Cuarenta años defendiendo el derecho a una muerte digna
Asunción Álvarez

Por un mejor final

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A través de las asociaciones, las personas conocen su derecho a recibir una información clara sobre su situación cuando están recibiendo atención médica (o la de su familiar, en caso de que el…

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CATEGORÍA: Opinión | Por un mejor final | Salud y bienestar


DMD (Derecho a Morir Dignamente) Colombia

En mi pasada columna hablé sobre las asociaciones que hay en el mundo para defender el derecho a morir con dignidad; de cómo surgieron y de sus principales objetivos, los cuales se pueden resumir en ayudar a sus miembros a tener herramientas y a sentirse acompañados para vivir el final de vida de la mejor manera posible. A través de las asociaciones, las personas conocen su derecho a recibir una información clara sobre su situación cuando están recibiendo atención médica (o la de su familiar, en caso de que el enfermo esté incapacitado para tomar decisiones), aprenden que pueden rechazar tratamientos si consideran que estos sólo alargarían su vida sin beneficiarlos y entienden el papel de los cuidados paliativos que se les deben ofrecer. De esta forma, las personas que han buscado ayuda en estas asociaciones adquieren los elementos para tener una muerte digna, entendida ésta como el mejor final de vida posible (el momento de morir, pero también la etapa de vida que precede este momento), tomando en cuenta los valores de la persona que está acercándose a su final. Para esto, para respetar sus valores, sirve contar con un documento de voluntad anticipada en el que la persona enferma haya podido expresar, cuando era competente, qué querría o no querría respecto a sus tratamientos, en caso de llegar a encontrarse en un futuro sin capacidad para decidir.

Por la importancia de estos documentos, una de las principales funciones de las asociaciones es apoyar a sus miembros a hacerlos y llevar un registro de ellos. Todos los elementos mencionados hasta aquí: recibir información completa, rechazar tratamientos (aun si como consecuencia muere el paciente), los cuidados paliativos y la voluntad anticipada, son derechos legalmente reconocidos en muchos países, incluido México. Por eso, la ayuda que dan la mayoría de las asociaciones que defienden la dignidad al final de la vida se basa en ellos. Son pocos los lugares en que los pacientes cuentan, además, con la opción de decidir cuándo y cómo morir (porque los recursos anteriores no fueron suficientes para evitar el sufrimiento o la indignidad) y recibir la ayuda médica para tener una muerte segura y sin dolor (esto es, la muerte médicamente asistida, sea por eutanasia o por suicidio asistido). En esos lugares, las asociaciones pueden extender su ayuda y acompañar a sus asociados en el complejo proceso que va desde decidir pedir ayuda para adelantar la muerte hasta el momento de morir e incluso más, como sucede si se da un seguimiento para apoyar a los familiares en su duelo.

Derecho a una muerte digna.
Fotografía: https://www.dmd.org.co.

El pasado 18 de septiembre la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente de Colombia (DMD Colombia)[1] conmemoró sus 40 años de existencia y tuve el honor de participar en dicha celebración. Actualmente, los únicos países latinoamericanos que cuentan con este tipo de asociaciones son México y Colombia, y si bien ambas coinciden en su perspectiva de acción, hay que reconocer dos importantes diferencias entre ellas: la primera, que la asociación colombiana tiene una trayectoria de muchos más años, a lo largo de la cual ha desarrollado una serie de programas y actividades permanentes (que aún no tenemos en México), con las que responden a diferentes necesidades de sus miembros. La segunda diferencia es que en Colombia la eutanasia es una opción legal, lo cual permite al personal de DMD Colombia brindar un apoyo abierto a los miembros que consultan a la asociación para saber cómo solicitar la eutanasia a su médico y qué esperar en todo el proceso. Ya quisiéramos tener la opción de la eutanasia en nuestro país, pero por ahora estamos en la etapa de defender esa opción para México, y en esta labor ha sido importante poder referirnos a la situación de Colombia para mostrar que no estamos buscando una acción que interese exclusivamente a sociedades muy diferentes a la nuestra (la de Holanda o Bélgica, por ejemplo), sino que se ha decidido permitirla en un país cercano, latinoamericano, con el que compartimos muchas características culturales.

Desde México, y seguramente desde otros países latinoamericanos, y no sólo latinoamericanos, vemos con mucha admiración el papel tan avanzado que ha tenido DMD Colombia. Se creó antes de la asociación equivalente ADMD de Francia (en 1980), Exit de Suiza (en 1982) o DMD España (en 1984), por mencionar algunas asociaciones importantes. Su fundadora, Beatriz Kopp de Gómez, se vio personalmente confrontada con la fragilidad de la vida y conmovida por la trágica muerte de una joven familiar, lo que la sensibilizó y comprometió para hacer realidad el derecho de los colombianos a tener el control de su muerte, como antes había defendido en su país el derecho de las mujeres a tener el control de su vida sexual. Con la determinación que la caracterizaba, Kopp de Gómez desafió obstáculos y estableció estrategias que le permitieron hacer realidad lo que se propuso. En 1979 fundó, con trece personas más, entre las que había médicos y abogados, la que entonces se llamó Fundación Solidaridad Humanitaria que participó en el segundo encuentro de la recién creada World Federation of Right to Die Societies en Oxford, Inglaterra. De manera que DMD Colombia (que en 1983 cambiaría su nombre al actual) estuvo entre los miembros fundadores de la federación mundial.

