El golpe de NYT sacude estructuras y genera crisis interna

La investigación periodística de The New York Times sobre el desplome de un tramo elevado de la Línea 12 de Metro golpeó en las estructuras de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, y ya generó una crisis política interna.

FOTO: Cuartoscuro.
FOTO: Cuartoscuro.

Alejandro Ramos Magaña

Hábitat

Lectura: ( Palabras)

La investigación periodística de The New York Times sobre el desplome de un tramo elevado de la Línea 12 de Metro golpeó en las estructuras de los gobiernos federal y de la Ciudad de México, y ya generó una crisis política interna.

Pese a que el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo este lunes que habrá que esperar los peritajes, no desmintió el trabajo de investigación, y sólo se concretó a reconocer que es producto de una filtración por personal del mismo gobierno capitalino.

“Esto pasa en todos los gobiernos, siempre hay alguien que no está de acuerdo con el proyecto de transformación (…), el amarillismo siempre saca raja política”, indicó el presidente.

Y agregó que hay intereses de este medio que sólo buscan que Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum se confronten, “pero se quedarán con las ganas, eso no va a suceder”, dijo.

Sheinbaum y Ebrard son dos de las principales cartas que tiene el presidente su relevo en 2024.

Este medio, uno de los más influyentes a nivel mundial, difundió este domingo que analizó documentos oficiales de varios años, entrevistó a quienes participaron en la obra y realizó trabajo de campo a detalle en la zona del desastre, y llegó a la conclusión que encontró graves fallas en la construcción de la llamada Línea Dorada.

“(…) Según la evidencia inicial. La vía elevada era sostenida por trabes de acero, pero no estaban hechas para sostenerla por sí solas. Para reforzar la estructura, unos pernos metálicos unían el acero a una losa de concreto. El acero y el concreto son mucho más fuertes cuando actúan como una sola unidad. Los pernos metálicos fueron soldados al acero, lo que debería haber formado una unión casi indestructible. Sin embargo, las fotos de los escombros sugieren que la soldadura se hizo de manera deficiente, un fallo grave de construcción”, refiere el trabajo de The New York Times.

Y la investigación periodística pone la lupa en dos personajes altamente vinculados al presidente: Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, y el empresario Carlos Slim, dueño de la compañía Carso Infraestructura y Construcción (CICSA), responsable de la construcción del tramo elevado que se desplomó el 3 de mayo pasado.

Pero no todo queda ahí, ya que habrá otros personajes que deben estar en el mismo escenario de la investigación, pues cuando Ebrard fue jefe de Gobierno (2006-2012) tuvo en sus manos la coordinación general del Proyecto Metro (cuyo director general era Enrique Horcasitas), y contó con la asesoría técnica y única de Guillermo Guerrero Villalobos, quien encabezó el consorcio supervisor de toda obra de 20 kilómetros de longitud.

Durante la construcción de la Línea Dorada, que abarcó casi 4 años, no se movía nada sin la autorización de Ebrard y Guerrero, ellos tenían la decisión final, y también aparecía en primer plano de la toma de decisiones Gerardo Ferrando (de la empresa CONIISA). Guerrero y Ferrando tenían contratos muy importantes con el gobierno capitalino, y estaban muy ligados a Ebrard.

Expertos que trabajaron en la Secretaría de Obras y Servicios de aquel entonces, advirtieron que no se movía nada de la Línea Dorada sin la autorización de Ebrard, Guerrero-Ferrando. Y en su momento alertaron de la gigantesca corrupción que envolvía a la construcción.

Es por ello, que estos tres personajes deben estar en la lupa de las investigaciones que realiza la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX), pues fueron los tres grandes supervisores de la Línea 12 del Metro.

Las obras civiles y de electromecánica iniciaron en julio de 2008 y estuvieron a cargo de ICA-Carso-Alstom, y la empresa española Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) le correspondieron los trenes de rodadura férrea, así como de servicios de mantenimiento y equipamiento.

La Línea Dorada inaugurada el 30 de octubre de 2012, y ya venía mal desde su origen, pues apenas con unos meses de funcionamiento empezaron a aflorar las fallas que se fueron acumulando como desperfectos electromecánicos en la vía y en toda la obra: mal diseño de las curvas en el tramo elevado y que expertos señalaron 13 de ellas como de alto riesgo (y posteriormente fueron intervenidas); la falta de transparencia en la compra de rieles y aditamentos para trenes no compatibles con la infraestructura en operación; mala calidad del balasto, entre otros.

