La apuesta que se convirtió en himno
Gerardo Australia

Historias para recordar

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En sus inicios la marcha —tipo de música que por lo regular se asocia con el ambiente militar— era una estilizada forma de danza que se utilizaba más para dar saltitos de un lado a otro con la damisela en turno y no para acompañar…

Lectura: ( Palabras)

La historia de las apuestas es tan antigua como el hombre, quien nunca se ha sabido estar quieto y por lo mismo es capaz de apostar hasta su riñón con tal de sacar algo de provecho o simplemente ganarle al contrario.

Tal fue el caso de dos amigos mexicanos que, sin tener nada qué hacer, apostaron a ver quién componía la mejor marcha musical, una marcha que sin querer queriendo se convirtió en otro de nuestros himnos nacionales: la Marcha Zacatecas.

En sus inicios la marcha —tipo de música que por lo regular se asocia con el ambiente militar— era una estilizada forma de danza que se utilizaba más para dar saltitos de un lado a otro con la damisela en turno y no para acompañar desfiles o procesiones. Sin embargo, con el paso del tiempo sus acentuados patrones rítmicos (binarios) y sus melodías pegajosas interpretadas por lo regular con instrumentos “ruidosos” (percusiones, metales y alientos), fueron convirtiendo el estilo musical en un nuevo género, utilizado por un lado en música conmemorativa, de celebración, y por otro en música cuya funcionalidad servía para que los ejércitos desarrollaran maniobras de movilización, se coordinaran en espacios abiertos y también para enviar órdenes y señales a distancia.

No tardó en que la marcha como género musical fuera adoptado entre muchos compositores de música “culta”. Las marchas militares más antiguas de concierto que se conservan son las del compositor Jean Baptiste Lully, compuestas para las bandas de Luis XIV, el afamado Rey Sol, a quien el sol le quedaba lejos (medía uno sesenta). A partir de la Revolución Francesa, Cherubini, Hummel, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Chopin, Tchaikovski y otros le entraron a la marcha con singular alegría, pues además de ser género festivo que exalta sentimientos de unión y amor patrio, sus obras tenían una gran difusión como música de autor.

En el ambiente no militar las marchas fueron por años adaptaciones de canciones muy sonadas que la gente se sabía de principio a fin, de ahí su practicidad de interpretación y popularidad.

compositores
Jean-Baptiste Lully, por Johannot, 1830 (Imagen: Hulton Archive).

Por otro lado, en nuestro México escuchar música de marchas siempre nos deja un sabor a provincia, sabor a sus plazas y quioscos, a su gente y músicos que le imprimen cierta inocencia que despierta nostalgia y alegra la sangre (de los elotes y esquites después hablamos).

Los cohetes y las marchas siempre se han llevado bien, sobre todo en siglos como el XIX, un siglo donde prácticamente todo el mundo estaba en guerra. Esa fue la edad de oro de la marcha. Durante ese periodo México pasó por una desastrosa Independencia, dos intervenciones extranjeras, Santannazos por todos lados, fusilamientos de emperadores, guerras de reforma, zafarranchos fratricidas y drásticos bandazos de gobierno. Por lo mismo mucha música de la época era utilizada como herramienta para exaltar valores patrios, un vehículo de la ideología que acompañaba al régimen en turno (simplemente de 1843 a 1847 hubo ocho diferentes presidentes).

Los ritmos festivos de marchas, polkas, mazurcas, etc., ayudaban también a impregnar de un nacionalismo cargado de poética sentimentalista las hazañas de algún héroe o un evento destacado. Desde luego hubo marchas importantes que conmemoraron verdaderas proezas, como la Marcha Zaragoza, del compositor y doctor hidalguense Aniceto Ortega (que por cierto su nombre completo era Aniceto de los Dolores), una obra que se interpretó en vez del Himno Nacional durante un periodo del gobierno de Benito Juárez (recuerden que don Beno duró catorce años en el poder y se hubiera seguido si no es porque se muere) y que fue compuesta en honor del héroe que logró la única victoria contra los franceses, considerado el ejército más poderoso del mundo, en 1862. La marcha alcanzó fama mundial y hasta el ejército prusiano la utilizó en su guerra contra los franceses, solamente para recordarles que no eran invencibles.

compositor mexicano
Aniceto Ortega.

Genaro Codina Fernández, nacido en Zacatecas en1852, fue un entusiasta compositor de música conmemorativa, sobre todo de marchas. Hijo de familia de clase media, mostró desde temprana edad una habilidad excepcional para tocar varios instrumentos, entre ellos el arpa, su favorita. Sin embargo, tomó la música más como afición que como medio de vida, prefiriendo aprender el oficio de cohetero, práctica que ejerció con dedicación no sólo en fiestas patronales y patrias, sino también al servicio de uno que otro activismo político, donde sus conocimientos de pirotecnia lo llevaron a granjearse problemas con la autoridad y pasar uno que otro día en la cárcel.

Prefiriendo cambiar aires, Codina Fernández aprendió de su padre los tejemanejes de la contabilidad, empleándose en la Casa de Moneda de Zacatecas. Por supuesto no abandonó la música, y además de tocar en grupos amateurs, componer danzas, mazurcas, valses y otros géneros de moda, formaba parte de un selecto círculo de amigos, muchos de ellos excelentes músicos, como por ejemplo su compadre y concuño, Fernando Villalpando Ávila, compositor también de grandes marchas, violinista y director de la Banda Municipal del municipio de Zacatecas, quien a los once años ya andaba en la pelotera tocando corno y clarinete dentro de un batallón a las órdenes del general J. Jesús González Ortega, a quien compuso una famosa marcha fúnebre.