Beatriz Kopp.
Beatriz Kopp de Gómez, fundadora de DMD Colombia.

Uno de los primeros objetivos que se planteó Kopp de Gómez fue llevar a Colombia el documento Living Will (el antecedente de la voluntad anticipada), un instrumento recién legalizado en Estados Unidos, aún desconocido en muchos países, pero en el que ella supo ver el gran beneficio que representaría para los colombianos. Por otra parte, la fundadora de DMD Colombia supo acompañarse de grupos que podían dar un apoyo importante a la causa como eran los periodistas, los sacerdotes y los médicos y que en la actualidad siguen siendo importantes colaboradores. Un ejemplo de su visión estratégica fue organizar, junto con la Academia Nacional de Medicina, actividades dirigidas a influir en los médicos para que entendieran mejor su papel en el final de la vida de sus pacientes.

La Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente ha representado un lugar al que los colombianos pueden recurrir cuando atraviesan situaciones que los confrontan con la muerte para aprender a transitar por ellas de la mejor manera o para prepararse a las que puedan enfrentar en el futuro, incluyendo la experiencia de acercarse a su propio final. El trabajo de DMD Colombia incluye facilitar esto que tanto nos cuesta a todos: aprender a hablar de la muerte, de lo que queremos elegir ante ella, de cómo no estaríamos dispuestos a vivir, de lo que esperamos de los demás, de lo que queremos que hagan con nuestro cuerpo, por mencionar algunos de esos temas que parece que no tienen cabida en las conversaciones. Y son muchas las actividades que la asociación mantiene para ayudar a las personas a apropiarse con dignidad del final de su vida: conferencias, cine-foros, el Café de la Vida, por mencionar algunas. Todas ellas espléndidamente coordinadas por Carmenza Ochoa, directora ejecutiva de DMD Colombia desde 2003, y quien también personalmente se encarga de promover y dar conferencias, charlas y talleres a la comunidad; de establecer redes de apoyo; organizar los eventos de la fundación para los miembros y para grupos de  profesionales; de participar en entrevistas con los medios; de asistir a estudiantes y académicos que les consultan; y, sobre todo, de escuchar y orientar a las personas que recurren a DMD Colombia en busca de ayuda. Ahora que pude ver directamente su trabajo, puedo decir que es admirable su compromiso y su capacidad para realizar con gran sensibilidad y eficiencia tantas tareas.

DMD Colombia.
Izquierda a derecha: Carmenza Ochoa, Directora Ejecutiva de DMD Colombia, Asunción Álvarez de DMD México, y la Dra. Ana Isabél Gómez Córdoba, presidenta de DMD Colombia.

Si bien mi conocimiento sobre Beatriz Kopp de Gómez se ha basado en lo que he leído y he escuchado de ella, sí tuve el privilegio de conocer personalmente a Juan Mendoza Vega, quien contribuyó de manera notable a la causa de DMD Colombia y desempeñó también un importante papel a nivel internacional. Fue miembro de la Federación Mundial de 2002 a 2010, fungiendo los dos últimos años como su Presidente. Al retirarse del consejo, Mendoza Vega continuó estando fácilmente disponible para compartir su experiencia en el movimiento, hasta su fallecimiento en 2017. Lamentablemente, el congreso bianual que había planeado para realizar en Colombia en 2012, no se pudo hacer debido a la situación política del país que comprometía la seguridad de los participantes. Según palabras de Rob Jonquiére, director ejecutivo de la Federación Mundial, Juan Mendoza fue un presidente amable, amigable y humano con quien fue muy agradable trabajar y será recordado como uno de los humanistas médicos más destacados de Colombia y un verdadero activista en la defensa del derecho a morir con dignidad.

Juan Mendoza Vega.
Juan Mendoza Vega, neurocirujano, humanista y profesor colombiano.

