Los dos amores de Carrillo Puerto
Gerardo Australia

Historias para recordar

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Felipe Carrillo Puerto sólo gobernó veinte meses, suficientes para por fin poner en jaque a la intocable “casta divina” yucateca, abrir cuatrocientas diecisiete escuelas, fundar la Universidad Nacional del Sureste, promover…

Lectura: ( Palabras)

¿Qué sentirá una mujer cuando mueve la inspiración de un hombre y en su honor se compone una canción que trasciende en el tiempo, arrancando nostalgias y aromas de belleza perpetua?

Comenzaba la década de los veinte del siglo pasado, cuando en una sucesión de rápidos eventos se dio, primero, el asesinato de Venustiano Carranza, y a dos meses de las elecciones presidenciales que favorecieron a Álvaro Obregón, que la verdad se ha dicho que fue un dirigente competente dedicado a restaurar la paz y a tratar de materializar las metas de la Revolución, aunque también terminó asesinado de trece balazos, siete por parte del asesino, el pésimo caricaturista De León Toral, los otros seis hasta ahora de misteriosa procedencia, tal vez disparados para quitarle el ánimo al muerto por si se quería parar.

Álvaro Obregón
Venustiano Carranza en Palacio Nacional (Foto: www.cultura.gob.mx).

En ese tiempo un ejemplo donde se comenzaban a lograr con claridad y a comprobar que los ideales posrevolucionarios sí funcionaban, fue Yucatán. Estos esfuerzos eran orquestados por el entonces gobernador Felipe Carrillo Puerto, quien sólo gobernó veinte meses, suficientes para por fin poner en jaque a la intocable “casta divina” yucateca, abrir cuatrocientas diecisiete escuelas, fundar la Universidad Nacional del Sureste, promover la presencia indígena y de mujeres en cargos públicos, comenzar el reparto de tierras e impulsar el urgente rescate de las zonas arqueológicas en la región. ¡Con razón lo mataron!: hacía demasiados cosas en el pro de la gente.

Felipe Carrillo Puerto nació en Motul, Yucatán, en 1874. Fue el segundo de catorce hijos. Su padre, un abarrotero, le regaló una pequeña parcela como premio por terminar la primaria. Desde entonces, Felipe se enamoró de lo que significaba trabajar la tierra con mano propia. Felipe hablaba con ligereza el maya y el español y desde joven sus lecturas socialistas lo llevaron de inmediato a la lucha social: a los dieciocho años alborotó a un grupo de campesinos para que derribaran una cerca que un hacendado había puesto por sus pistolas, impidiéndoles el acceso a sus tierras. Terminó en la cárcel, pero logró su cometido.

gobernador de Yucatán
Felipe Carrillo Puerto (1864 – 1924) (Foto: Archivo General de la Nación).

Carrillo Puerto trabajó desde leñador hasta conductor de ferrocarriles. Sin embargo, el periodismo le dio el vehículo idóneo para la denuncia social. En 1907 fundó su periódico El Heraldo de Motul. Por supuesto esto lo mete en el caldo político, y pronto Felipe se vio o apoyando candidaturas o enfrentando caciques o acusando a corruptos. Precisamente una de estas broncas lo llevó a matar en defensa propia a un político de apellido Arjona (lástima que no fue el cantante), en 1911. Felipe pasó dos años en la cárcel, donde aprovechó para traducir al maya la Constitución de 1857 completa.

A su salida se une a Zapata y comienza así su carrera ascendente como político, hasta llegar a gobernar su estado en 1922. Hombre de gran sensibilidad, Carrillo Puerto, apodado “el apóstol de la raza de bronce”, dirigió su primer discurso oficial como gobernador en lengua maya. La gente de su tierra lo llamaba Suku’un, que en maya significa hermano.

caudillo
Emiliano Zapata (Foto: https://desinformemonos.org).

En ese tiempo Yucatán tenía más afinidad con Europa que con el centro de la República. A la península sólo se podía llegar por barco o por avión, hasta la construcción tardía del ferrocarril en 1937. El renacimiento de ese México indígena atraía mucho al extranjero y por otro lado también crecía una ferviente inquietud por participar en la exploración y explotación arqueológica de centros mayas, lo que vivificó el flujo de visitantes a la península.

Entre esos visitantes a Yucatán se encontraba la entusiasta periodista norteamericana Alma M. Reed, enviada por el New York Times para comentar sobre las excavaciones en Chichén Itzá llevadas a cabo por el Instituto Carnegie. Fue ahí cuando conoció a Felipe Carrillo Puerto: amor a primera vista.

Alma M. Reed era una periodista de San Francisco. Tenía una columna llamada Mrs. Goodfellow, dedicada a contestar preguntas de gente que buscaba consejo legal o no tenía recursos para procurarse un abogado, la mayoría de ellos, obviamente, mexicanos. Recibía miles de cartas y su reputación como defensora del marginado era grande, sobre todo cuando salvó por medio de su columna a un adolescente mexicano sentenciado a muerte en San Quentin. A raíz del suceso y su periodicazo, las leyes de California cambiaron.

Carillo Puerto
Alma Reed (1889 – 1966) (Foto: http://lectormx.com)

Ya en Yucatán ‒enamorada como la más‒, Miss Reed viajó del brazo de Carillo Puerto fascinada por la cultura maya. Al final de su visita, el gobernador decidió acompañarla a San Francisco para conocer a su familia y comunicarles sus planes de boda.

