Nihil est in intellectu quod non prius
fuit in sensu,
Nisi intellectu ipse.
A. André Moles.
Nada hay en el intelecto que no haya primero pasado por los sentidos, ni siquiera el intelecto mismo.
¿Qué amuebla el cerebro, el intelecto de Paco Ignacín, de Taibo II?, miembro de una de las familias más queridas que se hayan jamás cruzado en mi camino. Es una pregunta que busco legitimar y que debe hacerse la opinión pública antes de caer en el juicio fácil de quienes aprovechan la desafortunada circunstancia en la FIL de Guadalajara, para denostarlo y reducirlo a un bárbaro soez, a un “pelado”.
Paco Taibo, en un personaje de cultura, mexicano, desde luego, y bien forjado en sus letras y paisajes, español de nacimiento y con apegos, europeo muy poco, asturiano legítimo, latinoamericano menos aún.
Paco se ha desarrollado siempre entre palabras que se miran con sospecha primero y que terminan entregándose en confianza, el castellano que atiende al acento mexicano con curiosidad y cariño, y el mexicano que recoge al peninsular con reticencia y a veces temor al timo.
Ése es el péndulo que abre el espacio narrativo de Paco; el de su mundo andariego y el de la casa, su casa, donde no quiso nunca rivalizar con el protagonismo de sus padres acogedores de buena parte de la cultura española en su peregrinación indiana, Ibañez, Pradera, Serrat, Vidal-Beneyto, Sabina, los Lombardero, Buñuel, algunos etarras perdidos, y decenas de otros escritores, pintores, cantautores, intelectuales, políticos…

La casa Taibo en Culiacán, en sus dos numerales, fue un lugar siempre abierto a los amigos, con un plato caliente, vino, buenos libros y una conversa que jamás concluía. Muchos acudíamos a la casa de Mari y Paco I (en ese orden), a sabiendas que comeríamos bien, que beberíamos un poco, que nos daríamos a la conversación, que Paco nos abandonaría para su siesta y que eso significa una suerte de hasta la vista amigos.
Con ese código vivimos quienes nos formamos a su zaga. Tengo mucho que agradecerle y tuve ocasión de decírselo, cuando en sus últimos meses con nosotros salimos para comer con Mari. Viví allí un Taibo que ya sólo sentía la realidad, pero sin aprehenderla por completo.
Le tomé la mano varias veces para decirle en la piuel que lo quería, para acariciar a un amigo, para darle las gracias por enseñarme el camino de la libertad, de algunas letras y los placeres de la estética en todas sus formas.
Paco y Mari me llevaron a Estrasburgo, en Francia, para continuar mis estudios de doctorado con la beca que él me ayudó a obtener de Televisa, donde trabajé bajo su dirección redactando los noticieros.
Pero Paquín estaba a menudo ausente, su libertad era grande y la practicaba, su trabajo lo requería, su vida de pareja, su hija adorada, los amigos, sus viajes, su formación, sus lecturas, sus primeros escritos, sus fracasos y éxitos personales.
Benito y Carlos le admiraron siempre y le quieren mucho, es el hermano mayor de esa casa de hombres que fue siempre un matriarcado en el orden, en la disciplina y en la cocina.
Le vimos muchas veces, sin embargo, recogiendo un libro, soltando una frase, compartiendo un vino, corriendo entre casas vecinas.
Le admiraban sus padres, sus hermanos le respetaban y se alegraban siempre con su presencia. Paco Ignacín reinaba in absentia y en muchas conversaciones se evocaba su trabajo, sus actividades mundanas, sus travesuras culteranas.

La biblioteca de su casa paterna debió serle un referente. Allí reinaba el libro, la máquina de escribir, el papel abundante, el pre-texto y el contexto. Taibo II no podía sino ser escritor. Carlos y Benito tardaron un tiempo en desinhibirse para serlo ellos mismos y superar al hermano en algunos aspectos. Carlos tiene un carácter fuerte, mientras que Benito un carisma extraordinario y una fluidez verbal envidiable. Para ambos, la experiencia del trabajo y las redes ayudaron mucho a sus desenvolvimientos.
Pero, bueno, hasta aquí las referencias familiares. Mis años en Europa, muchos, 20 entre ires y venires, me alejaron un poco de esa familia, sólo un poco porque de cuando en vez pasaba a saludar a Mari, a Benito, y Carlos trabajó un tiempo conmigo.
Para Paco II facilité la compra de sus manuscritos detectivescos que todavía deben estar en el acervo de obras sobre las que Televisa tiene derechos. Para mis ejercicios de reflexión nacional con jóvenes, siempre lo invité y muchas veces entrevistamos. Nos conocíamos poco, pero sabíamos mucho el uno del otro y no podíamos evitar ser afectuosos entre ambos.
Pude verle hace una semana en la presentación de la constitución moral y lo felicité sincero. Pero vamos, sus exabruptos que son muchos, no hacen sino constatar que su “mexicano” es un uso y no la norma en su hablar. Lo imita bien y hasta la juega de local, pero su idioma es un castellano más neutro, ni peninsular ni indiano, y es esa ausencia de tropismos que lo califica positivamente para el cargo que el nuevo gobierno le ha ofrecido. Su acento es una búsqueda constante del referente para aplicarlo a modo y tono.
Por eso, se pasa a veces, con sus excesos de vida, poco atenta a la salud, a la física y a la mental. Es un intelectual puro y a veces en bruto. Su nombramiento al frente del FCE debe tenerlo emocionado, exaltado y eso acentúa su posición transgresora que viene cultivando a lo largo de ésta y otras campañas, porque Paco es amigo de larga data del presidente de la República.

Su trayectoria intelectual pura, su compromiso con el análisis histórico, su posicionamiento entre dos continentes que alberga su percepción y narrativa, su lucha social, abren camino, justifican y validan su nombramiento.
Paco no cayó en una trampa, se resbaló en el uso del lenguaje, se precipitó sin reflexión, sin ponderar las ideas, se desubicó, se desconoció como personaje; creo sinceramente que esta lección enorme habrá de hacerle bien en toda circunstancia ex post.
Paco debe resolverse, si funcionario se quiere; en sus mejores formas, porque las tiene. La política es la expresión mejor del servicio público y debe asumirlo si lo desea realmente. Calmar sus ánimos exacerbados y sus modos descuidados.
No, no debemos pedirle que abandone sus convicciones, sino que las sublime para expresarlas con doxa y pertinencia, para servir mejor, para entregarse a una función que, con la lección recibida, estoy seguro, sabrá dignificar.
Paco Ignacio Taibo II, puede ser legítimamente un miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Real si se asumiera en ciudadano español. Quizá Paco habrá recibido con ésta una enseñanza capital en su vida, ésa que Paco I, padre libérrimo, no le supo dar en su momento. Ojalá y el Senado reaccione positivamente y la sociedad sepa reír sin conceder razón de un resbalón que puede resultar sano y formativo. La lección será una si se asume. La verdadera reforma educativa comenzará así, siendo del Fondo.
Deja un comentario
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.