Actor, compositor, cantante, escritor, poeta y loco enamorado de uno de los oficios más difíciles del mundo, hacer reír a la gente.
Somos como luciérnagas, andamos volando en lo oscuro y de vez en cuando prendemos nuestra luz interior.
Por su singular historia, en ningún lugar del mundo como en México se maltrata tanto a la muerte, se le ponen tantos apodos, se le invoca, pero también, y hoy más que nunca, se le teme, y se le rinde culto.
Él fue quien nos enseñó a divertirnos saltando olas. A cada uno de sus seis hijos nos meció en las crestas cuando éramos bebés.
Pensar números para muchos da escalofríos. La sociedad enseña a temerles. Son como esos alacranes ponzoñosos que si te pican te duermen: los números a casi todos apendejan.
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