Correr o no correr (¿Ése es el dilema?)
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Los que corren dicen que es mejor correr, se tiene mejor condición física y se quema mayor número de calorías en menor tiempo.

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#Correr

Para los que hacen ejercicio, todos los días, mi mayor reconocimiento.

A los que como a mí, les cuesta trabajo hacer ejercicio, se darán cuenta que siempre nos llenamos de pretextos para no ir a hacer esa actividad deportiva que estábamos tan dispuestos a llevar a cabo.

―Es que está lloviendo ‒a veces decimos‒.

―Ando medio agripado ‒también es otro pretexto‒.

―Ya no me dio tiempo ‒ésa no falla y es la que más nos gusta aplicar‒.

La realidad es que los que no hacemos ejercicio es porque no nos gusta, nos da pereza y no nos interesa. Yo hasta tenía un dicho que era “cuando me dan ganas de hacer ejercicio, me duermo hasta que se me pasen”. Pero la realidad te pone en tu lugar rápidamente y hace que pienses dos veces si realmente hacer ejercicio es, al final, un gusto o una necesidad. En mi caso, el mensaje de que se debe hacer ejercicio me llegó cuando me cansé muy pronto, mientras jugaba con mis hijos y ya no pude seguir. ¡El problema es que fue muuuuy pronto! La realidad es que eso me pasa por llevar una vida sedentaria.

En la reflexión de esta semana, entonces, está que lo importante es evitar a toda costa la vida sedentaria. No importa lo que hagamos, hay que estarse moviendo todo el tiempo. El cuerpo humano está diseñado para moverse, no para estar sentado horas tras un escritorio o viendo la tele. Hay miles de teorías acerca de por qué hacer ejercicio es bueno para la salud, no me voy a detener en ninguna de ellas. Yo creo que lo que importa es moverse. No importa cómo ni dónde.

Antes del siglo XX los clubs eran sociales, los gimnasios ni existían, así como tampoco el concepto de hacer ejercicio como lo conocemos ahora. Fue en Atenas, en 1896, cuando se hicieron las primeras olimpiadas modernas y se vio al deporte como algo más organizado. Los equipos de futbol del mundo también se organizaron en la segunda mitad del siglo XIX. Pero antes de eso la noción de hacer deporte no era un tema que destacara, por decir lo menos, dentro de los anales de la historia (sí, algunos me recordarán a los griegos en sus olimpiadas antiguas o a los mayas en su juego de pelota). Lo que sí pasaba es que la gente se movía por necesidad. Desde aquellos aztecas que, corriendo, le traían desde el Golfo su pescado al jerarca Moctezuma, pasando por todos los misioneros que evangelizaron a las poblaciones a las que llegaban, hasta aquellas personas que vendían sus productos de pueblo en pueblo para ganarse la vida. Si no tenían el privilegio de contar con un caballo, mula, camello o animal de cuatro patas que los transportara, caminaban. Ése era su ejercicio. Hoy los que caminan dicen que es el mejor ejercicio, sobre todo si se hace a paso firme y constante, con el beneficio adicional de que no te dañas las rodillas como cuando corres. Los que corren dicen que es mejor correr, se tiene mejor condición física y se quema mayor número de calorías en menor tiempo. Los que nadan, te dicen que su actividad es la más completa, ya que mueven prácticamente todos los músculos y no es un ejercicio de impacto. Ahora hay miles de nuevas fórmulas deportivas que se dicen las más completas, desde crossfit, pilates, 54D y kickboxing, hasta zumba, cuerdas y power walk. Al final, todo se resume en una cosa: ¡MOVERSE!

Así, todo lo que conlleve moverse, es útil a nuestro organismo. Los músculos se mueven y fortalecen, sobre todo el corazón; la respiración mueve nuestros pulmones y oxigena todas nuestras células, manteniéndolas sanas; nuestras articulaciones se mueven, lo que les da flexibilidad de movimiento y resistencia. En fin, la vida misma es constante movimiento. Si en nuestros pensamientos, ideas, proyectos, etcétera, estamos en constante movimiento, ¿por qué no hacemos lo mismo con nuestro cuerpo? Al final, es el templo donde contenemos todo nuestro ser. Movámoslo a buenos ritmos para mantenerlo sano.

A quienes no les gusta ir al gimnasio, hacer algún deporte o tener rutinas de ejercicio, simplemente muévanse cada vez que puedan. Si tienen la oportunidad de subir una escalera (las eléctricas no cuentan), ¡súbanla! Si en su hora de comida pueden salir a caminar después de comer, ¡caminen! Si están viendo la tele en su casa y pueden pararse y moverse como quieran, ¡párense y muévanse! Parémonos de nuestra silla para saludar; salgamos de nuestra oficina para ver a nuestros subordinados, jefes y compañeros en las de ellos; guardemos y saquemos cosas nosotros mismos. Hay miles de cosas que podemos hacer para estar en movimiento, aunque socialmente no estén consideradas como “hacer ejercicio”, pero que nos mantienen saludables y atentos. Hay muchos pretextos para no hacer ejercicio, pero no tenemos forma de justificar el no mantener a nuestro cuerpo en constante movimiento. Movámonos, respiremos profundo y vivamos felices.

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