“Ya se durmió Diómedes. Traigan una soga”. Al escuchar eso sentía el corazón en las costillas y un sudor frío.
El tío mantiene abiertos los párpados, pero su respiración sosegada indica que él también duerme. Por todas partes hay medicinas que la gente le regala y él toma al azar, cambiando las dosis conforme a su estado de ánimo.
En cuanto pudo caminar, Gabriel se subió al caballo. Desde ahí, observó el ir y venir de los vaqueros, el trajín en la cocina, los juegos de sus hermanos y las costuras de su madre. Todo lo vio desde lo alto de su asiento, en…
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