En 1993, por primera vez se galardonó, con la Medalla al Mérito Ganadero, en el renglón de criadores de toros de lidia, en la Asamblea de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas, a José Julián Llaguno Ibargüengoitia, tío de Ana María Rivero Llaguno; su madre, del mismo nombre, fue hija de Don Julián Llaguno, hermano de Don Antonio; los dos últimos pilares de San Mateo. Y Don Julián, propietario de una de las vacadas más importantes en el mundo taurino, Torrecilla.
En 1956 falleció Don Julián. Y a José Antonio, Ana María y José Julián, sus hijos, les correspondieron tres lotes de vacas y sementales, así como parte de la propiedad, también, para cada uno; los animales en tres lotes fueron sorteados tal y como se acostumbra, antes de cada corrida, faltaba más.
Con su herencia, Ana María, casada con el inolvidable Valentín Rivero, iniciaron la ganadería de Valparaíso en Saín Alto, Zacatecas, y para dar una brizna de su prosapia, el 10 de mayo de 1959, enviaron el primer encierro a La México para Curro Ortega, Joselito Huerta y El Callao. Un toro de regalo de Joselito Huerta, de nombre Cantarito, fue indultado después de una gran faena del llamado León de Tetela y, sin meterme en más detalles, frecuentemente sale a la conversación, entre los aficionados de antaño, la gran faena de Manuel Capetillo a Tabachín en el mismo ruedo, el 17 de febrero de 1963.
Doña Ana María, ayudó con sus conocimientos a Valentín en la ganadería, y ese activo de experiencia se lo heredó a sus hijas. Victoria Eugenia y su esposo, Ignacio Pliego, conservan desde 1992 el nombre de Valparaíso, y a Ana María, quien merecidamente recibió el premio de manos del Presidente de México en la ciudad de Monterrey.
La última mencionada es la esposa de Ramiro Alatorre, y originalmente denominaron a su ganadería Malpaso, pero su nombre ahora es Pozo Hondo, en el rancho Santa Ana, ubicado en Sain Alto, Zacatecas, con la divisa verde y azul rey; su hijo, Rodrigo, desde niño integra parte del consorcio familiar ganadero; los tres son apasionados criadores de toros de lidia.
Ana María es una mujer de carácter recio y convicciones firmes. Una criadora de reses bravas por herencia de sus apellidos, y desde luego añade su integridad personal que transmite a su familia, con la divina locura del toreo en su código genético.
La primera presea de 1993 fue para su tío José Julián, y ella recibe la número 24, pues en 2004 y en 2011 no se entregó; un dato curioso, el nombramiento fue con voto unánime de los directivos de la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia.
Platicar con Ana María y los Ramiros es encontrarse con la pasión e intensidad de quienes aman el toreo con entrega a fondo.
A ella le toca ser la pionera de recibir este premio, y cuando lo aceptó, se refirió a sus antepasados fundadores de San Mateo y, desde luego, a su abuelo Julián de Torrecilla, que figuran en la historia, por su gran afición, como una de las familias pilares más importantes para la crianza de toros de lidia; a sus padres fundadores de Valparaíso, y a su esposo y a su hijo, éste último que significa la sucesión en una casa ganadera con gran pasión por la tauromaquia.
Que disfruten los tres del premio que recibió Ana María, por el reconocimiento de sus colegas y de quienes conocemos sus muchas cualidades, especialmente la de su amor por el campo bravo mexicano, sobradamente, se lo merecen.

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