Una belleza lacustre “herida”
Alejandro Ramos Magaña
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Mucho se presume que México siempre muestra su gran unidad tras los desastres naturales, pues aquí en Tláhuac hay uno que, aunque silencioso, reclama…

Foto: Proceso.
Foto: Proceso.

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Es la misma historia de siempre. La historia de un fracaso.

Por eso las narrativas de denuncia, quejas e inconformidades no cesan en México. Lo que crece anárquicamente se reproduce en medio del caos que la originó. Y el desastre se acumula por años, mientras los gobiernos y banderas políticas pasan y reciclan vicios y métodos torcidos.

Esta vez tenemos un espacio natural contaminado, olvidado y sumido en el caos urbano en el sur de la Ciudad de México. 

Las aguas residuales de asentamientos urbanos desordenados del barrio de Guadalupe aceleran el deterioro de una zona lacustre que data de la época prehispánica: el Lago de los Reyes Aztecas, ubicado en el barrio de los Reyes en San Pedro Tláhuac y cercana a la avenida Tláhuac-Tulyehualco.

aguas residuales cerro estrella
Foto: Sectei CDMX.

La falta de drenaje de más 500 viviendas eleva el riesgo de la sustentabilidad del lago –el cual se recarga con las aguas residuales tratadas que provienen de las plantas de tratamiento del Cerro de la Estrella en Iztapalapa–. Estas descargas domésticas estimulan la reproducción de algas, las cuales reducen el ancho de los canales del lago, demandan más oxígeno afectando a la fauna acuática y detonan la proliferación de parásitos, hongos y bacterias.

Este cuerpo de agua, que debería ser un gran polo turístico de la Ciudad de México, también se ha convertido en el basurero de la región, pues proliferan las botellas de PET, latas, bolsas de golosinas, vasos de unicel y hasta residuos de la construcción, entre otros.

El Lago de los Reyes Aztecas perteneció a los lagos de Chalco y Xochimilco en el esplendor prehispánico, y posee una superficie de 2 hectáreas. En 1987, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró como Patrimonio de la Humanidad la zona denominada “Centro Histórico de la Ciudad de México y Xochimilco”, el cual incluye a dicho lago de Tláhuac.

Vale decir que este decreto es relevante, pues reconoce el valor cultural, patrimonial y ambiental debido a la existencia de bienes inmuebles que datan de la época de la Colonia, y por los vestigios de acuíferos y lagos que pertenecieron a los períodos prehispánico y colonial.

zona lacustre México
Imagen: Pinterest.

Por sus canales –con una longitud de 3 km– se realizan paseos en trajineras, y en algunas de las chinampas hay siembra de hortalizas, en otras desaparecieron los cultivos para convertirse en espacios para convivencia social, se rentan.

También algunos propietarios de las chinampas (modelo que implicó la base de la agricultura) se han dedicado a rellenar con tierra las mismas con la finalidad de ampliarlas para generar negocios, pero al hacerlo afectan el espejo de agua.

En época invernal esta zona lacustre es el hábitat temporal de las aves migratorias que provienen de Canadá y Estados Unidos, y en la fauna acuática aún es posible encontrar ajolotes, culebras, carpas y patos silvestres migratorios.

También la zona es visitada por águilas, halcones, cotorros, cenzontles y gorriones, los cuales aprovechan los ahuejotes, eucaliptos, sauces, fresnos y cedros; sin embargo, el 50% de esta masa forestal, principalmente ahuejotes y eucaliptos, se encuentran infectados por el muérdago (planta semiparásita).

Lago de los Reyes Aztecas
Foto: Megalópolis.

La proliferación de algas se concentra en la colindancia de los canales del lago con la zona urbanizada, y es un signo inequívoco de la contaminación de las aguas por las descargas directas de las viviendas, lo cual representa un daño al ambiente y una potencial afectación a la salud.

Los operadores de las trajineras comentan que las tareas de dragado son constantes, pero que el problema de fondo (el desarrollo urbano anárquico) no se ha logrado solucionar y lleva más de 35 años.

Ninguna autoridad en la alcaldía o antes delegación ha podido remediar la situación. El último intento mayor fue el que realizó Gilberto Ensástiga Santiago, cuando fue jefe delegacional de Tláhuac (2006-2009), pues en su trienio buscó el apoyo del gobierno capitalino que entonces encabezaba Marcelo Ebrard para sanear el lago, recuperar flora y fauna nativas, y ordenar el drenaje urbano del entorno. Esto último implicaba también ordenar el desarrollo urbano de la región, y no se logró por falta de recursos, marcos jurídicos, y por las flaquezas y omisiones de las autoridades del gobierno del entonces D.F.

Sin duda, la misión de este tipo de rescates o rehabilitaciones son a largo plazo, 10-20 años, y requieren de financiamiento sostenido y de marcos normativos y decretos muy definidos de desarrollo urbano.

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Foto: El Universal.

Ensástiga Santiago quiso reproducir en Tláhuac el modelo de rescate del río Magdalena (único río vivo a cielo abierto que le queda a la Ciudad de México), cuyos trabajos iniciaron en 2008 y aún continúan. En este gran esfuerzo interinstitucional han intervenido la UNAM, la UAM Xochimilco, la Secretaría de Medio Ambiente capitalina, la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT), expertos de la Semarnat, Comisión Nacional Forestal y las autoridades de la Alcaldía Magdalena Contreras. 

Sin embargo, el problema que enfrentan autoridades y expertos en este tipo de rescates es que cada año afloran nuevos asentamientos irregulares en torno al río Magdalena y lo vuelven a contaminar con las descargas, y esto frena el desarrollo del plan maestro de conservación ecológica.

El Lago de los Reyes Aztecas es un tesoro lacustre con enfermedad crónica, y el riesgo que corre no sólo es que incremente el desequilibrio ambiental de la región, sino que pierda la categoría universal que le otorgó la UNESCO.

contaminación lagos en CDMX
Foto: Chilango Ecológico.

Si las autoridades de los tres órdenes de gobierno no pueden lograr rescates mayores de los recursos naturales de México, ahí están las universidades, las ONG y la sociedad organizada para que abanderen estas causas y sean ejemplo.

Mucho se presume que México siempre muestra su gran unidad tras los desastres naturales, pues aquí en Tláhuac hay uno que, aunque silencioso, reclama esa unidad para su rescate permanente.

Los discursos oficiales siempre nos dicen al cansancio la necesidad de conservar los recursos naturales, pero no se ven los compromisos ni los hechos concretos, sólo vemos a políticos y funcionarios brincar como trapecistas.

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