¿Alguien sabe qué es eso del D.F. o la Ciudad de México?
José Elías Sahab

De todo y de nada

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#DF_CDMX Hasta que alguien me explique claramente qué diferencia habrá entre una y otra, difícilmente podré dar mi opinión sobre si estábamos mejor como D.F. o lo estaremos como Ciudad […]

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CATEGORÍA: De todo y de nada | Opinión


#DF_CDMX

Hasta que alguien me explique claramente qué diferencia habrá entre una y otra, difícilmente podré dar mi opinión sobre si estábamos mejor como D.F. o lo estaremos como Ciudad de México. Los grupos que se han formado para hacer la Asamblea Constituyente deben estar trabajando en lo que será un proyecto de Constitución, así como en las nuevas reglas por las que nos habremos de regir todos los… ¿chilangos? ¿defeños? dejémoslo en “habitantes de la CDMX”. Prometo, pronto, hacer un estudio mucho más profundo de los pros y contras del tema; pero hoy quiero compartirles que, la semana pasada, estuve preguntando a diferentes personas (10 en total) lo que opinaban de que el Distrito Federal se convirtiera en la Ciudad de México. He aquí las respuestas. Algunas de ellas, por cierto, no tienen desperdicio. Omito nombres, pero describo claramente el perfil del ciudadano que aportó su punto de vista.

 

Lo primero que me di cuenta, en mi curiosidad por conocer la opinión de los ciudadanos, es que hay un claro desconocimiento del tema. Incluso, hubo dos personas que no tenían la más peregrina idea de qué les estaba hablando. Ocho ciudadanos de los 10 a los que les pregunté vivían en el D.F., y los otros dos en Cancún –a quienes abordé aprovechando un viaje de trabajo que realicé por allá–. Ante mi sorpresa, los dos ciudadanos que no tuvieron ni idea de lo que les estaba hablando… ¡no fueron los de Cancún!

 

La primera respuesta, de un empresario en tecnologías de información y comunicaciones, fue muy interesante. Me dijo:

– Pues más chamba mi Pepe, imagínate cambiar los sistemas, los procesos, el software, sólo para empezar. Es una lana.

Yo lo interrumpí y le dije:

– No, pero antes de que pienses en el negocio, ¿qué opinión tienes de que ahora la capital se vuelva la Ciudad de México?

Entonces me contestó:

– Yo de política no entiendo nada, y me da la impresión de que no nos va a afectar en nada. Y remató preguntándome:

– Y, ¿ya somos Ciudad de México formalmente o cuándo empieza?

 

Una profesionista (contadora) de la tercera edad me dijo:

– Pura grilla, y más dinero gastado de los contribuyentes.

– Y ¿por qué es así? ¿Ya sabes cómo va a estar? ‒pregunté yo.

– Ni idea, ni creo que nadie sepa –contestó ella.

 

Un bolero de la Av. Insurgentes me contestó lo siguiente:

– Jefe, es que ahora sí nos vamos a convertir en ciudadanos de “a de veras”.

– Y ¿por qué? ‒le pregunté yo, mientras me daba una boleada.

– Chale jefe, ya me la puso difícil. Es que así me dijo un sobrino que está en el Gobierno de Mancera.

 

Los dos personajes de Cancún, uno de ellos limpiaba el baño de un hotel y el otro, un bell-boy, me contestaron prácticamente lo mismo; y debo confesarles que me llamó mucho la atención. Me dijeron, con distintas palabras, que estaban de acuerdo en que el D.F. se convirtiera en la Ciudad de México porque ya íbamos a ser como todos los demás y no sería más Ciudad que ninguna otra. A ambos les pregunté por qué consideraban al D.F. más ciudad que cualquier otra, y los dos dijeron que por ser la capital, por ser la ciudad más grande; y uno de forma burlona fue más allá y dijo:

– Y, además, esos chilangos se creen mejores que uno. Entonces, ya todos seremos iguales.

Me extrañó un poco ese último comentario y le pregunté:

– Oiga ¿y qué va a ser distinto a antes?

– Nada patrón –me contestó.

 

Increíblemente uno de mis entrevistados, arquitecto y constructor con mucho éxito y que construye en el D.F., fue uno de los dos (el otro era un limpia parabrisas de la calle) que no tenía ni idea que se estaba gestando la Constitución de una nueva soberanía llamada Ciudad de México.

– ¿Cómo está eso? ‒me dijo entre exaltado y sorprendido.

– ¿Qué no has visto las noticias o leído el periódico? ‒le pregunté.

– No, ya ves que ya no veo ni escucho nada de eso; y mejor me concentro en mi chamba, así ni me amargo, ni me dejo influenciar.

Ahí le platiqué que escribía en El Semanario y que, si me leía, no se iba a amargar. Los dos nos reímos, pero cuando le expliqué que el D.F. se convertiría en la Ciudad de México ya no me reí tanto, porque me di cuenta que yo no sabía explicar el tema. Ahí andaba yo de preguntón… pero no conocía nada el tema. De hecho, mientras escribo, me doy cuenta que no sabemos nada; y creo que sí es un acontecimiento muy importante y de trascendencia para la vida de nuestra ciudad.

 

De los demás entrevistados (un banquero, un dueño de un fondo de inversión, un chavo que está haciendo su servicio social y una empleada doméstica) no hubo uno que supiera algo más que lo que básicamente sabemos hoy. Que nuestro amado Distrito Federal se convertirá en nuestra amada Ciudad de México. Que ya están los actores que determinarán las reglas, e imagino que ya estarán definidos los tiempos en que todo debe quedar listo y, seguramente, algunos ya sabrán los alcances –si es que habrá algunos– que tendrá esta Reforma Constitucional.

 

Para el ciudadano de a pie que habita en la capital de nuestro país, no hay nada de claridad sobre el tema de convertirnos en la Ciudad de México. Sólo hay preguntas (que, además, ni sabemos si son las correctas) y ninguna respuesta.

 

Termino entonces mi artículo como lo empecé. ¡Que alguien me explique claramente las diferencias entre el Distrito Federal y la Ciudad de México!

 

A los chilangos que me leen, hagan sus propias investigaciones. Si ya saben de qué se trata, les pido que me den luz; yo de plano ando a oscuras en esta iluminada ciudad.

 

Que tengan una buena semana.

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