Sin embargo, de regreso a México, Carrillo Puerto se encontró con una crisis política de fuertes dimensiones: ante la imposición de Plutarco Elías Calles como candidato presidencial, había estallado la rebelión delahuertista. Miss Reed debía reunirse con él semanas después, pero esto nunca sucedió.

Jamás se volvieron a ver.

Doce días antes de la boda, la intocable casta divina yucateca se desquitó del gobernador fusilándolo junto con diez de sus colaboradores en la pared de un cementerio yucateco en 1924.

Quizás regalarle una canción a alguien puede ser pretencioso, pero no cuando se está enamorado en la tierra del Mayab, donde su bohemia produce obras de un romanticismo y sentimiento inigualable. Carrillo Puerto le obsequió a su amada la canción Peregrina.

Carrillo Puerto
Alma y Felipe, 1923 (Foto: Archivo personal de Michael Schuessler).

Pero dejemos que la misma Alma Reed nos cuente:

“En febrero de 1923 acompañé a Felipe y su gran amigo, el poeta Luis Rosado Vega, al modesto hogar del compositor Ricardo Palmerín. El objeto de la visita era la coordinación de la letra Peregrina, escrita por Rosado Vega, con acompañamiento musical que Palmerín estaba trabajando.

Felipe mismo había dado nombre a la canción y, de hecho, había inspirado las ideas y hasta sugerido algunas de las palabras que el gran poeta yucateco iba diestramente entretejiendo en sus versos (…) Y mientras estábamos reunidos en el jardín, Palmerín anunció que creía haber encontrado finalmente el tema musical apropiado y con una sonrisa radiante se sentó al piano para interpretar la estructura esencial de la conmovedora canción que estoy orgullosa de haber inspirado. Felipe, quien era un apasionado de la música, que tocaba muy bien la flauta y que en su juventud había sido miembro de una orquesta profesional, quedó tan extasiado que corrió a abrazar a Palmerín.

(…) Desde las primeras notas llenaron la noche tropical con el latir de un sentimiento profundo y una delicada sensación de dolor inminente y sin nombre (…) En la dulce cadencia melancólica palpitaba el encanto misterioso de la tierra yucateca, y el orgullo congénito de Palmerín por la majestad y belleza de la antigua civilización de sus antepasados. En cierto modo, aquellos compases expresaban el anhelo de una raza; sugerían el dolor de que tanta grandeza hubiera desaparecido (…) Tengo conciencia de que en esta tierra conocí el Paraíso, en aquel encantado momento en que nació la canción Peregrina.

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Alma Reed siguió escribiendo y viajando. Entre sus grandes obras están The Mexican Muralist, una biografía de Orozco, y The Ancient Past of Mexicans. En 1950 regresó a la península y permaneció en México hasta su muerte, en 1966.

libro
Portada de “El remoto pasado de México” (Foto: www.todocoleccion.net).

Peregrina

(Ricardo Palmerín y Luis Rosado Vega)

Peregrina de ojos claros y divinos

y mejillas encendidas de arrebol,

mujercita de los labios purpurinos

y radiante cabellera como el sol.

Peregrina que dejaste tus lugares,

los abetos y la nieve, y la nieve virginal

y viniste a refugiarte en mis palmares

bajo el cielo de mi tierra,

de mi tierra tropical.

Las canoras avecillas

de mis prados,

por cantarte dan sus trinos

si te ven

y las flores de nectarios perfumados,

te acarician en los labios, en los labios y en la sien.

Cuando dejes mis palmeras

y mi tierra,

Peregrina del semblante

encantador:

No te olvides, no te olvides

de mi tierra,

no te olvides, no te olvides

de mi amor.

Las canoras avecillas

de mis prados

por cantarte dan sus trinos si

te ven

y las flores de nectarios

perfumados,

te acarician en los labios, en los

labios y en la sien.

Cuando dejes mis palmares

y mi tierra,

Peregrina de semblante

encantador:

No te olvides, no te olvides de

mi tierra,

no te olvides, no te olvides

de mi amor.

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16 respuestas a “Los dos amores de Carrillo Puerto”

  1. Me gusta mucho su estilo , es como comentaron anteriormente para sentarse a tomar un café , no conocía la canción y al escucharla , recordé a mi padre , el la ponía en su tocadiscos , por mero y se me salen las de cocodrilo
    Y qué bien que a la Srita, Reed las canoras avecillas de mis prados por cantarte sus trinos si te ven , por que en su tierra hace tanto frío que las avecillas canoras , en lugar de cantar estornudan ,
    Es un verdadero deleite leer su columna

    • Toda la razón, don Fabrixio. Pero sí, la idea era el chistorete negro sobre un cantante que divide mucho la opinión y que definitivamente no es de mi agrado. Ante todo le agradezco que me lea.
      Reciba un cordial saludo.

  2. Tenemos mexicanos ejemplares, trabajadores, ingeniosos, creativos y virtuosos, pero como una maldición, en lugar de impulsarlos, todo el tiempo les ponemos trabas, obstáculos y hasta la muerte, como en este caso. Gracias Gerardo

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