Diálogo contracorriente
Manfredo Martínez

Sociedades del Siglo XXI

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El gran ausente en el proceso es el partido Libertad y Refundación (LIBRE) del expresidente Manuel Zelaya Rosales, un veterano político que sufrió una repentina metamorfosis desde el centro derecha hacia la izquierda radical, a raíz de la…

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Este martes 28 de agosto la historia política hondureña registra la instalación formal del diálogo político entre tres fuerzas políticas mayoritarias en el país, con la “presión” de la comunidad internacional y la gestión de una junta de convocantes que se activó después de las elecciones de noviembre del año pasado a raíz de un supuesto fraude electoral. A través de cuatro mesas técnicas se abordarán temas como: Proceso electoral 2017 y reelección presidencial; Derechos Humanos; Reformas Constitucionales y Estado de Derecho; y, Reformas Electorales. El gran ausente en el proceso es el partido Libertad y Refundación (LIBRE) del expresidente Manuel Zelaya Rosales, un veterano político que sufrió una repentina metamorfosis desde el centro derecha hacia la izquierda radical, a raíz de la intempestiva destitución de la presidencia de la república por querer impulsar un plan de reforma constitucional que abriera camino a una reelección.

Para empezar, la negativa del expresidente Zelaya Rosales es una clara muestra de ser un actor caprichoso que constantemente siembra una retórica de animadversión contra los opositores políticos en el espacio público mediático; pero apartado de los focos de prensa mantiene dosis de cordialidad y cercanía con los miembros de las instituciones políticas adversarias, a las que acusa de ser instrumentos ideológicos al servicio de los Estados Unidos. Como ejemplo, en reiteradas ocasiones este veterano dirigente político ha manifestado sus deseos de reelegirse en el cargo presidencial.

expresidente de Honduras
Manuel Zelaya Rosales (Foto: www.radioamerica.hn).

Pienso que esta es una oportunidad propicia para que haya acuerdos perdurables y vinculantes a fin de modernizar el escenario político nacional. El hecho de que los países amigos de Honduras apoyen el diálogo y sea particularmente impulsado desde las Naciones Unidas por Igor Garafulic, coordinador residente del organismo internacional en el país, es una clara demostración de que la institucionalidad hondureña debe reflejar una mayor madurez política y tomar con seriedad lo pactado en espacios como estos y con ello evitar ceder a los vaivenes y ambiciones políticas que crean los contextos no deseables de convulsión social, como los acaecidos en junio de 2009 y noviembre de 2017. El hecho de que Igor Garafulic -en funciones diplomáticas desde febrero de este año- haya afirmado que en el diálogo “no hay temas vetados o prohibidos” constituye, en sí mismo, un mensaje de invitación a desprenderse de estrategias preconcebidas de anteponer beneficios particulares partidistas a los de la nación.

Por otra parte, este momento de amplia concentración mediática y diplomática debe servir como una plataforma pública que permita conocer las verdaderas intenciones de los líderes políticos y evaluar si las mismas están verdaderamente ceñidas -a través de la acción- al documento denominado “Compromiso por Honduras, Reconciliar para Transformar”. De manera tal que es tiempo de reorientar los esfuerzos hacia la generación de verdaderas y sostenibles alternativas de cambio socioeconómico en un país de donde emigran unos trescientos ciudadanos, de acuerdo con datos socializados por la religiosa Sor Lidia Mara Silva de Souza, de la Pastoral de Movilidad Humana.

religiosa
Sor Lidia Mara Silva de Souza (Foto: www.latribuna.hn).

Bajo mi punto de vista, el diálogo recién concertado e iniciado debe abrir puertas y avenidas tendientes a potenciar los esfuerzos de retención de los emigrantes en sus lugares de origen y posibilitar una vigorosa cohesión entre el aparato educativo y laboral, a fin de generar puentes de transición del primero al segundo.

En definitiva, para que el proceso -que durará unos dos meses, de acuerdo a los participantes- tenga éxito, debe haber una amplia manifestación de tolerancia y posibilitar la armonía y consecución de los objetivos comunes que requieren ser trazados para evitar a futuro episodios como el gestionado actualmente. Para ello, es necesario saber escuchar para gestionar el cambio desde la diversidad socioinstitucional.

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