La decadencia del arte estrena, en su ya pretencioso e ininteligible vocabulario, un nuevo fonema: Bananalidad.
Nuestra finitud, la fragilidad de nuestra condición radica en que no sabemos qué hacemos o por qué estamos aquí, y con la misma arbitrariedad podríamos desaparecer.
Se robaron la risa. En tiempos aciagos, en momentos paranoicos y delirantes, de sanitización y desinfección. Sucedió, misteriosamente. Se robaron la risa.
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