon una realidad. No hay nada espontáneo que venga del miedo. Todo lo que viene de esa fuerza espera recibir.

 

¿Cuántas veces nos ha pasado que lo que imaginamos, y en nuestras mentes creamos, nada tiene que ver con nuestra realidad? El mejor ejemplo es cuando imaginamos situaciones caóticas que nunca pasan, problemas que parecen no tener solución que ni siquiera llegan. Enfermedades terminales simplemente porque al médico no le gustó un resultado y te pidió volver a repetir un estudio.

 

La imaginación no tiene límite y puede ser mucho más aterradora que la realidad. En la mayoría de los casos así es. Los enormes problemas que te imaginas que tendrás, en la mayoría de los casos no los tendrás en la realidad; pero ¡cómo nos encanta jugar de víctimas y preparar escenarios negativos! Eso nos pasa porque la fuerza del miedo es la que nos está moviendo a imaginar una situación, para luego enfrentarla de cierta manera. La mala noticia es que si persistimos en seguirnos moviendo por esa fuerza estamos destinados a crear esa realidad que imaginamos. Por ahí leí una frase que dice “Tu mente siempre llega a su destino antes que tu vida”.

 

Igual que la fuerza del miedo, la del amor también convive claramente con un componente de imaginación y otra de realidad. En ambos casos lo que imagines se puede convertir en tu realidad.

 

Mejor hagámoslo partiendo de la segunda, ¿no creen?

 

Los invito a que le den una pensada a este escrito, pero sobre todo, a indagar más a fondo sobre cualquier conducta del ser humano. Se darán cuenta que sólo hay dos fuerzas que nos mueven, el miedo o el amor. ¿Cuál utilizan más seguido?

 

¿Son más causa (amor) o más efecto (miedo)?

¿Son creadores (amor), o reactivos (miedo)?

 

Los dejo con más preguntas que respuestas. Yo todas las noches me pregunto: ¿Diste más de lo que recibiste?

 

Que tengan muy buena semana.

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