Los toreros de nuestro país estaban huérfanos de éxito en Madrid, y sin poder entonces reclamar sitio para ellos en la temporada española. En México vimos lo mismo en la temporada grande anterior; el público, en particular, apretó a los Adame por una razón que aún no acabo de comprender y les pasó la factura de la exigencia, francamente, a veces rayan en la intolerancia.
Hacía falta para los hermanos un éxito rotundo en su comparecencia en San Isidro, y esta vez por la pantalla nos dimos el gran gusto de verles dar cátedra, cada uno en su tarde, para demostrar que, como dice el refrán, también en San Juan hace aire, y se han impuesto en toda la línea, sin dejar de lado que algunos necios de los tendidos de Madrid protestaron con ignorancia pedante, la gran sapiencia de Joselito, ante un toro de Alcurrucén, en el que solo él tuvo fe, y así encontrar el punto del ruedo exacto y extraerle el fondo positivo del astado y cerrar con una valiente ejecución de la suerte suprema, para recibir merecida oreja.
El ganadero Eduardo Lozano, reconoció lo anterior y agregó: “Hacía años que en esta plaza un torero no le encontraba lo bueno a un toro tan manso.” Y ese gran elogio a la faena, del socio Eduardo con José Luis y Pablo, proviene de una de las ganaderías que más triunfos de Puerta Grande han propiciado en Madrid en los últimos años, por ello vale mucho, sus toros que, por lo general, en lo positivo, tienen una forma de embestir de menos a más, humillan mucho, colocan bien la cara, tienen transmisión, mucha codicia y, sobre todo, un gran recorrido, esta vez dependieron de saber sacar lo bueno a nuestro paisano, que para eso está, pero luego, muchos se estrellan en el intento, y él salió con brillantez a flote, ese fue su gran mérito.
De la misma manera, el elogio de Juan Pedro Domecq para Luis David, el 17 de mayo, de 2018 fue afirmar: “Tu compatriota era merecedor de dos orejas”, refiriéndose a la faena a Ombú, un precioso jabonero con prontitud, codicia y calidad, cuya embestida de altos vuelos fue aprovechada con temple y colocación, con capote y muleta, sin sufrir un mínimo enganchón en todo el trazo, un toro que, con Hechizo de la ganadería Fuente Ymbro, me parecen de los más completos lidiados en San Isidro.
Luego, con el sexto de Parladé, solamente la suerte suprema privó a Luis David de irse en hombros, fue un toro correoso, complicado y peligroso, en el que ha puesto su vocación de lograr mayores alturas y, en lugar de arredrarse ante las dificultades, se jugó la piel con valor y conocimiento, aderezadas por un caché con sentimiento de torero grande.
Con toreros como Ginés Marín y Roca Rey, por dar dos nombres, pudiera integrar tercias renovadas y con grandes posibilidades de respirar aire fresco y disputa feroz en el ruedo; Joselito, por su parte, mostró pasta para contender con las figuras más maduras allá en su gallinero, acá siempre lo hace.
Estamos contentos. Fue una semana muy buena para el toreo de México, si empezamos con la firme actuación de Sergio Flores con los toros de Baltasar Ibán, el domingo 13 de mayo taurino. Me parece que ese es el camino correcto de nuestros toreros , para enderezar la balanza, siempre tan a favor de los europeos en el planeta taurino, y equilibrar la competencia en cartelesde todos los sitios.
Pero me desvío, y cierro con un pensamiento de cariño, pues se nos adelantó en el paseíllo de la vida, el gran médico taurino de la Maestranza de Sevilla, Ramón Vila, al que tuve el gusto de conocer, y ahora lo recuerdo con una anécdota de su carácter: en sus inicios, su padre, que también fue médico, no se encontraba en la enfermería después de una grave cogida a Paquirri y el torero demandaba su presencia, siendo Ramón el responsable.

El doctor les dice a sus colaboradores: “Mi padre no va a venir y, como el matador no quiere que sea yo, retirémonos.” Y entonces, Paquirri apechugó, no había de otra, y luego muchas veces, cuando fue necesario, lo sacó adelante, convirtiéndose en amigos, además de su relación profesional. Se le va a extrañar, y mucho.
Regreso y cierro. Buena semana para México en el toreo, saboreamos las actuaciones de nuestros toreros, que representan con gallardía a nuestro país en tiempos de tensión política e incertidumbre. Bien por ellos.

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