Infinitamente superior
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Como les comenté en mi artículo anterior, en mi opinión, el miedo es una de las dos fuerzas que mueven al ser humano a actuar de cierta manera

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Lectura: ( Palabras)


CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#Amor

Como les comenté en mi artículo anterior, en mi opinión, el miedo es una de las dos fuerzas que mueven al ser humano a actuar de cierta manera. La otra, infinitamente superior, es el amor. Hoy hablaré de esa fuerza a la que podríamos dedicarle tomos completos de libros.

 

Del amor se ha hablado desde tiempos inmemorables. Ahí tenemos que, desde épocas antiguas, el amor ha jugado un papel primordial en las civilizaciones. Hay dioses y diosas del amor en prácticamente todas. Desde Hathor en el antiguo Egipto, Eros en Grecia o Cupido en Roma, pasando por Kamadeva, la diosa del amor y el sexo en la India, hasta nuestras diosas: la maya Ixchel o la mexica Xochiquetzal.

 

Grandes guerras se han detonado en nombre del amor, como la de Troya; y amores épicos se han descrito en libros, como Romeo y Julieta.

 

El amor se ha representado en todo. Se han compuesto infinidad de canciones de amor, así como por amor se han hecho maravillosas obras (sólo basta con admirar el Taj Mahal). Se le ha designado un día, el de San Valentín (por más cursi que nos pueda parecer), se han hecho miles de películas y, sin temor a equivocarme, el amor está plasmado en la literatura como ningún otro tema.

 

Pero ¿por qué se habla tanto del amor? Porque es la fuerza superior que lo rige todo. Al final, de ahí venimos y hacia allá vamos.

 

En toda conducta humana hay una motivación; y ésta, cuando no es movida por el miedo, invariablemente es movida por el amor. Piense el lector por un momento en sus actividades cotidianas, por ejemplo, las de este fin de semana. Alguno(a) probablemente visitó a su madre, incluso comió con ella; otro(a) probablemente asistió a una gala de beneficencia o simplemente escuchó a un amigo. Todas esas conductas humanas se pueden derivar del amor. Conductas como darle un abrazo a una hija, sacar a pasear al perro o correr 5 kilómetros, también pueden derivarse del amor. Podría dar miles de ejemplos de conductas del ser humano que pueden provenir del amor, pero noten que –a propósito– en todas mis connotaciones uso la palabra “pueden”. Esto es así porque al final lo importante no es la conducta, el acto o comportamiento sino lo que lo motivó, ya sea el miedo o el amor. Un sinnúmero de conductas similares son motivadas por fuerzas distintas. Hay quien escuchó al amigo porque sintió que al hacerlo ese amigo se sentiría muy bien, contento y en paz (fuerza del amor); hay quien escuchó al amigo porque si no lo hacía podría perderlo, o podría recriminárselo (fuerza del miedo). En ambas es exactamente la misma conducta, pero motivada por fuerzas distintas.

 

Empatía, compasión, alegría, solidaridad, fortaleza, entre otras, son valores o sentimientos que derivan de la fuerza del amor.

 

De la misma forma, odio, rencor, envidia, avaricia, soberbia, entre otras, son derivados de la fuerza del miedo.

 

Cada día tomamos decisiones, cada día podemos elegir qué nos mueve para después tomar acción. Parece muy simplista pensar que sólo el amor o el miedo nos mueve, pero la realidad es que lo que hacemos, si lo analizan profundamente, tiene su origen en el amor o en el miedo. Sin duda, muchas veces es muy difícil identificar qué fuerza es la que nos mueve. El ego, ese gran conspirador que tenemos pegado a nosotros todo el día, nos nubla un poco la visión y distrae nuestra conciencia. Si no somos conscientes de lo que hacemos, ¿cómo entonces podremos identificar qué fuerza es la que nos hace comportarnos de una u otra manera?

 

Al igual que mi artículo anterior, éste nos deja más preguntas que respuestas. Creo que entre más conscientes somos, más podemos identificar lo que nos motiva; entre más observemos a nuestro ego, menos nos engañamos en cuanto a nuestra conducta. Al final, la receta para cada uno puede ser distinta; pero cada quien sabe, a veces muy en el fondo de su corazón, si actúa desde el amor o desde el miedo. El único que no se puede engañar a uno mismo, es justo uno mismo.

 

Como reflexión final pienso que si “Dios”, “La energía”, “La luz”, o como cada quien le quiera llamar, es amor, entonces no tenemos nada que temer. Dejemos al miedo lo más lejos que podamos y acerquemos al amor a nuestras vidas y a nuestras acciones.

 

¡Que tengan una gran semana!

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