La pantalla obra como un espejo pues lo que allí se mira es el duplicado de una realidad que rezuma a través del vidrio o de la tela.
En todas las culturas y épocas se han relatado intensas experiencias de plenitud, paz, armonía, gozo y de una lucidez excepcional.
Uno de los rasgos de toda cultura es distinguir lo propio de lo ajeno y reconocer a los nuestros, en quienes confiamos, de los ajenos, a quienes recelamos.
La autoconciencia es una de las facultades más sobresalientes y desarrolladas del ser humano, y ha sido metódicamente cultivada en diferentes tradiciones de sabiduría.
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