La representación de uno mismo se liga con la de los demás tanto desde el punto de vista neuroanatómico como cognitivo.
Algunas investigaciones más recientes han abordado esta dualidad unificada del yo y el tú, o de la conciencia de sí y del otro.
La mente ajena implica y requiere del conocimiento de los propios procesos corporales y mentales: la conciencia de los otros y la de uno mismo.
La capacidad para atribuir estados mentales a los demás tiene un vínculo necesario con la aptitud para reconocer los estados mentales propios.
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