En 1887 Codina dedica al presidente en turno su Marcha Porfirio Díaz, quien agradecido le da un puesto vitalicio como contador en lo que sería la Secretaría de Hacienda, en Zacatecas.

Las reuniones de Codina con sus amigos se daban en casa de Villalpando. En una de ellas, en 1891, al amparo de un buen chocolate caliente con piquete, Codina y Villalpando decidieron hacer la apuesta de a ver quién componía la mejor marcha militar dedicada al entonces gobernador del Estado, General Jesús Aréchiga Mojarro.

Llegó el día del certamen. El jurado fue conformado por amigos, parientes y colados, que con su aplauso decidirían el vencedor. La marcha de Villalpando fue interpretada al piano por Francisco Aguilar y Urízar, mientras que Codina prefirió arrancarse con lo que mejor sabía tocar y en donde había compuesto su obra: el arpa.

arpa
Monumento de Genaro Codina.

La decisión fue unánime a favor de Genaro Codina. Sin embargo, al presentar en público su Marcha Aréchiga, el mismo gobernador pidió que se le cambiara el nombre: “…de por sí ya soy impopular”, dicen que dijo.

La primera instrumentación de la Marcha Zacatecas la hizo el violinista Aurelio Elías, director de la Banda de Música del Hospicio de Niños de Guadalupe. La segunda la llevó a cabo el mismo Villalpando y es la que se toca en la actualidad.

Tanto Codina como Villalpando murieron en 1901, a dos meses de diferencia.

La Marcha de Zacatecas trascendió y sigue dando a los mexicanos un espíritu de pertenencia, cuyo ritmo y melodía nos emociona y da identidad nacional, ahí donde el mexicano se encuentre.

Letra completa de la Marcha de Zacatecas:

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor
marchemos ya con valor.

Sí, a lidiar marcharemos
que es hora ya de combatir
con fiero ardor, con gran valor,
hasta vencer, hasta vencer.
Hasta morir.

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor
marchemos ya con valor.

Como huracán que en su furor
las olas rompe de la mar
con rudo empuje y con vigor
sobre la hueste avanzad;
no os detengáis, no haya temor
pronto el ataque apresurad
guerra sin tregua al invasor
viva la patria y libertad
viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.
Que viva sí, viva.

Oh, patria mía, tu hermoso pabellón
siempre sabremos, llevarlo con honor.
Oh patria mía, tu hermoso pabellón
siempre sabremos, llevarlo con honor.

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando está su clamor
marchemos ya con valor.

Como huracán que en su furor
las olas rompen de la mar
con rudo empuje y con vigor
sobre la hueste avanzad;
no os detengáis, no haya temor
pronto el ataque apresurad
guerra sin tregua al invasor
viva la patria y libertad
viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.
Qué viva sí, viva.

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10 respuestas a “La apuesta que se convirtió en himno”

  1. Creo que nadie de mi generación puede decir que no conoce la Marcha Zacatecas. Motivante como la que más, formaba parte integral de todo acto oficial y/o deportivo. Lo que si es nueva para mi es la letra. Agradezco pues como siempre tus oportunas y brillantes notas históricas, a las veces anecdóticas, lo que les dá su especial calidad.

    Un abrazo fuerte tocayo

  2. La letra es ilustrativa pues no conocía sus fragmentos mas si por supuesto la música.
    Muchas gracias por este interesante artículo.
    Ahora que debo comentar que Francisco Gabilondo Soler compuso una marcha denominada Batallón de plomo, que no hace falta hacer descripción adicional pues su título nos dice casi todo, poco conocida pero marcha que cita al clarín y a la percusión muy al tipo de aquellas marchas. Sin dejar a un lado otra marcha pequeña que conocemos como La marcha de las letras, un tanto conocida en las escuelas como la mismísima de Zacatecas.
    Aprecio mi querido Gerardo ésta colaboración que realizas para el semanario que aporta mucho y de manera divertida, ágil y muy entretenida.

    • ¡¡Por supuesto no podía faltar el gran gran compositor Fco Gabilondo Soler, Cri-Cri!!, con su increíble creatividad para todo género…!! “Batallón de Plomo”, qué hermoso nombre…
      Muchas gracias por compartir, estimado Oscar!!!!

  3. Al igual que los demás, no conocía la letra y no sabía que la tuviera. La “Marcha de Zacatecas” está entrañablemente ligada a mi infancia, pues era un chiquillo inquieto. (ya no) Y estaba en el Colegio Franco Ingles, que tenía hasta 4 grupos de 50 escuincles por grado. Los padres Maristas, para poder controlar a estas fieras tenían unas reglas de madera. Cuando te tocaba algún castigo te daban a escoger entre las mañanitas, la marcha de zacatecas o la quinta de Bethoven. Yo escogía la Marcha de Zacatecas. Acto seguido te decían agache el cabus y tarareaban la pieza musical acompañandola con reglasos en el cab us del pupilo, como si fuera la tambora. Muchas Gracias Gerardo. Un abrazo.

  4. Oiga usted! al amparo de un buen cacao caliente y con piquete, cualquiera se relaja hasta el punto de hacer esos “saltitos de un lado a otro con la damisela en turno” 🙂 o bien inspirarse para escribir poesía como Nezahualcóyotl ó la Marcha de Zacatecas, como espléndidamente relata usted aquí, claro que éstos resultados honrosos se lo llevan unos muy muy pocos.

    Siempre disfrutable, además de cultural Gerardo, y eso, se agradece sin duda! un abrazo!

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