Los riesgos de la “pureza moral” que pregona AMLO
Alejandro Ramos Magaña
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Andrés Manuel López Obrador aprovechó su mañanera para volver a atacar a la clase media mexicana, sobre todo a la de la colonia Del Valle, en la Ciudad de México.

FOTO: Cuartoscuro.
FOTO: Cuartoscuro.

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La “pureza moral” que tanto pregona el presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo polariza a la sociedad mexicana, sino que acrecienta la confrontación social que tarde o temprano desembocará en actos violentos.

Sus manidos planteamientos regresaron al púlpito de sus mañaneras, y este lunes arremetió contra los habitantes de la colonia Del Valle, de la alcaldía Benito Juárez en la Ciudad de México, por predominar un “pensamiento conservador”, de “clase media y aspiracionista”, mucho mayor que en las Lomas de Chapultepec.

“Esto de que se tiene como doctrina la hipocresía es bastante extendido en sectores de la población, no necesariamente los más ricos, también en sectores de clase media, aspiracionistas. Hay más pensamiento conservador en la colonia Del Valle que en ‘Las Lomas’”, expresó López Obrador.

Para el presidente sólo el pensamiento y las ideas de la 4T son las más “puras”, las que llevan a la “transformación”. Cosa más falsa, pues en las filas de Morena, entre políticos y funcionarios de su gabinete y de otros gobiernos que llevan la bandera de la “pureza moral”,  la hipocresía, el aspiracionismo, las traiciones, la corrupción y la impunidad están tan vigentes como en otras administraciones.

López Obrador incurre en la falsedad de que sólo la izquierda es pura, honesta, democrática y anticorrupta, y la derecha todo lo contrario.  

Esa forma maniquea de ver los escenarios sociales nos recuerdan a un Pol Pot, el dictador comunista que cometió uno de los peores genocidios en Camboya, bajo la bandera de la “pureza moral” aniquiló a los intelectuales, a la gente que vivía en zonas urbanas, a los “aspiracionistas”, a los que supieran leer y escribir, a los que hablaban inglés, y hasta campesinos que no pensaban como él. Lo mismo hizo Mao Zedong, en su llamada Revolución Cultural. Y qué decir del dictador Iósif Stalin, que amasó gran poder y exterminó a todo opositor al régimen totalitario. Y de los Castro Ruz, en Cuba, la dictadura de izquierda más vieja del continente americano, y quienes atacaron a las clases medias, a los “burgueses”, a campesinos, burócratas, militares, homosexuales e intelectuales que no comulgaban con su doctrina de la “pureza moral comunista”, pero crearon una élite tan corrupta como la de cualquier régimen de derecha. Y ahí están también los Chávez-Maduro, en Venezuela, y el aprendiz de dictador Daniel Ortega, en Nicaragua.

Según López Obrador, las tendencias conservadoras están ligadas con el individualismo, clasismo y racismo. ¿Y su tendencia de izquierda no lo está?

La única forma de “democracia” que pregona el presidente es la del esquema de la 4T. Y sus mandamientos son más totalitarios que de cambio: “no mentir, no robar, no traicionar”.

“Lo que anhelamos, es la purificación de la vida pública de México”, dijo cuando asumió el poder en 2018. “A nadie le estará permitido violar la Constitución o las leyes”, y él con el poder absoluto ha sido el primero en violar sistemáticamente la Carta Magna.

En México nada ha cambiado ni tampoco la corrupción y la impunidad. Sólo aflora una nueva élite en el poder político y económico que puede ser tan dañina y destructora como las que se crearon en el pasado, o tal vez más.

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