Nos enfrentamos a un tiempo inédito, político, social y económico de grandes retos y, sobre todo, de incertidumbre, con muchas promesas, pero pocas esperanzas.
Desde el confinamiento, la fría contabilidad de los decesos, el desempleo y la ralentización económica, el manejo político lanza su discurso de que todo va viento en popa.
El marketing, los pactos internos, el pago de favores y compromisos previos, con regularidad priman sobre la calidad y la moralidad.
Lo que no se prohíbe, según el derecho positivo, lo que específicamente no está restringido o abiertamente cancelado por la norma está permitido a la sociedad.
La ética, la moral, la virtud exigible al servicio público puede bien esperar para un tiempo mejor, pasadas las elecciones, por ejemplo.
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