De fiestas a pachangas
Gerardo Australia

Historias para recordar

94 opiniones • veces leído

Una de estas palabras nostálgicas es precisamente la que detonaba el inicio de la época: Pachanga. Aunque la palabra tiene acepciones como “juego de futbol informal que se practica en una sola portería”, o en Cuba es usada para referirse a una danza…

Lectura: ( Palabras)

Durante estas fechas hay palabras de vieja usanza que se extrañan. Y aunque algunas de ellas sacan a relucir nuestra edad y filo generacional, son términos que, junto con la época, afloran la añoranza por otros tiempos, sobre todo ante este presente tan desencantado. No en balde al recordarlas con cariño dan ganas de ponerle más “piquete al ponche” (por cierto, ¡qué caro anda el tejocote!).

Una de estas palabras nostálgicas es precisamente la que detonaba el inicio de la época: Pachanga. Aunque la palabra tiene acepciones como “juego de futbol informal que se practica en una sola portería”, o en Cuba es usada para referirse a una danza local, los mexicanos tenemos la mejor definición:

Pachanga. f. Diversión bulliciosa, jolgorio, fiestón, acto público poco serio… en otras palabras, desmadre, nuestro mero mole.

Los antiguos mexicanos fueron un pueblo fiestero por excelencia, más no pachanguero. Esto debido a que sus fiestas tenían una connotación esencialmente ceremonial, donde las normas del ritual en turno eran respetadas al pie de la letra: jamás se vio a un sacerdote azteca improvisando un brindis antes de comerse el corazón del compadre.

Ahora bien, muchas celebraciones prehispánicas casualmente se festejaban durante el solsticio de invierno, el mismo ciclo que utiliza la Navidad. Quizás la más importante de éstas fue la del nacimiento de Huitzilopochtli, dios del sol, efectuada cada 21 de diciembre. Curiosamente los antiguos mexicanos al día siguiente de la celebración también hacían una fiesta en sus casas, donde se daba de comer a los invitados y se obsequiaban regalos, como “pequeñas estatuillas o ídolos hechos de maíz azul, tostado y molido, mezclado con miel negra de maguey”, comenta la investigadora Amalia Leyva. Otra similitud es que precisamente el día 24 se celebraba, entre danzas y ritos, el día en que el sol resurgía, esto en Malinalco, Edo. de Mex.

En el México prehispánico se celebraba a dioses como Quetzalcóatl y Huitzilopochtli.

Pero nuestras fiestas navideñas son de origen europeo. A su llegada, los frailes se esforzaron en impresionar a los naturales con una de las más importantes fechas de su religión: el nacimiento de Cristo. Así fue como Fray Pedro de Gante (educador pedante con el humor de un castor sin dientes en un aserradero) organizó hacia 1528 la primera gran Navidad. Después no tardaron en implantarse las consecuentes festividades navideñas, como el domingo de Adviento (último de noviembre), las Posadas (del 16 al 24 de diciembre), el Año Nuevo, la Epifanía o Reyes (6 de enero) y la Candelaria o Presentación del niño en el templo (2 de febrero).

Pero hasta ahí todas eran fiestas, no pachangas. La paulatina transformación entre una y otra fue a partir de 1587, cuando se llevaron a cabo las primeras posadas, esto en el pueblo de San Agustín Acolman (cerca de Teotihuacán): el entonces papa Sixto V (un papa que mandó públicamente a ahorcar a cinco despistados para festejar su coronación y que para colmo se llamaba Felice –Feliz‒) otorgó el permiso para que en la Nueva España se dieran las Misas de Aguinaldo. Éstas se celebraban de noche durante los nueve días previos a la Navidad y culminaban con la célebre Misa de Gallo, ofrecida a primera hora del día 25 de diciembre. Durante estas misas, y con la finalidad de “evangelizar” a más indígenas, se montaban fiestezuelas en los atrios de las iglesias, donde la gente veía representaciones alegóricas, rompían piñatas, comían, cantaban villancicos y se convivía.

Sin embargo, conforme pasaron los años las posadas se fueron sofisticando y complicando en su organización y ejecución. Llegó el momento en que muchas de ellas se organizaban con años de anticipación, costando un dineral entre juegos pirotécnicos, música, hospedaje, comida, baile, adorno de iglesias y casas, organización y parafernalia para las procesiones, etcétera.

De esta manera, la finalidad del festejo dejó de ser meramente religiosa para pasar a convertirse en “fiesta con pretexto religioso”, o sea pachanga. Ésta, al estar al amparo de la época navideña, gozaba de una especie de blindaje moral donde se permitía relajarse un poco más que en otras épocas. Como si por ser Navidad la pachanga nos otorgara un especie de “pase” con el que nos libramos de muchas cosas, sobre todo del remordimiento.

De este modo se fueron materializando festejos inventados, como la pachanga navideña de la oficina, donde vemos a Lupita de recursos humanos con la falda de bufanda, tratando de seguir el “baile del perrito” arriba de la mesa; o al “yorch” de contaduría seduciendo a la impresora, o al siempre bien portado “piter” de servicio a clientes diciéndole “cara de cerdo” a la esposa del jefe.

Aquí es donde entra al dedillo otra vieja palabra que se usaba con frecuencia en estas fechas: Zafarrancho.

