Los partidos políticos están en una grave crisis en la que, lejos de ser esas herramientas que facilitan la participación política, se han transformado en medios que perpetúan grupos y familias en el poder.
Cualquier obstáculo, incluida la Constitución, el marco legal vigente y hasta las personas, puede ser sorteado con tal de cumplir su voluntad para materializar su visión, pues cuenta con la legitimidad para ello.
El principio revolucionario de “No Reelección”, se ha mantenido firme como el último reducto de patriotismo que nos ha impedido caer en la suerte de dictaduras bananeras.
Esta posición política tiene una gran responsabilidad: cargar con la responsabilidad jurídica, política y administrativa de lo que ocurra en el país durante su sexenio.
La impunidad se vuelve una prisión infranqueable que, para mantenerse, obliga al corrupto a esclavizarse a atender condicionantes que está obligado a cumplir…
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