Pensar números para muchos da escalofríos. La sociedad enseña a temerles. Son como esos alacranes ponzoñosos que si te pican te duermen: los números a casi todos apendejan.
Gobiernos municipales se han unido en busca del bienestar en sus comunidades que les permitan cubrir los servicios básicos y con ello elevar la calidad de vida.
Este excesivo afán de atención y admiración confiere un rictus actual a la bíblica admonición “vanidad de vanidades, todo es vanidad”.
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