El día
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Para unos, el día está compuesto de 24 horas; para otros, de 12 horas laborables. Algunos señalarán que el día es el lapso comprendido de 9 a 3 o de 9 a 6 en…

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CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#Eldía

Para unos, el día está compuesto de 24 horas; para otros, de 12 horas laborables. Algunos señalarán que el día es el lapso comprendido de 9 a 3 o de 9 a 6 en el que hacen sus actividades laborales. Estos últimos llegarán a su casa y su cónyuge les preguntará: “¿cómo te fue en tu día?”.

 

Cuando por razones médicas tienes que quedarte guardado en casa todo “el día” puedes reflexionar que eso que llamamos “el día” es mucho más que un cúmulo de horas en el tiempo, una jornada laboral o una aburrida rutina preestablecida.

 

Al final, “el día” es lo que uno quiere que sea, pero además tiene dos componentes maravillosos que estimulan a hacer de “el día” algo extraordinario. Estos dos componentes son:

 

Primero: es único. Nunca jamás en la historia hubo un día igual al que inicias y nunca jamás habrá uno igual posteriormente. Es único por varias razones; lo lógico y que seguro se le vendrá rápidamente a la mente es la fecha. Efectivamente, como el ser humano organizó su calendario, todos los días-calendario son distintos y ya por ello son únicos. Pero, en mi opinión, hay razones más interesantes de por qué el día es único: la naturaleza te recuerda, con la salida del Sol, que cada día puedes escribir tu historia. Que ese día es una página en blanco para que tú la escribas. No existe nada, partes de cero. Qué gran oportunidad para ponernos creativos, ¿no? Es único también porque, si estás atento, te mantiene en el presente; y mientras nadie me demuestre que puedes estar simultáneamente en el pasado, presente y futuro, estoy convencido que es en el presente donde brillamos, creamos, trascendemos y logramos todo lo que soñamos –ojo, aunque nos lo reconozcan en el futuro o resolvamos problemas pasados–. Todo se hace en el presente, en el día (y ya le estoy dando una connotación bastante larga al presente, ¡todo un día!).

 

Segundo: es un regalo. ¿Cuánta gente se duerme y no llega a ver el día siguiente? Mientras lo sigamos viendo, considerémoslo como un regalo. Y si quieren ponerle más sabor a la recepción de su día, considérenlo como un regalo envuelto.

 

¿Cómo reaccionamos cuando recibimos un regalo envuelto? Normalmente lo recibimos con gusto, con curiosidad, nos emociona, queremos desenvolverlo rápidamente. Analicemos por un momento estas palabras que acabo de incorporar a mi escrito. Examinemos “con gusto”; un regalo se recibe con gusto. Piensen todas las mañanas, cuando se despiertan, si lo hacen con gusto, entusiasmo, o bien, si prefieren patear el despertador para acurrucarse en su cama unos minutos más como si por eso fuera a desaparecer su día, etc. Revisen su actitud ante “el día” que se asoma.

 

Sigamos con las palabras “con curiosidad”. Se despiertan y comienzan con frases como “¿Qué tal si hoy esto lo hago de diferente manera?”, “¿Y si busco a alguien que tengo tiempo de no ver?”, “¿Qué tal si aprendo algo nuevo?”. Se me podrían ocurrir miles de preguntas que podrían derivarse simplemente del hecho de ser curioso.

 

Las otras palabras que usé son “Nos emociona”. El día nos debe de emocionar, sacar lo que uno tiene dentro y lo que se siente bien en el estómago (el gut, le dicen los gringos). ¡Al final, la pasión se desborda y se logran cosas increíbles!

 

La última serie de palabras que usé para ejemplificar lo que nos pasa normalmente cuando recibimos un regalo es que “queremos desenvolverlo rápidamente”. ¿A poco no nos pasa que los días buenos se van rapidísimo y los malos duran una eternidad?

 

Veamos “el día” como un regalo y, al cabo de unos días se percatarán que, en el balance, tendremos cada vez más días buenos.

 

¿Quién no valora una pieza única e irrepetible? Si a mí me la ofrecen estaría dispuesto a pagar una suma considerable. Ahora imagínense que el vendedor que ofrece esa pieza única, desbordado en generosidad, nos diga: “y no me pague nada, es un regalo”. ¡Sería como para no creerlo! Pues qué maravilla tener como regalo, todos los días de nuestras vidas, una pieza única. Apreciemos pues “el día”. Ya traemos un gran saldo a nuestro favor desde que amanecemos. Dejemos de ver “el día” como las horas, minutos y segundos que hay en él y veamos más lo que hacemos con esas horas, minutos y segundos únicos, irrepetibles y regalados.

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