Es muy interesante conocer las condiciones que llevaron a la despenalización de la eutanasia en Colombia. Esto sucedió gracias a una afortunada coincidencia en la que participó el juez Carlos Gaviria Díaz al analizar la demanda de un ciudadano que pedía que el homicidio por piedad tuviera una pena mayor a la establecida (prisión de seis meses a tres años), pues ésta era mucho menor a la de otros homicidios, lo que le parecía un permiso para matar y una falta del Estado de proteger la vida de los ciudadanos. En su análisis del caso, el juez Gaviria Díaz tuvo una enorme visión humanitaria y, apoyándose en la recién redactada Constitución Política de 1991, en la que se incluyó una carta de derechos fundamentales vinculados a la dignidad humana, declaró que no debía considerarse delito ayudar a una persona a morir cuando no existe otra forma de beneficiarla y ella desea ejercer su libertad para poner fin a su vida. Así, mediante la Sentencia C-239 la eutanasia fue despenalizada por la Corte Constitucional de Colombia al eximir a los médicos de cualquier pena en caso de realizar un homicidio por piedad, siempre y cuando se cumplieran ciertos requisitos:

1) que el sujeto del procedimiento fuera un enfermo terminal;
2) que estuviera bajo intenso sufrimiento;
3) que hubiera solicitado, de manera libre y en uso pleno de sus facultades mentales, la realización del procedimiento; y,
4) que dicho procedimiento lo realizara un médico.

Juan Carlos Gaviria Díaz.
Juan Carlos Gaviria Díaz, abogado y político colombiano.

¡Eso sucedía en 1997! Nuevamente, sucedía en Colombia un logro totalmente de avance para el movimiento de la muerte digna, no sólo en relación al resto de América Latina, en donde no ha habido otro país que permita la muerte asistida, sino en relación al resto del mundo, pues sólo el estado de Oregon, en Estados Unidos, y el Territorio Norte de Australia, consiguieron ese mismo año logros equivalentes (que no durarían más de seis meses en Australia). Hay que reconocer, desde luego, que en Holanda se venían dando importantes avances en el debate que inició a finales de los 70 y llevaría a la legalización de la muerte médicamente asistida en 2002. A lo largo de esos años, se fueron estableciendo lineamientos que brindaban confianza a los médicos para saber que, apegándose a ellos, podrían aplicar una eutanasia sin enfrentar consecuencias penales, aun cuando esta acción siguiera considerándose delito por la ley.

Desde que se despenalizó la eutanasia en Colombia en 1997, faltaba mucho camino por recorrer hasta lograr la regulación de la eutanasia en 2015. Ésta fue establecida por el Ministerio de Salud a falta del cumplimiento del Congreso al encargo que recibió de la Corte Constitucional, mediante la Sentencia C-239, de asentar dicha regulación. Actualmente, hay una iniciativa de ley en la Cámara de Representantes con la que podría lograrse, finalmente, que el Congreso reglamente el derecho a morir dignamente. Con esta iniciativa se busca, además, ampliar las causales para permitir la eutanasia de manera que se pueda ayudar a morir a personas que, sin estar muy cerca de su muerte, desean ejercer su libertad para poner fin a su vida sin tener que esperar, mientras sufren, a estar más cerca de morir.

Eutanasia.
Ilustración: Vice.

Vale la pena comentar que ya es de admirar que en Colombia sea posible ahora aplicar la eutanasia en menores, porque se les reconoce el derecho a decidir el final de su vida para poner fin al sufrimiento que les impone una enfermedad incurable. Es una admirable medida de justicia que considera que sería discriminatorio privar de esta ayuda a personas sólo por una cuestión de edad. Por supuesto que uno de los criterios que debe vigilarse con extremo cuidado es que, en cada caso, el menor tenga la capacidad para tomar una decisión de tal trascendencia.

En México tenemos mucho que aprender de la experiencia de este país latinoamericano que ha logrado avances tan significativos en la causa de la muerte digna. Señalo tan sólo dos puntos: 1) En Colombia se revisó el documento de voluntad anticipada y se corrigió que fuera un requisito indispensable que se firmara ante notario (como es requisito ahora en México, de acuerdo a la ley), pues se consideró que representaba un obstáculo por el que mucha gente no preparaba su documento; 2) evaluar, en relación con la eutanasia, cómo ha funcionado el criterio que establece que un comité debe autorizar su aplicación. En las iniciativas que ha habido en México para aprobar esta acción (que no han pasado) siempre se ha planteado el mismo requisito (parece ser un rasgo latinoamericano, pues en ninguno de los países en que se permite alguna forma de muerte asistida existe este criterio); sin embargo, cabe cuestionarse si corresponde dar tal autorización a un comité que no tiene relación directa con la persona que solicita ayuda para morir.

Para concluir, sólo me queda felicitar a DMD Colombia por estos 40 años tan fructíferos y desearles que sigan defendiendo con el mismo compromiso el derecho de todos los colombianos a morir dignamente.

Notas:
[1] https://www.dmd.org.co/
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Nydia Egremy

Como siempre, la información de la doctora Asunción Álvarez despierta de inmediato la necesidad de difundirla. ¡Enhorabuena por mantener este esfuerzo y por tejer redes internacionales!

Asunción Álvarez

Muchas gracias Nydia

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