Antes de abordar esta disyuntiva, veamos algunas teorías que complementan la incómoda idea de las personas como actores de cara a un público.
La identidad es una faceta de la autoconciencia y la existencia humana que penetra desde lo íntimo hasta lo comunitario.
La manera como los individuos se vinculan con otros, está influida por los diferentes estilos de apego.
La valoración estética del rostro constituye una de las motivaciones más básicas y arcaicas de la especie humana.
El reconocimiento y la representación de la propia cara es un parámetro dominante del autorreconocimiento.
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