Nuestras instituciones están renuentes a levantarse de la hamaca, soltar su bolsa de donas, tamales y chicharrones, dejar de ver telenovelas o miniseries.
El performance es un divertimento burgués, carente de disciplina, conocimiento, talento, dominio de técnicas, sin lenguaje estético.
El miedo continúa. Trauma colectivo, nos empujaron al aislamiento, y ahora, como presos liberados, nos cuesta estar en la calle. Giorgio de Chirico le llamó Metafísica…
¿Qué pasaría si un artista VIP entra en la escena de una masacre de un asesino que mató a diez personas en un supermercado en Estado Unidos, y toma la sangre del piso para hacer una “obra”?
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