El 12 de marzo de 2014, ya al frente del gobierno capitalino Miguel Ángel Mancera, se decide suspender parcialmente el servicio por las constantes fallas, en 11 de las 20 estaciones de la Línea 12. Y el servicio volvió a la normalidad hasta el 29 de noviembre de 2015, pero el tema de fondo no quedó resuelto, la línea necesita de un mantenimiento anual diferente al de las otras líneas y a un costo cercano a los 200 millones de pesos.

Con Mancera se realizaron diagnósticos, se comprobaron fraudes, opacidad en adquisiciones, mal diseño del proyecto, curvas peligrosas y materiales de mala calidad. Se le dio, además, un mantenimiento mayor a la línea que ni las otras líneas del Sistema de Transporte Colectivo han recibido en sus 52 años de funcionamiento. Todo indicaba que la construcción, que tuvo el costo de casi 47 mil millones de pesos, era el gran fraude del sexenio de Marcelo Ebrard

Cabe destacar que el proyecto inicial, presupuestado en 17 mil millones de pesos, planeaba una línea de 24 kilómetros de longitud con 23 estaciones, y toda la ruta sería completamente subterránea. El resultado fue una Línea 12 de costo multimillonario, con 20 estaciones y un tramo elevado de línea férrea, tecnológicamente atrasada.

Y el saldo fue que la Contraloría General del entonces Distrito Federal inhabilitó por dos años, en 2015, a las empresas supervisoras de las obras de Línea 12 del Metro, las cuales fueron Lumbreras y Túneles (LYTSA), Ingeniería, Asesoría y Consultoría (IACSA) y Empresas de Estudios Económicos y de Ingeniería. La sanción quedó asentada el 12 de febrero de 2015 en la Gaceta Oficial del DF.

Cabe precisar que estas compañías conformaron el consorcio para encargarse de la verificación de la obra civil en los túneles y en el tramo elevado. La coordinación de ese consorcio estaba en manos de Guillermo Guerrero Villalobos.

También participó la empresa Consultoría Integral en Ingeniería (CONIISA), la cual estuvo encargada de las vías, electrificación, sistemas mecánicos, pilotaje automático, mando centralizado, señalización y telecomunicaciones. Ahí Gerardo Ferrando tenía la representación ante el gobierno capitalino y se movía como un alfil en la estructura de poder.

Aquí también hay otro personaje que debe ser llamado a cuentas, y es Mario Delgado, dirigente nacional de Morena y que cuando se construyó esta línea era secretario de Finanzas.

En la V Legislatura de la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal (2009-2012), hay constancia sobre cómo presionó Delgado en que le autorizaran las partidas multimillonarias para sacar adelante el proyecto de la obra, así como de la adquisición de trenes.

Y quien en su momento alertó de lo inflado que venía el proyecto de la Línea 12, fue la entonces diputada Valentina Batres. Ella fue la que envió señales a legisladores y a la propia Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de que todo venía con sobreprecio, y fue cuando Delgado empezó a cabildear con diputados con la advertencia de que se trababa de una orden de su jefe Marcelo Ebrard.

No sabemos si hubo compra de voluntades, pero sobra decir que el presupuesto que deseaban Ebrard y Delgado salió adelante, un poco “rasurado”, pero se mantuvo inflado.

La jefe de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ha dicho que irá a fondo en las investigaciones, pues entonces que proceda a documentar desde que se presupuestó la Línea Dorada.

Los gobiernos federal y capitalino tienen un gran reto: castigar a los responsables, y no darle un giro al tema y hacerlo político, aunque tal vez se imponga esto último, pues tanto López Obrador como Sheinbaum insisten que hay intereses de medios y de sus adversarios, los conservadores, de utilizar la tragedia para atacarlos.

Una cosa muy clara, el trabajo de The New York Times no es un complot ni mucho menos se hizo para acabar con el gobierno de la llamada 4T. Este tipo de investigaciones periodísticas su misión es sacar a la luz pública lo que el poder siempre quiere ocultar.

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