Birlibirloque con dolor: adiós al torero Iván Fandiño
Luis Ramón Carazo

Ocio y Negocio

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No existen palabras que consuelen a su familia y a sus amigos entrañables, cuando un joven de su edad por las circunstancias que sean, se adelanta en el paseíllo que es la vida…

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En la plaza de Las Ventas del Espíritu Santo, en un caluroso día 17 de junio de 2017, se celebró la corrida a la que la nueva empresa que comanda Simón Casas la denominó como: “La de la Cultura”.

Del resultado puntual dan fe las crónicas cada una con su estilo y desde luego con el gusto particular que se vierte a la hora de sopesar y describir lo que acontece en el ruedo.

Morante tuvo detalles como los lances con las rodillas medio inclinadas en el segundo de su lote de Núñez del Cuvillo y, en el primero, lució en unos cuantos muletazos con la mano derecha el andaluz, ambos toros le brindaron pocas oportunidades para lucimiento.

En esas estaba cuando llegó a mi celular, o PDA para los puristas enviados por un entrañable amigo, unos pasajes del Arte de Birlibirloque, inclasificable libro autoría de Pepe Bergamín, en que el que brillan los aforismos, y lo hizo mientras cada cual, en diferente sitio, éramos testigos de la corrida por la pantalla.

Escribió Bergamín:

Pero, ¿cómo?, ¿hasta cuándo? Hasta que quiera el toro. No hay que darle vueltas –piensa o pensaría Don Tancredo‒ y piensa con él todo el tancredismo, físico o metafísico, natural o sobrenatural. No hay que darle vueltas, la última palabra la tiene siempre el toro, y únicamente así, por inmovilidad absoluta, puede impedirse que la diga; por la sugestión de la inmovilidad y del silencio.

Mientras que para Ginés Marín, que va como la espuma, el toro, en especial su primer quiso; y, por supuesto, le armó una gran faena el jerezano, sólo la suerte suprema lo privó de conseguir los máximos trofeos en Madrid, esto es, las dos orejas, pero demostró igual que con el segundo de su lote, que tiene lo que coloquialmente se dice, patas para gallo.

Cayetano con la veteranía a cuestas supo enderezar una tarde para obtener sino el triunfo rotundo, sí de demostrar lo reposado que va transitando su concepto del toreo en esta nueva etapa de su carrera interrumpida un largo tiempo.

Y cuando terminó la corrida de Madrid, me habló por teléfono mi hermano José Luis para decirme con gran tristeza que había fallecido víctima de una cornada en Francia, Iván Fandiño. Juntos recientemente habíamos visto torear en Madrid y le comenté que, al toparme con él en el Hotel Wellington, al regresar de una corrida, me dijo: Espero enderezar mi rumbo, de México espero algún día tener el reconocimiento pleno (lo cual ya no es posible).

Lo anterior sucedió el 18 de mayo y hoy, 19 de junio, todos nos condolemos de la tragedia en Francia.

El arte del toreo (como dice la copla), viene del cielo, graciosamente por voluntad divina.

No existen palabras que consuelen a su familia y a sus amigos entrañables, como acontece en especial cuando un joven de su edad por las circunstancias que sean, se adelanta en el paseíllo que es la vida; Iván Fandiño lo hizo arriesgando en una profesión de la que Bergamín reflexionó:

El torero, silencioso y solo, no se da a todos los diablos como hace el pelotari desesperado, sino porque espera, porque sabe esperar, se da a todos los ángeles.

Hoy, uno de ellos, Iván, partió con el Señor, así es el toreo, así es vivir. Un abrazo a mi amigo entrañable y otro a mi entrañable hermano, jalar para adelante, es el único bálsamo en estos duros trances. No hay de otra.

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