Gracias música
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Cuando uno entiende la energía de la música, se pregunta ¿por qué no es obligatorio que todo ser humano aprenda a tocar un instrumento musical?

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#GraciasMusica

Cuando uno entiende la energía de la música, se pregunta ¿por qué no es obligatorio que todo ser humano aprenda a tocar un instrumento musical?

Esas vibraciones ordenadas y armónicas, que se traducen en algo agradable para el oído de quién lo escucha, se convierten en buena energía para el alma y en un momento de plenitud.

El compositor que, ordenando sonidos y silencios, logra hacer algo tan maravilloso como es la música, tiene todo mi reconocimiento. Primero, porque tiene un espíritu creativo. Donde no existía nada deja algo nuevo. Segundo, porque esa nueva creación tiene la virtud de generar energía e inspiración.

Mousike era el término griego que hacía referencia a la educación del espíritu bajo la inspiración de las musas de las artes. De ahí el origen del latín musica que nos lleva al término que hoy conocemos. Es entonces un arte, probablemente el más antiguo, variado y prolífico de todos; sin duda para mí… el más preciado.

Crecí en una familia donde siempre se escuchó música. Mis hermanas tocaban el piano y yo aprendí teclados. Al casarme, igual; mi familia política amaba la música, desde una pieza de Mozart hasta un buen mariachi.

Mi esposa y yo decidimos que nuestros hijos aprendieran algún instrumento y decidimos también que escucharan música de forma regular. El resultado ha sido positivo en muchos aspectos. Son niños más alegres, extrovertidos y sensibles, por decir sólo algunas de sus virtudes (¡qué voy a decir yo, si soy el papá!). La realidad es que en la música hemos encontrado, muchas veces, un punto de reunión, de fiesta, de largas conversaciones y de una buena manera de pasarla bien. Pero la música es mucho más que eso. Nos educa, nos transporta a lugares y países lejanos, nos recuerda alguna experiencia vivida, nos trae diferentes sentimientos y estados de ánimo, nos inspira, nos relaja en momentos y nos llena de adrenalina en otros. La música conecta de forma distinta con cada persona y por eso es tan versátil y tan diversa. Hay para todos los gustos.

Yo todavía no conozco a alguien a quien realmente no le guste algún tipo de música (aunque debe haber quienes así lo manifiesten). Se me hace imposible creer que alguien pueda ser inmune a la fuerza de la música, porque considero a la música como parte de nuestro ser.

En este Siglo tenemos la ventaja de que, gracias a la tecnología y a tan solo un click de distancia, tenemos al alcance cualquier tipo de música. Spotify, YouTube y Accuradio, por mencionar algunas, son las apps con las que puedes reproducir casi cualquier melodía que existe. ¡Es inacabable!

La música cura. El término musicoterapia, según La Federación Mundial de Musicoterapia, se refiere al uso de la música y/o sus elementos (sonido, ritmo, melodía, armonía) realizado por un musicoterapeuta calificado con un paciente o grupo, en un proceso creado para facilitar, promover la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, el movimiento, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, para así satisfacer las necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas. Tiene como fin desarrollar potencialidades y/o restaurar las funciones del individuo de manera tal que éste pueda lograr una mejor integración intra y/o interpersonal y consecuentemente una mejor calidad de vida a través de la prevención, rehabilitación y tratamiento…

La musicoterapia individual o colectiva hace que, a través de la música, mejoren los estados de ánimo de los pacientes y sirva en la prevención, promoción, recuperación y rehabilitación de la salud.

Al final, la música es vida, inspiración, creatividad, arte y un sinfín de cosas más. Hoy quise escribir del tema porque el domingo viví un momento de gran satisfacción y que quisiera compartir con el lector.

Mi hijo mayor, quien tiene 15 años, toca la batería y fue invitado a grabar con un grupo musical lo que podemos llamar “su primer sencillo”. Será parte de un nuevo disco que esperemos vea la luz este año.

Un querido amigo tiene un hijo muy talentoso que es compositor y tiene su grupo de rock que ya toca en diferentes lugares de la capital. Ellos, un grupo de chavos en sus veintes, de forma generosa, invitaron a mi hijo quinceañero, a que tocara y grabara con ellos. Me dio muchísimo gusto ver a mi hijo tan realizado y feliz. Tocó espléndidamente la batería y en sólo tres vueltas la canción quedó grabada. Toda mi familia estaba ahí y tanto sus hermanos como su mamá veían la energía y el entusiasmo con la que hacía retumbar la tarola y los tambores (él se sabe los nombres técnicos, yo no). Al final, todo el estudio de grabación era un espacio de buenas vibraciones y de una energía indescriptible. Fue un momento muy especial en su vida y, sin duda, en la de nosotros que lo acompañábamos. Fue tan especial que no quise dejar de destacarlo. Fue gracias a la música que nos reunimos, nos inspiramos, nos emocionamos y compartimos.

Gracias música; esa bella arte que ha tocado a tantos, ha roto corazones y los ha vuelto pegar; ha divertido a tantos y a tantos más ha puesto melancólicos; da identidad en sus himnos a los países, evoca, engrandece, calma y anima. Gracias música por abonar a que mi vida sea grandiosa y por darme momentos tan increíbles como los vividos el domingo pasado.

Que todos escuchemos más música, es mi deseo para todos en esta semana.

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