Añoranza del ayer (1 de 3)
José Elías Sahab

De todo y de nada

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Ahora que inicia el mes patrio, quiero invitar al lector a acompañarme por un recorrido por esa Nueva España de finales del siglo XVIII, en la que diferentes acciones de la monarquía crearon descontento entre la población criolla y…

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#Añoranza

Ahora que inicia el mes patrio, quiero invitar al lector a acompañarme por un recorrido por esa Nueva España de finales del siglo XVIII, en la que diferentes acciones de la monarquía crearon descontento entre la población criolla y mestiza que la habitaba en esos ayeres.

Los Borbones entraron en escena, y con ellos la dirección política, administrativa y económica de las Américas. Carlos III impuso a un visitador para la Nueva España, José de Galvez, quien llegó para asumir funciones por encima de las que tenía el Virrey y creó conflictos entre ellos, ya que el virrey respetaba ciertas autonomías de ayuntamientos en la administración y el nuevo visitador instauró nuevos impuestos, monopolios reales y otras medidas que afectaron seriamente la economía de este país, todavía español.

Con Carlos IV, esas medidas despóticas se agravaron y, si además le agregamos que se expulsó a los jesuitas, el descontento fue generalizado y se empezaron a ver las primeras reacciones sociales.

El mundo también estaba en crisis. En 1776, los norteamericanos se independizaron de los ingleses y en Francia se orquestaba el derrocamiento de Luis XVI, lo que terminó con la monarquía en aquel país tan sólo 13 años más tarde. Estos acontecimientos serían claves para alborotar más a los habitantes de la Nueva España.

Un año clave para abrir las consciencias de los habitantes de la Nueva España fue 1785. El año de las inclemencias del tiempo. Una espectacular sequía, donde la escasez de lluvia azotó a toda la zona productiva del país, fue seguida de una helada que prácticamente acabó con todos los cultivos, trayendo como consecuencia hambre, enfermedad y muerte. Hubo ahí, como siempre sucede en las tragedias (me acuerdo de Odile en Los Cabos), quienes robaron y acapararon alimentos para especular. El gobierno, en una reacción torpe, emitió una orden (más leyes sería en la actualidad; como si eso ayudara en algo) que prohibía el acaparamiento del trigo y del maíz; dicha medida fracasó, provocando las primeras migraciones rurales a centros urbanos. Hubo miles de muertos, sobre todo en el centro del país en regiones como Querétaro, Michoacán y Guanajuato, precisamente donde a principios del siglo XIX se conspiró para hacer la independencia.

Para seguir alimentando el hartazgo, un año después, en 1786 se dividió al país en 12 intendencias (se puede decir que el antecedente de lo que ahora son los Estados de la República). La intención era que se unificaran criterios de administración y así facilitar su gobierno y el recaudo. La Secretaría de Hacienda de entonces, llamada la “Real Hacienda”, aumentó los impuestos (sí, ya desde esos tiempos) y los enviaba a la madre patria, lo que afectó directamente al poder local que tenían los ayuntamientos. El monarca tenía poder y control de todo, como nunca lo había tenido, y eso no gustaba.

Terminó así el siglo XVIII y Carlos IV empezaba a sumar descontento en sus colonias novohispanas. También era enemigo público de los ingleses, ya que éstos habían ocupado Manila en 1765, cuando todavía reinaba Carlos III. El hijo y sucesor se enfrascó en un pleito con la monarquía inglesa, que lo llevó a una guerra con ese país en 1804. Al necesitar dinero fresco para sus guerras, secó más las arcas de las colonias, e incluso de las instituciones eclesiásticas de por acá, consolidando lo que llamaban los “vales reales”, que básicamente era quedarse con los préstamos que la iglesia hacía y las propiedades que los deudores dejaban en garantía. ¡Más descontento! Ahora de todos, porque muchos quedaron en bancarrota y sumidos en la pobreza.

Lo anterior hizo de Carlos IV una figura nada popular, y a eso se le sumarían los serios problemas con la Francia Napoleónica que, amenazante, crecía en poder, en esa Europa de principios del siglo XIX que se encontraba en franca disputa entre unos y otros. La semana que entra continuaré narrando esta “añoranza del ayer” que muchos llaman “el pasado”, en la que hablaré de la lucha de independencia contra Francia (¡si nos independizamos de España! ¿O qué no?).

Que tengan una buena semana.

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Araceli Rodriguez

Me encanto, un resumen excelentes y muy buen conocimiento de la historia universal, espero con gusto el artículo de la próxima semana, mil gracias

Salma

Excelente artículo ! Muy buena información. Felicidades

Ma. Guadalupe Chéquer M.

Pepe Elías, siempre interesante, claro, preciso y muy agradable de lectura tu artículo.

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