Siendo un término de jerga marítima, que se refiere a la “acción y efecto de desocupar –zafar, una parte de la embarcación para dejarla dispuesta a otra tarea”, pasó a formar parte del léxico navideño como sinónimo de “desmadre fuera de control”. El mecanismo es simple: la pachanga puede terminar en zafarrancho cuando tío Melchor decidió utilizar a tía Pepa de trapeador felpudo durante el intercambio de regalos, o cuando hubo que defender a tortazo limpio la posada, contra los colados que se querían llevar la ponchera y a tía Pepa, en ese orden. La estadística nos dice que un gran por ciento de pachangas están condenadas a terminar en zafarrancho, aunque en contadas veces al revés.

Otro factor que influyó mucho para convertir las fiestas navideñas en pachangones fueron los consabidos Brindis. Pocas cosas se fomentan tanto hacia fin de año como los brindis:

¡Feliz Navidad!

Arriba

abajo,

al centro

y pa’dentro

Solemnidad de retórica regordeta que heredamos de los españoles, los brindis en realidad son un mero pretexto en forma de deseo de bienestar para lograr lo único que vale la pena en la pachanga: achisparse lo más que se pueda:

Por la salud de ustedes:

¡y en el nombre sea de Dios

tómense ésta y otras dos!

Y si a esto le añadimos nuestra muy mexicana manía de querer quedar bien hasta con las puertas, pues los brindis van cayendo en resonada cascada hasta que la pachanga nos transforma en ambidiestros, brindando con la derecha o la izquierda indistintamente:

Brindo por ustedes y la posteridad,

aunque no tengamos reservaciones…

término brindis
Imagen: NorteWeb.

La palabra viene del vocablo italiano brindisi, que a su vez se deriva de la frase alemana brin’s dir: “yo te lo ofrezco”.  De ahí que también el vocablo signifique ofrecimiento y se use en frases como “te brindo mi amistad” o “les brindo esta pelea contra tía Pepa.”

Se cuenta que el hecho de chocar las copas durante el brindis viene de los antiguos romanos, asiduos al deporte de envenenar vecinos: “Para asesinar a alguien era usual que se envenenaran las copas, por lo que los anfitriones, como símbolo de confianza, chocaban fuertemente las copas con sus invitados, lo que producía que el líquido de una copa pasara a la otra y así ambos tomaban lo mismo.”

Las fiestas navideñas rematan con una prueba un tanto difícil: el recalentado. Para entonces tía Pepa ha dejado de usar el bistec en el ojo, se le ha desinflamado el cráneo, la convivencia es cordial y sólo el borracho free lance quiere hacer un brindis. Pero ¡cuidado!: en cualquier momento se puede salir de las manos, pues al grito de “vénganse a la casa por que sobró mucho pavo y romeros”, el jolgorista navideño, si bien un tanto golpeadito pero exento de cualquier remordimiento, puede encontrar un segundo aire y convertir aquello en un pachangón de miedo. Y, por si fuera poco, todavía hay una oportunidad más de llevar todo al traste: la pachanga del recalentado de Años Nuevo.

Al final todo mundo se despide, pero ya se está pensando en casa de quién serán las fiestas del siguiente año… así es la vida: un círculo pachanguero.

Más columnas del autor:
Todas las columnas Columnas de

6 respuestas a “De fiestas a pachangas”

  1. Gerardo!! … Entre la Elefanta Judy y las pachangas se le echó de menos… que bueno leerle de vuelta, si a ésta narración le ponemos música, pues sin duda sonaría bastante a… “desde las diez ya no hay dónde poner el coche…” caótico y por lo mismo como buenos mexicanos decimos, yo voy a ver y de paso me traigo la ponchera!
    Nuestros abuelos Aztecas, no serían pachangueros en las ceremonias, porque bueno, ya que se iban a merendar el corazón del compadre faltaba más que no fuera con la seriedad que el asunto requería, una cosa es ser salvaje y otra mal educado!, pero seguro se relajaban lo suficiente en el sábado o domingo con el néctar del agave u otros, antes de que alguno de esos días fueran “fiestas de guardar” y aunque lo fueran, el gusto es el gusto.
    Creo que en muchas de nuestras celebraciones, hay algo de ritual, de pagano, de cierto, de falso, de búsqueda, de autenticidad y es bonito encontrar las respuestas a por qué celebramos lo que celebramos en el paso de la historia, aunque en la prisa de la época actual, celebramos de prisa, porque ahi esta el día ya, porque queremos pachanga cada cual a su modo, pero que mejor que hacerlo con los hermanos de sangre y/o de experiencias.

    Siempre gracias por el regalo de su escritura!! Un enorme abrazo Gerardo!!!

    • Doña Angeles!, mil gracias por su valioso comentario, muy certero, toda una tradición familiar…Cierto aquellos eran “dìas de guardar”, ahora no hay nada que guardar, jajajaja!
      Le mando un gran abrazo y le deseo lo mejor para estas fechas y mucha salud para usted y su familia!!

  2. Estimado amigo, como siempre un placer leerte y divertirme e instruirme con tus textos. Sabes que me encantan y siempre presentan tu otro lado, el serio, en el que plasmas tus saberes. Gracias por compartir. Un abrazo. Estoy en deuda, no olvido lo que ya platicamos. En enero nos vemos para ese pendiente!!!!n

Deja un comentario

Lo que opinan nuestros lectores a la fecha

Más de

Voces México