Es preocupante que la tauromaquia fresca de Roca Rey y la madura de Castella y desde luego la de sus alternantes, no provoquen las entradas que correspondan a las expectativas que crean el anunciarlos en los carteles.
Mientras se celebraba el festejo de la Temporada Grande en La México, el domingo anterior, llegó la información de Mérida, Yucatán, de otra gran actuación del torero peruano Andrés Roca Rey en el coso emeritense del Coliseo, ante un toro de Rancho Seco, para salir a hombros y ratificar lo que todo el año taurino aconteció en Europa cuando todavía novillero y ahora, matador de toros, que llama a todos a poner atención en su tauromaquia.
Particularmente en Perú, en dónde desde la época del inmortal Rovira (y de eso ya transcurrió más de medio siglo) ningún torero peruano ha propiciado la ilusión de convertirse en matador de toros de altos vuelos, como ahora lo presagiamos con el joven matador de toros, que la semana anterior en su tierra y su feria, la de El Señor de los Milagros, toreó magistralmente al lado de Enrique Ponce para hacer su presentación en la plaza antiquísima de Acho como matador y también para lograr el trofeo correspondiente al torero más destacado del serial.
Andrés ilusiona a la afición peruana pero también a los aficionados de todo el planeta taurino que vemos en él la oportunidad de cambio tan necesaria en una fiesta evolutiva y que tenga continuo crecimiento.
Es muy temprano para vaticinar hasta dónde llegará, pero por lo pronto su nombre en los carteles es muy bienvenido y seguramente se reflejará el sábado próximo en la corrida en honor de nuestra Virgen de Guadalupe que se celebrará en León, Guanajuato, con un encierro de Begoña y alternando con El Payo y Diego Silveti en lo que se antoja en el papel un cartel muy atractivo.
Con ese festejo cierra su temporada taurina del año 2015 y en el 2016 se anticipa el 14 de febrero su actuación en La México para confirmar su alternativa recibida en el coso de Nimes.
En el festejo del domingo anterior, en La México, ratificó Sebastián Castella el gran año taurino que ha desplegado; seguro, arriesgado y artístico, merecidamente se llevó como justa recompensa la oreja de su primer astado de Xajay y ahora lo esperaremos para el 5 de febrero en el aniversario 70 de la corrida de inauguración de nuestro coso máximo.
El encierro de Xajay está vez en presentación era justo y el último en ése renglón era por debajo de lo que nos tiene acostumbrados y en comportamiento en conjunto fue más áspero y soso que codicioso, lo que no permitió el lucimiento pleno de El Zotoluco al cual me parece que el tanto tiempo en los ruedos le está ya pasando la factura y el público es duro y en mi opinión hasta injusto, cada vez que actúa y más cuando no ruedan las cosas a favor de la buena técnica del torero chintololo.
Tampoco pudo lucir más que en actitud Diego Silveti y desde luego con la ejecución de la suerte suprema, para dejar su siguiente oportunidad en que digamos, la tercera es la vencida.
El rejoneador Jorge Hernández con un toro noble y mansurrón de Marrón tuvo buena actuación cabalgando y con los adornos, pero mal en la suerte suprema para que el público olvidará al final lo primero y se centrará en lo último, aunque no por ello dejó constancia de tener argumentos sólidos como torero a caballo.
Para finalizar, es preocupante que la tauromaquia fresca de Roca Rey y la madura de Castella y desde luego la de sus alternantes, no provoquen las entradas que correspondan a las expectativas que crean el anunciarlos en los carteles.
Esperemos que a futuro no sea así, por bien de todos.

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